Aunque razona en su espacio ‘A gran escala’ en Subsack que los efectos inmediatos no son completamente predecibles, Javier Padilla ha advertido sobre la “evidente” posibilidad de que se produzca una escalada de precios en los países donde ahora mismo es inferior a Estados Unidos, de modo que la cláusula de la nación más favorecida quede apenas sin efecto. Es, de hecho, y según admite el propio gobierno estadounidense en un comunicado, “la consecuencia buscada”.
La idea se basa en el siguiente párrafo: “Los estadounidenses no deberían ser obligados a subvencionar medicamentos de prescripción y terapias biológicas de bajo coste en otros países desarrollados, ni hacer frente a cargos excesivos por los mismos productos cuando se adquieren en EEUU”.
No obstante, matiza que los cálculos realizados sobre este fenómeno hasta el momento pueden no ajustarse a la realidad.
Por otra parte, advierte que “el alza de precios puede tener repercusiones en el acceso a medicamentos, especialmente a medicamentos innovadores”.
Cita el Informe WAIT para referirse a un contexto en el que la tendencia generalizada en Europa es “retraerse” en la incorporación de medicamentos innovadores en las carteras de productos financiados, aclarando que en España la dinámica es inversa: “acelerar tiempos de decisión e incrementar el porcentaje de medicamentos financiados, estando en una tendencia distinta a otros países de nuestro entorno”.
Sobre la transparencia, prevé un deterioro debido a la posibilidad de que los países que se usarían como referencia “puedan generar un sistema de precios con varias capas en el cual el precio público (y publicado) no sea real, sino que luego se vea sometido a un sinfín de descuentos que equilibre la disponibilidad a pagar del país en cuestión con la necesidad de aparentar otra cosa de cara a la escena internacional”.
Es algo que considera totalmente indeseable.
Es esperable -continúa- que veamos avances en contramedidas por parte de los países europeos encaminados a agilizar tiempos de evaluación y establecer elementos que prioricen la incorporación y financiación de medicamentos (por ejemplo, el rol de la autonomía estratégica o los criterios medioambientales como vía de obtener mejores posiciones a este respecto).
Los próximos meses serán intensos a la hora de pensar todo esto con mirada larga y tratando de aprovechar las ventajas estructurales y tratando de evitar los déficit del sistema.
Gobernar por las bravas, beneficiar a unos pocos
El secretario se refiere a la política de Trump como un ‘bully-state-of-mind’ (un estado con mentalidad de acosador), y recuerda que el país que gobierna el republicano “es un estado fallido en términos de garantizar el acceso a medicamentos (no solo innovadores, sino muy especialmente a medicamentos de largo uso y alta necesidad como puede ser la insulina) para una parte importante de su población”.
La ausencia de un sistema sanitario con capacidad para generar economías de escala, debido a su altísima fragmentación, conjuntamente con un complejo sistema de relaciones entre proveedores y aseguradoras, así como el débil papel del gobierno en la intervención/regulación de los precios de los medicamentos, ha hecho que no solo haya problemas de acceso ligados a la exclusión sanitaria, sino también al elevado precio de los mismos.
El elevado precio y la existencia de un sistema de varias velocidades ha hecho que los medicamentos innovadores lleguen pronto y a un precio desorbitado para una parte muy reducida de la población, mientras que no lleguen (ni pronto ni tarde, nunca) para otra parte especialmente vulnerable, clínica y socialmente, añade.


Lilisbeth Perestelo: