Diariofarma presentó la undécima edición de su informe ‘La Política Farmacéutica’, una publicación que analiza las principales cuestiones que marcan la política farmacéutica en España y aporta claves de futuro para un sector especialmente relevante por su impacto sanitario, económico e industrial, así como por la intensa regulación que afecta a toda su cadena de valor.
El acto reunió a una amplia representación de altos cargos y primeros directivos de la industria farmacéutica, organizaciones sectoriales y entidades vinculadas al medicamento, y sirvió también para situar los principales retos del sector en un momento marcado por la transformación regulatoria, los desafíos geopolíticos y el debate sobre la autonomía estratégica.

El evento se centró en el análisis de Manuel de la Rocha, director de la Oficina de Asuntos Económicos y G20 de la Presidencia del Gobierno, sobre la visión del Ejecutivo acerca del papel estratégico del sector. De la Rocha situó a la industria farmacéutica como un sector de valor estratégico para España. En su intervención, defendió que no se trata de “un sector económico más”, sino de una de las “columnas vertebrales silenciosas” sobre las que descansan la salud, la competitividad y la soberanía del país. Desde esa perspectiva, destacó su aportación económica, su capacidad para generar empleo cualificado, su papel tractor sobre otras actividades productivas y su dimensión geoestratégica, reforzada tras la pandemia, cuando quedó de manifiesto que asegurar el suministro de medicamentos esenciales es también una cuestión de seguridad nacional.
Visión de la industria por el Ejecutivo
De la Rocha centró su intervención principal en abordar tres aspectos. El primero, por qué la industria farmacéutica resulta importante para el Gobierno. Respondió desde una triple dimensión: económica, innovadora y social. Recordó que España cuenta con uno de los sectores farmacéuticos más relevantes de Europa y subrayó que “su impacto va más allá del medicamento, al arrastrar actividad en ámbitos como la química, la logística, la tecnología médica y los servicios especializados”. También destacó la inversión sostenida en I+D, la existencia de laboratorios de referencia mundial y el liderazgo español en ensayos clínicos, apoyado en la colaboración público-privada. A ello añadió la función social de una industria que “garantiza el acceso de la población a tratamientos seguros y eficaces”.
En segundo lugar abordó lo que el Gobierno ha hecho en relación con este sector. El responsable de la Oficina Económica defendió que el Ejecutivo impulsó una política industrial farmacéutica “selectiva” e “inteligente”, orientada a incorporar nuevas tecnologías, proteger a los ciudadanos y atender a un triple objetivo: social, económico y soberano. En ese marco, citó el Perte Salud de Vanguardia, la creación de la sociedad mercantil público-privada Terafront para promover la medicina de vanguardia y acelerar la llegada al mercado de terapias avanzadas; el programa Profarma; y diversas medidas legislativas en tramitación, como la Ley de los Medicamentos.

La tercera cuestión que expuso fue qué supone la Estrategia de la Industria Farmacéutica. De la Rocha la presentó como una hoja de ruta integral, elaborada y acordada con el sector, que “combina salud pública, política industrial, innovación y autonomía estratégica”. Según explicó, la estrategia se apoya en tres ejes: acceso y sostenibilidad, innovación y autonomía estratégica. En este último ámbito, destacó la necesidad de fortalecer la capacidad productiva y la cadena de suministro, reducir dependencias exteriores y avanzar en instrumentos como la reserva estratégica (Recapi). Para el representante de Presidencia, España cuenta con talento científico, una red hospitalaria de referencia, experiencia industrial y una posición logística que le permiten aspirar a convertirse en un hub europeo de investigación y producción de medicamentos innovadores. De la Rocha sostuvo que España tiene potencial para “liderar la próxima generación de terapias innovadoras”, aunque advirtió de que esa oportunidad exige “visión compartida, confianza mutua y voluntad de construir juntos”.
Inversiones estratégicas
En el coloquio posterior, a preguntas del director de Diariofarma, De la Rocha abordó las claves del futuro Comité de Inversiones Estratégicas, un ente que enmarcó como un instrumento para mejorar la capacidad de España de atraer y retener grandes proyectos industriales. Aclaró que “no va en ningún caso a tener el control de empresas”, sino que buscará definir qué proyectos pueden ser considerados estratégicos con el objetivo de facilitarles “una aceleración en los tiempos, una ventanilla única” y un mayor acompañamiento administrativo.
El responsable de la Oficina Económica de Presidencia vinculó esta iniciativa con la necesidad de competir mejor por inversiones de alto valor añadido, también en el ámbito farmacéutico. Según explicó, proyectos vinculados a fabricación de medicamentos, nuevas terapias, biotecnología o I+D podrían encajar en este marco si aportan empleo, valor añadido e impacto en la cadena productiva, ya que el objetivo es evitar que una gran inversión “se eternice” y acabe desplazándose a otro país. Además, De la Rocha explicó que en los próximos meses se establecerá una serie de criterios sectoriales, entre otros para el ámbito farmacéutico, para identificar a los proyectos estratégicos de inversión.

Como mensaje final, defendió que Europa sigue siendo “un gran mercado” y que España cuenta con condiciones para competir por proyectos globales. Entre ellas citó su dinamismo económico, sus infraestructuras, su capacidad sanitaria, el liderazgo en ensayos clínicos y las nuevas herramientas de apoyo a la inversión estratégica. “Creo que las condiciones de España son, como mínimo, al mismo nivel” que las de otros países de referencia, afirmó, antes de cerrar reivindicando que España es “un gran país” para invertir.
Antes de la intervención de De la Rocha, tomaron la palabra Antonio Mingorance, presidente de Bidafarma, e Ignacio Chueca, director general de IQVIA España, entidades que apoyaron la elaboración del informe y su presentación.
Mingorance reivindicó el papel de la farmacia y de la cadena del medicamento como elementos de estabilidad en un entorno cambiante. Según señaló, “la farmacia ha vuelto a demostrar el papel esencial que tiene en la sociedad en la cadena del medicamento”, por su capacidad para sostener el sistema sanitario “día a día” desde la atención al paciente, la disponibilidad del medicamento, la cercanía territorial y la confianza de los ciudadanos.

El presidente de Bidafarma defendió que el modelo español de farmacia, distribución e industria permite que, en tiempos de incertidumbre, exista “certidumbre sobre la disponibilidad de los medicamentos en todos los pueblos, en todas las ciudades y en todos los ciudadanos allí donde estén”. Por ello, apeló a preservar un modelo que, a su juicio, debe ser entendido también desde la política, ya que “cualquier cosa que se haga desde la sanidad afecta a los pacientes, a la industria, a la distribución, a la farmacia y en definitiva a todos”. Mingorance cerró su intervención con una defensa de una sanidad alejada de la confrontación ideológica: “La salud no es de nadie, es de todos”.
Por su parte, Chueca situó el debate en un marco más amplio y defendió que “el sector farmacéutico es hoy más que nunca un activo estratégico para España y para Europa”, no solo por su contribución a la salud, sino también por su aportación a la economía, la innovación y al posicionamiento internacional de nuestro país. El director general de IQVIA España advirtió de que el sector opera en un contexto marcado por la competencia geopolítica, la reconfiguración de las cadenas de suministro y una profunda transformación regulatoria en Europa y España. En ese escenario, apuntó que Estados Unidos está impulsando medidas para atraer inversión e innovación, mientras que China “ya no es ese país que replica” lo que hacen otros, sino un actor que lidera en innovación, ensayos clínicos y lanzamiento de nuevas moléculas.
Además, el representante de IQVIA también aludió al informe WAIT, elaborado por Efpia en colaboración con IQVIA, del que destacó la reducción de 79 días en los tiempos de acceso, aunque matizó que “la tasa de disponibilidad no ha mejorado” y que la disponibilidad con uso limitado sigue siendo un reto. A partir de ese diagnóstico, defendió que la política farmacéutica dejó de ser “un debate sectorial” para convertirse en “una auténtica palanca de competitividad económica y de autonomía estratégica”. Para aprovechar esa oportunidad, reclamó un entorno “predecible”, “ágil” y con visión de medio y largo plazo, y subrayó el papel creciente de la evidencia en vida real, la analítica avanzada y la inteligencia artificial para transformar los datos en información útil para el sistema.















Lilisbeth Perestelo: