El encuentro dedicado al abordaje de los ‘Retos en salud pública’, que ha marcado el cierre del ciclo ‘10 temas que marcarán el futuro de la sanidad’, evidenció un amplio consenso en torno a la necesidad de reforzar la salud pública como pilar estructural del sistema sanitario y como ámbito clave para la sostenibilidad futura.
Desde una perspectiva compartida, se señaló que la salud pública es una de las herramientas más eficaces para mejorar la salud de los ciudadanos. A este respecto, los principales desafíos se concentran en aspectos como la capacidad de anticipación y respuesta ante crisis sanitarias, el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia y de la inteligencia epidemiológica, la incorporación efectiva del impacto del cambio climático en la toma de decisiones públicas, las enfermedades no transmisibles, el abordaje de las resistencias antimicrobianas desde modelos de innovación y prevención no dependientes exclusivamente del mercado y la mejora de la gobernanza y la confianza social en las instituciones científicas y sanitarias.
Estas conclusiones se expusieron en un coloquio celebrado en Madrid que reunió a María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y del Ambiente de la Organización Mundial de la Salud; Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, que sustituyó a la ministra de Sanidad, Mónica García, cuya participación estaba confirmada, y Alberto Martínez, consejero de Salud del País Vasco, quienes abordaron los retos de la salud pública desde los planos global, estatal y autonómico. El debate estuvo moderado por José María López Alemany, director de Diariofarma y permitió contrastar enfoques institucionales complementarios sobre preparación, prevención y sostenibilidad de los sistemas de salud desde los ámbitos global, nacional y autonómico.
El encuentro fue el décimo y último acto de la iniciativa impulsada con motivo del décimo aniversario de Diariofarma, concebida para generar espacios de análisis estratégico y diálogo informado sobre los grandes vectores de transformación del sistema sanitario. La sesión tuvo lugar en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que actuó como entidad anfitriona y su presidenta, Eloisa del Pino, ofreció unas palabras de bienvenida donde expuso el papel del CSIC en el ámbito de la investigación. Además, contó con el apoyo de los patrocinadores AbbVie, Amgen, Cinfa, Daiichi Sankyo, Gilead, Lilly, Novartis, Pfizer, Sanofi y Takeda que han acompañado el conjunto del ciclo, que a lo largo del año ha reunido a más de cuarenta ponentes nacionales e internacionales.
Salud pública y ciencia en un contexto de cuestionamiento del conocimiento
El secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, situó el debate en un contexto marcado por la necesidad de reivindicar la base científica de la salud pública en un momento de cuestionamiento del conocimiento experto. Padilla advirtió de que “no es un momento cualquiera para hablar de cómo la salud pública no puede ser entendida sino como una disciplina eminentemente científica”, y alertó sobre la existencia de discursos que ponen en duda la evidencia científica como herramienta válida para mejorar la salud de la población.
Para enmarcar los retos actuales, Padilla recurrió a una analogía inspirada en el libro Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond, proponiendo una lectura contemporánea aplicada a la salud pública. A su juicio, “si tuviéramos que escribir armas, gérmenes y acero de la salud pública de nuestros días, perfectamente podríamos llamarlo cambio climático, resistencias antimicrobianas y datos”. Sobre el primero de estos ejes, subrayó que el cambio climático demuestra tanto la necesidad de políticas de salud pública guiadas por la ciencia como las limitaciones de pensar que la evidencia, por sí sola, es suficiente para impulsar decisiones políticas. “Tenemos toda la ciencia disponible sobre cuáles son los efectos del cambio climático sobre nuestras sociedades, sobre nuestro ecosistema y sobre nuestra salud y, sin embargo, sigue habiendo una parte significativa de la sociedad que piensa que el cambio climático no es algo a lo que merezca la pena hacerle caso”, afirmó.

En relación con las resistencias antimicrobianas y las infecciones emergentes, Padilla destacó la innovación, prevención y mercado. “Hablamos mucho de la necesidad de tener antibióticos, pero también tenemos que hablar de la necesidad de que esos antibióticos no se consuman”, señaló, para añadir que este escenario obliga a repensar los modelos de innovación biomédica, especialmente en ámbitos en los que “el mercado parece no importar mucho”. En su análisis, la salud pública se enfrenta al reto de generar innovación terapéutica que, precisamente por su uso limitado, no responde a las lógicas tradicionales de rentabilidad.
El tercer gran eje de su intervención se centró en el papel de los datos, que definió como un elemento de transición comparable al acero en otros momentos históricos. Padilla insistió en que el desafío no reside solo en disponer de grandes volúmenes de información, sino en “cómo convertir el dato poblacional en algo más que en la suma de datos individuales”, dotándolo de capacidad predictiva en términos poblacionales y de utilidad real para la toma de decisiones en salud pública.
A continuación, la directora del Departamento de Salud Pública y del Ambiente de la Organización Mundial de la Salud, María Neira, ofreció una intervención centrada en la naturaleza y el alcance de la salud pública como disciplina orientada al impacto poblacional. Desde su extensa experiencia profesional, definió la salud pública como “el arte de ir a donde puedas tener más impacto”, una aproximación que, según explicó, exige alejarse de una lógica exclusivamente asistencial y adoptar una visión de conjunto que permita identificar los puntos de intervención con mayor capacidad transformadora.

Neira defendió que la salud pública requiere dar “dos pasos hacia atrás para tener perspectiva” y subrayó que su valor reside en la capacidad de actuar sobre las causas profundas de los problemas de salud, más allá de la respuesta clínica inmediata. En este sentido, insistió en que no se trata de contraponer asistencia e innovación a prevención, sino de integrarlas en una arquitectura equilibrada que permita maximizar los beneficios para la población.
La arquitectura de la salud pública y la intervención sobre los determinantes
María Neira situó la salud pública como el ámbito de la política sanitaria orientado a la acción poblacional y a la obtención del mayor impacto posible sobre la salud, subrayando que su valor diferencial reside en la capacidad de actuar sobre las causas y no únicamente sobre las consecuencias clínicas. En su intervención aseveró que la salud pública exige una visión de conjunto y una perspectiva estratégica que permita identificar los puntos de intervención capaces de generar efectos multiplicadores, integrando de forma equilibrada la atención asistencial, la innovación tecnológica y la prevención.
Desde esta aproximación, la experta de la OMS expuso una arquitectura de la salud pública sustentada en cinco pilares interdependientes, advirtiendo de que el desequilibrio entre ellos compromete la solidez del sistema. El primero de estos pilares es la capacidad asistencial, que consideró inmersa en una transformación profunda impulsada por la digitalización y la inteligencia artificial. Según dijo, estas tecnologías tienen un potencial significativo para mejorar la eficiencia, reorganizar el trabajo profesional y optimizar la inversión sanitaria, siempre que su incorporación se realice de forma estratégica y orientada a mejorar la calidad de la atención.
El segundo pilar lo situó en la prevención primaria, a la que calificó como el ámbito menos visible pero más determinante de la salud pública. Neira alertó sobre la exposición de la población a sustancias químicas, plásticos y microplásticos, vinculándola tanto a riesgos directos para la salud como al modelo de producción basado en combustibles fósiles. Consideró la necesidad de aplicar el principio de precaución y recordó que intervenciones regulatorias históricas, como la eliminación del plomo o el mercurio, han tenido impactos sustanciales y duraderos sobre la salud y el desarrollo cognitivo de la población.

La tercera columna de su planteamiento correspondió a la salud ambiental, entendida como una oportunidad central para reducir la carga evitable de enfermedad. Neira vinculó directamente la calidad del aire, del agua y de los sistemas de producción alimentaria con millones de muertes prevenibles cada año, y defendió la integración de la salud en las políticas climáticas y de desarrollo sostenible. En este ámbito, subrayó que el cambio climático debe abordarse explícitamente como un problema de salud pública, por su impacto directo sobre la mortalidad, la cronicidad y la presión asistencial.
En relación con la financiación, Neira sostuvo que la salud pública no puede evaluarse únicamente por su peso en el presupuesto sanitario. A su juicio, la prevención primaria debería contar con el 25% del presupuesto en salud, pero como eso no es posible, el reto consiste en trasladar el coste de la prevención primaria a los ámbitos donde se toman decisiones con impacto directo sobre la salud, como la energía, la agricultura, la vivienda o el urbanismo.
Por otro lado, la ponente respaldó el uso de modelos predictivos y argumentos basados en evidencia para estimar beneficios en términos de vidas salvadas, reducción de enfermedad y ahorro de costes sanitarios, como herramienta de influencia política. En este contexto, destacó el papel clave de las administraciones locales y de los responsables municipales, por su capacidad para intervenir sobre transporte, planificación urbana y energía, siempre apoyados en argumentos científicos que permitan sostener decisiones con impacto positivo en salud.
El último pilar abordado fue la necesidad de reducir la huella climática del propio sistema sanitario, que cifró en torno al 5% de las emisiones globales. Neira expuso que el sector salud debe asumir un papel de liderazgo, no solo por coherencia, sino porque la descarbonización del sistema sanitario puede generar beneficios simultáneos en eficiencia, calidad asistencial y sostenibilidad económica.
Neira concluyó su intervención defendiendo la salud pública como una disciplina estratégica capaz de transformar realidades a partir de intervenciones bien orientadas, equiparándola a la búsqueda de puntos de apoyo que permitan generar cambios estructurales de gran alcance. Según afirmó, identificar y comunicar adecuadamente esos argumentos es esencial para movilizar decisiones políticas con efectos duraderos sobre la salud de la población.
La salud pública desde la gestión autonómica
Alberto Martínez aportó una visión desde la gestión autonómica y desde la proximidad a la ciudadanía. Resaltó que “la salud pública es probablemente el ámbito más pegado a la ciudadanía” y contextualizó su análisis con indicadores de salud de Euskadi, como la esperanza de vida y las tasas de mortalidad prevenible y tratable, que situó entre las más favorables a nivel internacional.
En este marco, puso de relieve el papel del Pacto Vasco de Salud como instrumento de consenso y confianza, al que atribuyó un valor estratégico tanto por su contenido como por su capacidad para generar acuerdos estables entre profesionales, instituciones, agentes sociales y ciudadanía.

Martínez explicó que una de las prioridades de la política sanitaria vasca es reforzar la salud pública desde un enfoque One Health, integrando salud humana, animal y ambiental en la planificación sanitaria. A ello se suma el refuerzo de la prevención y la vigilancia de la salud, con el objetivo de mejorar la detección temprana y la capacidad de respuesta ante amenazas sanitarias. Un tercer eje se centra en la promoción de la salud y la acción comunitaria, abordando las inequidades a través de los determinantes sociales y prestando especial atención a la infancia, la adolescencia, la salud reproductiva, las mujeres y los colectivos vulnerables. Igualmente, Martínez destacó el fortalecimiento de la atención primaria y comunitaria como pieza clave para desarrollar un modelo accesible, integral, proactivo y longitudinal.
Más allá del Pacto Vasco de Salud, Alberto Martínez señaló como elemento diferenciador la política de innovación de Euskadi, enmarcada en la estrategia “Faros de Innovación” impulsada por el Lehendakari para consolidar a la comunidad como polo europeo de vanguardia científica y social. La salud se configura así como un eje transversal, apoyado en un ecosistema de cuádruple hélice que integra un sistema público de salud robusto, una potente red de ciencia, tecnología e innovación, un tejido empresarial emergente intensivo en I+D y una sociedad cohesionada y participativa. El consejero remarcó que este modelo permite abordar la salud desde una perspectiva integradora, más allá del enfoque clínico, y subrayó la participación de Euskadi en varios proyectos europeos en One Health.
Martínez resaltó también la política de cribados como otro elemento diferencial y puso en valor el Observatorio Vasco de Salud como herramienta clave para monitorizar la salud de la población desde una perspectiva de equidad y género, con información territorial detallada que facilita la planificación y la acción comunitaria en coordinación entre el Gobierno Vasco, las diputaciones y los ayuntamientos.
