Profesión

La FIP fija en las enfermedades no transmisibles su prioridad global para 2026

La entidad aprueba en paralelo una política global para respaldar el papel de las cuidadoras informales desde la farmacia.

La Federación Internacional Farmacéutica (FIP) ha presentado la Declaración de Montreal sobre enfermedades no transmisibles (ENT), un documento que reafirma el compromiso de la entidad para hacer frente a uno de los mayores desafíos sanitarios globales. La firma del texto corrió a cargo del presidente saliente de la FIP, Paul Sinclair, y de Deb Saltmarche, representante de la Asociación de Farmacéuticos de Canadá, durante la segunda sesión plenaria celebrada en territorio canadiense. Las organizaciones miembro del organismo internacional fueron invitadas a firmar el texto en el marco del Congreso Mundial de la FIP 2026, que cuenta además con el respaldo de diversos socios institucionales.

Este acuerdo supone un nuevo paso en la estrategia de la FIP, que ya lanzó en 2025 la Declaración de Copenhague sobre Resistencia Antimicrobiana para coordinar acciones contra las resistencias a los antibióticos. De este modo, la organización identificó las ENT como su prioridad principal de promoción para el año 2026. La decisión responde al impulso marcado por la Organización de las Naciones Unidas en materia de salud mental y bienestar, buscando transformar las intenciones internacionales en medidas concretas.

A través del manifiesto, la FIP reclama políticas públicas que permitan a los profesionales "desarrollar plenamente sus competencias en prevención, cribado, detección precoz, optimización de tratamientos y seguimiento a largo plazo de las ENT". La declaración subraya la necesidad de contar con remuneraciones sostenibles, desarrollo de la fuerza laboral, integración de salud digital, colaboración interprofesional y un acceso equitativo a las oficinas de farmacia. Asimismo, las entidades firmantes se comprometieron a apoyar la aplicación nacional de estas medidas reforzando los servicios comunitarios y compartiendo buenas prácticas.

Prioridad a la labor comunitaria

De manera paralela, la FIP hizo pública una nueva declaración de política orientada a reconocer y apoyar la labor de las cuidadoras informales. La entidad recordó que millones de personas, en su gran mayoría mujeres, asumen diariamente la responsabilidad de gestionar medicamentos y atender a familiares sin que su propia salud sea reconocida de forma adecuada.

La cofundadora de la comisión de políticas, Virginia Olmos, explicó que la presión sobre este colectivo aumentó por el envejecimiento poblacional y el traslado de cuidados al ámbito domiciliario. Olmos destacó que los farmacéuticos, al ser de los profesionales más accesibles, se encuentran en una posición idónea para guiar a los cuidadores en pautas complejas, mejorar la alfabetización en salud, evitar daños por medicamentos y facilitar el acceso a los servicios sanitarios.

Para responder a este contexto, el documento recomendó a los gobiernos reconocer formalmente la aportación de la atención informal, reforzar las normativas que posibilitan la intervención farmacéutica e invertir en modelos de financiación sostenibles. Además, el texto solicitó a las facultades y colegios capacitar a los profesionales en competencias de prevención, alfabetización digital y transiciones asistenciales seguras.

Por último, la directiva puso el foco en las mujeres, quienes representan el 80 % de las cuidadoras informales en el mundo y asumen con mayor frecuencia cuidados prolongados. La política hizo una mención especial a la situación crítica que viven en entornos humanitarios o bajo contextos de violencia de género, donde la farmacia representa en ocasiones el único recurso sanitario accesible. En este sentido, la copresidenta de la comisión, Ema Paulino, señaló que al capacitar a los cuidadores, los farmacéuticos mejoran los resultados de salud, reducen desigualdades y ayudan a construir sistemas sanitarios más resilientes.

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