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Hernández: “No estaría mal ser el director general que quitó el cupón precinto”

La desaparición del cupón precinto gana impulso, pero Administración, SEVeM y colegios coinciden en que la transición debe hacerse con cautela, convivencia entre sistemas y garantías suficientes antes de abandonar el soporte físico.

La desaparición del cupón precinto de los medicamentos parece haber dejado de ser una cuestión de si ocurrirá para convertirse en una cuestión de cuándo y, sobre todo, de cómo hacerlo. Administración, Sistema Español de Verificación de Medicamentos (SEVeM) y colegios farmacéuticos coincidieron en que el identificador único permite avanzar hacia un modelo completamente digital, pero también en que el tránsito debe realizarse con cautela, manteniendo durante el tiempo necesario la convivencia entre ambos sistemas y sin renunciar a las garantías jurídicas, económicas y operativas que ofrece actualmente el cupón físico.

El director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia, César Hernández, expresó su intención y objetivos durante la mesa celebrada en el 24 Congreso Nacional Farmacéutico. “No estaría mal ser el director general cuando se quite el cupón precinto”, afirmó, aunque inmediatamente rebajó cualquier expectativa de una eliminación acelerada al señalar que el proceso “llevará el tiempo que lleve”. La reforma normativa abre la puerta al cambio, pero la implantación dependerá ahora de que comunidades autónomas, colegios y resto de agentes cierren un modelo que pueda funcionar con las mismas garantías que el actual.

Hernández considera que el identificador único incorporado a los envases ha dejado obsoleto conceptualmente un procedimiento basado todavía en recortar y gestionar físicamente un justificante. A su juicio, disponer de información individualizada de cada envase abre posibilidades que van mucho más allá de la facturación y alcanzan la gestión de problemas de suministro, la farmacovigilancia, la seguridad o la propia información al paciente.

El director general anticipó además un proceso de implantación progresivo, en el que las primeras experiencias autonómicas podrían actuar como tractor para las siguientes. Explicó que varias comunidades ya han mostrado interés y estimó que, cuando dos o tres hayan completado el circuito, el proceso podría extenderse con rapidez. “Creo que todo el mundo va a ver oportunidades a la hora de quitarlo y de trabajar con otra dinámica”, señaló antes de calificar el cambio como “imparable”.

Avanzar, pero sin precipitar la retirada

La velocidad del cambio fue precisamente uno de los puntos en los que apareció un consenso más claro. Nadie cuestionó el objetivo final, pero prácticamente todos los participantes reclamaron una transición progresiva que permita comprobar el funcionamiento del nuevo sistema antes de abandonar definitivamente el cupón.

La directora general de SEVeM, María Ángeles Figuerola, sostuvo que la infraestructura tecnológica de partida ya existe. Desde 2019, las farmacias trabajan con el Data Matrix y el sistema permite asociar cada envase a un identificador único. El siguiente paso consiste en aprovechar esa información para conectarla con los procedimientos de facturación. “Cuanto antes”, señaló respecto a los plazos, pero añadió inmediatamente “sin correr”, porque no existe una fecha final predeterminada y el objetivo debe ser disponer de un sistema estable antes de abandonar el anterior.

Participantes en la mesa sobre el fin del cupón precinto.

Esa posibilidad de convivencia entre los dos modelos fue considerada una ventaja por prácticamente todos los participantes. Figuerola defendió utilizar ese periodo para comprobar que cada uno de los agentes se siente seguro antes de pasar a un sistema único. También descartó que el incremento del volumen de operaciones deba suponer un problema de capacidad para SEVeM, cuya infraestructura está evolucionando hacia un modelo capaz de crecer de forma mucho más ágil.

Desde los colegios, Juan José Hernández Rincón resumió la posición con claridad. “La dirección es hacia la desaparición del cupón precinto”, afirmó, pero añadió que el objetivo no debe ser “correr mucho y hacerlo muy rápido”. La retirada definitiva, sostuvo, deberá producirse cuando el nuevo sistema pueda ofrecer, como mínimo, las mismas garantías que proporciona actualmente el soporte físico.

Sara Catrain utilizó una fórmula similar. Hay que avanzar “con prisa pero sin pausa”, pero estableciendo un periodo real de convivencia entre ambos procedimientos para probarlos, detectar errores y resolver aquellos problemas que todavía no pueden anticiparse. Entre ellos citó caídas de los sistemas, fallos de comunicación y otras contingencias que no pueden terminar interfiriendo en la dispensación.

Interoperabilidad, contingencias y capacidad de auditoría

El debate dejó claro además que sustituir el cupón precinto no consiste únicamente en cambiar un justificante físico por otro digital. Hernández Rincón estructuró los requisitos del nuevo modelo alrededor de seis conceptos, seguridad jurídica, garantía económica, contingencia, interoperabilidad, capacidad de auditoría y gobernanza compartida.

Un fallo tecnológico, señaló, no puede impedir al paciente acceder a la prestación ni poner en riesgo el cobro de la farmacia. Además, el sistema tendrá que permitir reconstruir una operación cuando aparezcan discrepancias o rechazos, evitando convertir la nueva facturación digital en una “caja negra”. Los colegios, añadió, deben participar en su diseño porque conocen de primera mano la realidad de las oficinas de farmacia, incluidas las rurales y los botiquines.

Manuel Martínez del Peral puso el acento en la complejidad de esa interoperabilidad. El nuevo circuito deberá conectar programas de gestión de las farmacias, sistemas colegiales, SEVeM y plataformas de las administraciones autonómicas, además de dimensionar adecuadamente los flujos de información que se generarán cuando llegue el momento de cotejar las facturas.

Para el presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, “la digitalización será un éxito si se simplifica el sistema sin perder garantías”. Y para conseguirlo reclamó que los colegios formen parte de esa “última milla”, precisamente porque son quienes terminan gestionando las incidencias cotidianas. Como ejemplo señaló que el Colegio de Madrid recibe cerca de mil llamadas diarias relacionadas con distintos problemas operativos y recordó que se ha creado incluso la figura del dinamizador para ayudar a las farmacias con menos capacidad para adaptarse a nuevos programas y procedimientos.

Catrain defendió igualmente ese papel de intermediación. Los colegios, afirmó, son “el punto de conexión entre la Administración y todas las oficinas de farmacia” y su función no puede quedar reducida al proceso de facturación. También tendrán que intervenir en la conciliación de incidencias y ofrecer respuestas rápidas y jurídicamente consistentes cuando aparezcan problemas. En este sentido, reclamó diferenciar con claridad dispensación, acreditación electrónica y facturación.

Más que dejar de cortar cupones

Los participantes coincidieron también en que el verdadero beneficio de la transformación no debería medirse únicamente por el tiempo que se ahorre al dejar de cortar y gestionar físicamente los cupones.

Hernández advirtió incluso frente al riesgo de convertir la tecnología en un fin. La digitalización debe proporcionar mayor control y simplificación, pero sin generar nuevas cargas o una dependencia excesiva de los sistemas informáticos. El tiempo que se libere, señaló, debería poder dedicarse a la atención del paciente.

El director general apuntó además a aplicaciones concretas del identificador único que el Ministerio quiere desarrollar. Entre ellas situó la gestión de los medicamentos sometidos a doble precio o la posibilidad de evitar presentaciones diferentes para un mismo medicamento dependiendo de si se dispensa con financiación pública o fuera de ella. A partir de ahí, considera que aparecerán nuevas oportunidades ligadas a la trazabilidad individual de cada envase.

Figuerola incidió igualmente en el potencial de esa información para automatizar procesos y eliminar tareas físicas. A su juicio, una de las principales ganancias será permitir que el farmacéutico dedique menos tiempo a funciones administrativas y más a atender a los pacientes.

Hernández Rincón añadió la mejora de la trazabilidad, la automatización de la facturación y la reducción del consumo de papel, transporte y archivo físico, aunque dejó una advertencia para el diseño del futuro sistema. La digitalización solo tendrá sentido si simplifica realmente el procedimiento y no reproduce electrónicamente las mismas cargas administrativas que existen actualmente.

Catrain fue un paso más allá y reclamó que el cambio no se limite a “digitalizar el cupón”. El proceso debería aprovecharse para revisar y mejorar el funcionamiento global de la prestación. Martínez del Peral coincidió en que la verdadera oportunidad estará en utilizar la información asociada al Data Matrix para mejorar aspectos como la atención farmacoterapéutica o la respuesta ante alertas sanitarias, y no simplemente en sustituir unas tareas administrativas por otras.

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