Finalmente, recordó que las comunidades autónomas asumen la gestión asistencial, y subrayó que la salud pública va más allá de la atención sanitaria, requiriendo la implicación de las administraciones locales. En este contexto, afirmó que Euskadi avanza hacia un modelo de colaboración interinstitucional reforzado por la creación del Instituto Vasco de Salud Pública y orientado a un cambio de paradigma desde la enfermedad hacia la salud, la prevención y los cuidados, con la equidad y el valor como principios centrales.
La salud pública como acción con impacto y justicia distributiva
Javier Padilla analizó las exposiciones realizadas previamente y valoró la definición de la salud pública como “el arte de ir a donde puedas tener más impacto”, al considerar que vincula esta disciplina con la intervención práctica y la acción sobre la realidad, frente a enfoques excesivamente teóricos. Padilla centró su reflexión en la financiación de las intervenciones, cuestionando la interpretación habitual que contrapone el peso del gasto sanitario con el de los determinantes sociales de la salud. Señaló que existe un error de cálculo cuando se pretende que el presupuesto sanitario refleje de forma directa el peso de esos determinantes, ya que muchas de las políticas con mayor impacto en salud se desarrollan fuera del ámbito estrictamente sanitario. En este sentido, citó como ejemplo políticas de protección social, descarbonización, movilidad o vivienda, que influyen de forma decisiva en la salud de la población.
Asimismo, subrayó que la salud pública incorpora una dimensión de justicia distributiva que va más allá del número de personas afectadas. Recordó que considerar un problema como de salud pública no implica únicamente que tenga un impacto poblacional amplio, sino que requiere abordarlo con las herramientas propias de esta disciplina, actuando sobre los determinantes. Padilla respaldó que intervenciones dirigidas a grupos pequeños, como las enfermedades raras o el cribado neonatal, forman parte plenamente de la salud pública por su alto impacto en términos de equidad.
El secretario de Estado aseguró que las políticas de salud deben integrarse en todos los ámbitos que mejoran la vida de la ciudadanía, recordando que hoy hablar de políticas de salud implica tanto al Ministerio de Sanidad como a otros departamentos clave, como Transición Ecológica o Transporte y Movilidad.
María Neira coincidió con Padilla en la necesidad de diferenciar entre salud poblacional y salud pública, subrayando que esta última incorpora de forma central los principios de equidad, justicia y universalidad de las intervenciones. A su juicio, este enfoque resulta clave para orientar las políticas públicas más allá de la mera agregación de resultados poblacionales.

En relación con la financiación, Neira respaldó la idea de que el gasto en prevención primaria no puede evaluarse exclusivamente desde los presupuestos sanitarios. La responsable de la OMS advirtió además de las limitaciones de los análisis económicos tradicionales, al señalar que los estudios sobre políticas climáticas o energéticas suelen omitir las externalidades sanitarias. Según explicó, estos análisis rara vez incorporan el impacto en términos de enfermedad, morbilidad y costes posteriores para los sistemas sanitarios, lo que distorsiona la evaluación real de las políticas públicas. Además, argumentó que los cálculos habituales sobre costes y beneficios deben revisarse para integrar de forma sistemática el impacto en salud, evitando estimaciones que, a su juicio, resultan incompletas y alejadas de la realidad.
Preparación, resiliencia y capacidad de respuesta del sistema sanitario
El encuentro incorporó un amplio espacio de debate en el que se analizaron los aprendizajes de la pandemia, el grado de preparación del sistema ante futuras crisis sanitarias y los cambios necesarios para reforzar el papel de la salud pública en la asignación de recursos y en la toma de decisiones.
Desde la perspectiva autonómica, Alberto Martínez situó la confianza como el principal activo del sistema. Subrayó que esta debe sustentarse en la capacidad de vigilancia, en sistemas de comunicación ágiles y en la credibilidad institucional, y alertó del auge de discursos que cuestionan el conocimiento científico, incluso desde ámbitos políticos, tras una crisis pandémica de gran magnitud. A su juicio, sin confianza ciudadana, cualquier arquitectura de salud pública queda debilitada, con independencia de su desarrollo técnico.
En el ámbito estatal, Javier Padilla señaló la universalidad como un elemento estructural de la respuesta sanitaria y subrayó la necesidad de reforzar los mecanismos de participación y coordinación entre ciudadanía, profesionales y comunidades autónomas. Destacó asimismo el papel del escudo de protección social como condición para la viabilidad de las medidas de salud pública. A ello añadió la importancia de preservar una sólida capacidad científica, tanto para el desarrollo como para la implementación de soluciones como las vacunas.
María Neira coincidió en la centralidad de la universalidad y trasladó el debate al plano global, señalando que una arquitectura robusta de la salud pública debe incorporar mecanismos de rendición de cuentas que vayan más allá de los indicadores económicos. Defendió que los gobiernos respondan también por el impacto en salud de sus políticas y reivindicó la vigencia del enfoque de “salud en todas las políticas”, adaptado a nuevos marcos conceptuales y comunicativos.
En relación con las debilidades persistentes tras la pandemia, Martínez identificó como principal vulnerabilidad el déficit de profesionales, consecuencia de años de reducción en la formación sanitaria tras la crisis económica, y advirtió de la falta de solidaridad global en contextos de emergencia, en los que el mercado tiende a imponer lógicas competitivas. Padilla reconoció avances relevantes en vigilancia, sistemas de información y reservas estratégicas, pero señaló como asignaturas pendientes la dependencia de cadenas globales de suministro y el debilitamiento de las organizaciones de salud global, defendiendo la necesidad de reforzar el papel de la OMS.
Asimismo, se abordaron los determinantes sociales, la cronicidad y las enfermedades no transmisibles. El consejero vasco destacó la necesidad de reorientar los sistemas desde el tratamiento hacia la prevención, la promoción de la salud y el autocuidado, subrayando que la salud futura depende de las decisiones presentes y de la configuración de entornos que faciliten opciones saludables.
Padilla abordó esta transformación desde la organización del sistema, destacando la longitudinalidad y la continuidad asistencial en atención primaria como herramientas clave para mejorar resultados en salud y eficiencia, especialmente en población mayor y con patologías complejas.
Neira insistió en la distinción entre prevención primaria y secundaria, alertando de la tendencia a identificar erróneamente la prevención con la detección precoz. Planteó la creación de entornos que reduzcan la probabilidad de enfermar actuando sobre factores ambientales y estilos de vida, y señaló el creciente interés de las especialidades clínicas por el impacto de la contaminación y otros determinantes ambientales sobre la salud.
En el tramo final, el debate se centró en la financiación de la salud pública. Martínez afirmó que la salud pública no puede analizarse como una única partida, al estar integrada de forma transversal en múltiples políticas.
Javier Padilla identificó como prioridades estratégicas el refuerzo de la vigilancia en salud pública y el desarrollo de la inteligencia epidemiológica, ámbitos que recibirán un impulso con la creación de la Agencia Estatal de Salud Pública. Subrayó que muchas de las políticas con mayor impacto en salud no se reflejan en los presupuestos sanitarios, sino en decisiones locales y en partidas ajenas al sistema sanitario.
Neira cerró esta parte del debate señalando que el desafío no es incrementar el gasto, sino utilizar la salud pública de manera estratégica. Defendió que decisiones políticas bien orientadas pueden generar beneficios muy superiores a su coste y reclamó una mejora en la comunicación de esos impactos, subrayando que la capacidad de influencia política constituye uno de los principales activos de la salud pública.














César Hernández, director general de Cartera y Farmacia del Ministerio de Sanidad:
Kilian Sánchez, secretario de Sanidad del PSOE y portavoz de la Comisión de Sanidad del Senado.:
Rocío Hernández, consejera de Salud de Andalucía:
Nicolás González Casares, eurodiputado de Socialistas & Demócratas (S&D - PSOE):
Juan José Pedreño, consejero de Salud de Murcia: