La irrupción del Big Data y la Inteligencia Artificial (IA) está redefiniendo la forma de trabajar y la manera de entender la salud pública, la gestión asistencial y la práctica clínica. Lo que hasta hace poco se consideraba un horizonte de futuro es hoy un presente que exige acción, coordinación y visión estratégica. Así lo pusieron de manifiesto los expertos que participaron en el coloquio organizado por Diariofarma dentro del ciclo “10 temas que marcarán el futuro de la sanidad”, una iniciativa organizada para celebrar el décimo aniversario de este periódico. El foro reunió a responsables institucionales, expertos en transformación digital y juristas especializados en derecho sanitario para debatir sobre los desafíos que plantea esta revolución tecnológica.
El encuentro contó con la participación de Juan Fernando Muñoz, secretario general de Salud Digital, Información e Innovación del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad; Ángela Spatharou, directora del área de Salud y Ciencias de la Vida de IBM para Europa y miembro del Comité Mundial de Salud de IBM; Joaquín Cayón, presidente de la Red Iberoamericana de Derecho Sanitario y director del Grupo de Investigación en Derecho Sanitario del IDIVAL y José Luis Bezares del Cueto, subdirector general de Innovación y Soluciones Asistenciales de la Consejería de Digitalización de la Comunidad de Madrid. El acto fue moderado por José María López Alemany, director de Diariofarma, y contó con el patrocinio de AbbVie, Amgen, Cinfa, Daiichi Sankyo, Gilead, IQVIA, Novartis, Pfizer, Sanofi y Takeda, empresas que han acompañado este ciclo de reflexión sobre los grandes temas que marcarán el futuro de la sanidad.
Desde el inicio, el tono del debate dejó clara una idea compartida: la transformación digital no es una opción ni un simple proyecto tecnológico, sino una obligación estructural para garantizar la sostenibilidad y la calidad del Sistema Nacional de Salud (SNS). En este nuevo escenario, la IA y el Big Data se conciben no como fines en sí mismos, sino como instrumentos imprescindibles para mejorar la toma de decisiones, aliviar la sobrecarga profesional, mejorar procesos, personalizar la atención e impulsar la eficiencia de los recursos públicos. Pero, junto a las oportunidades, los ponentes coincidieron en subrayar la necesidad de reforzar la confianza, la transparencia y la gobernanza como pilares sobre los que construir una digitalización ética y sostenible.
La Estrategia de Salud Digital: un proyecto de Estado
Juan Fernando Muñoz ofreció una visión amplia y precisa del proceso que España ha puesto en marcha para consolidar una Estrategia de Salud Digital como auténtica política de Estado. Subrayó que esta estrategia “pertenece al conjunto del Sistema Nacional de Salud”, y no solo al Ministerio, porque se basa en la cooperación entre las comunidades autónomas y en una gobernanza compartida que ha sido uno de los grandes aprendizajes derivados de la pandemia.
La crisis sanitaria sirvió de catalizador para acelerar un cambio de mentalidad en todos los niveles de la administración, abriendo la puerta a un modelo más colaborativo, interoperable y centrado en el ciudadano, explicó Muñoz. Los fondos europeos y la regulación comunitaria, en particular el Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EHDS), el AI Act y el futuro marco legislativo nacional de salud digital, se han convertido en los instrumentos que permiten materializar ese cambio. España ha decidido aprovechar esta oportunidad para dejar de pensar la digitalización como un fin y “convertirla en una herramienta para transformar la asistencia y responder a los retos”, expuso Muñoz.

El sistema sanitario se enfrenta a una mayor complejidad médica, con una población más envejecida y crónica, un déficit de profesionales y una transformación social profunda que obliga a replantear la forma de atender la morbilidad y garantizar la sostenibilidad del sistema, señaló.
En este sentido, apuntó que el desafío no es solo entender el por qué o el para qué de la transformación digital, sino cómo lograr que la tecnología respalde eficazmente a un sistema sanitario complejo, compuesto por 18 servicios de salud (en referencia a las comunidades autónomas más Ingesa) con realidades territoriales, lingüísticas y poblacionales muy diversas. En un entorno cada vez más interconectado y regulado desde Europa, la clave está en coordinar decisiones y actores, también fuera del ámbito sanitario, para traducir las necesidades del sistema en acciones concretas, un reto que la pandemia aceleró y puso a prueba.
El secretario general destacó la magnitud del despliegue presupuestario: más de 1.126 millones de euros distribuidos en seis planes y 737 proyectos activos en todo el país. En ese marco se sitúan el Programa de Servicios Digitales e Interoperabilidad del SNS y el Plan de Sostenibilidad, con 400 millones de euros ya licitados en un 98%, junto al Plan de Transformación Digital de la Atención Primaria, que avanza en fases muy avanzadas de ejecución. En paralelo, se está construyendo el Espacio Nacional de Datos de Salud, piedra angular para el uso secundario de la información sanitaria, y se ha lanzado el proyecto SiGenES, dedicado a la normalización genómica como base para el intercambio y explotación de datos de secuenciación en todo el territorio.
Muñoz puso especial énfasis en el impulso al Plan de Inteligencia Artificial del SNS (IASNS), concebido para ordenar el desarrollo y la adopción de algoritmos bajo un modelo de gobernanza común. Este plan articula un marketplace nacional, mecanismos de compra centralizada y un sistema de evaluación que garantizará que las soluciones digitales se integren en la práctica asistencial solo cuando aporten valor demostrado. Según explicó, el objetivo es reducir la burocracia clínica mediante agentes de IA y facilitar que las innovaciones que funcionan dejen de ser prototipos para convertirse en productos sanitarios evaluados e incorporados al sistema.
Interoperabilidad y servicios que transforman la atención
La exposición del secretario general no se limitó a los planes de futuro y realizó un repaso por los desarrollos de receta electrónica interoperabilidad, tarjeta sanitaria virtual y la historia clínica digital del SNS. Además, el secretario general subrayó la necesidad de fortalecer la formación digital de los profesionales, especialmente en urgencias y atención primaria, para aprovechar plenamente una infraestructura ya consolidada y con estándares de interoperabilidad avanzados. En este sentido, defendió un nuevo modelo de colaboración entre el Ministerio y las comunidades autónomas, basado en la cogobernanza y la corresponsabilidad, donde “los problemas sean conjuntos y las soluciones compartidas”, principio que inspiró el Plan de Transformación Digital de la Atención Primaria.
En Atención Primaria, por ejemplo, se han constituido redes interautonómicas por áreas funcionales, con liderazgos rotatorios y una gobernanza que permite compartir desarrollos, recursos y aprendizajes. Este enfoque, explicó, evita que cada comunidad tenga que inventar su propia solución a los mismos problemas.
Uno de los proyectos más ilustrativos de este modelo colaborativo es el programa ÚNICAS, orientado a la atención de enfermedades raras pediátricas. En él, comunidades como Madrid y Cataluña ejercen una codirección conjunta junto con el Ministerio de Sanidad, mientras que una comunidad desarrolla las herramientas digitales para todo el conjunto del SNS. Este modelo de asistencia distribuida, basado en nodos interconectados, permite que el conocimiento de los centros de referencia se traslade al punto de atención más próximo al paciente.
Formación, confianza y cambio cultural
Aunque los avances son significativos, el secretario general reconoció que persisten desafíos estructurales. Uno de los más importantes es el bajo grado de adopción profesional de algunas herramientas ya disponibles, lo que evidencia la necesidad de reforzar la formación digital. También señaló la importancia de incluir al sector privado en los circuitos de intercambio de datos, tanto por el derecho del paciente a la continuidad asistencial como por la propia realidad del sistema, donde miles de centros privados contribuyen a la atención sanitaria.
El impulso de la IA y del Big Data, añadió, debe acompañarse de mecanismos sólidos de confianza. En ese sentido, el marco ético, la transparencia y la ciberseguridad se sitúan en el centro de la estrategia. “No hay Inteligencia Artificial sin confianza”, recalcó, subrayando que la prioridad es garantizar que toda innovación tecnológica respete la privacidad y los derechos de los pacientes.

En su intervención, Muñoz destacó también el avance del Plan de Inteligencia Artificial del Sistema Nacional de Salud, que coordina más de 700 proyectos de generación y uso de datos. El objetivo es transformar ese conocimiento en productos sanitarios certificados y evaluados, capaces de incorporarse como terapias digitales dentro del sistema público. Para ello, el Ministerio y las comunidades autónomas trabajan en un modelo de gobernanza común, con oficinas de IA en cada territorio y una estructura central de coordinación, financiada con 223 millones de euros procedentes de fondos FEDER.
El plan prevé la creación de un marketplace nacional de algoritmos, que clasifique la oferta y la demanda, agilice la contratación y evite duplicidades entre hospitales y servicios de salud. Esta herramienta, junto con la capacidad de cómputo del Espacio Nacional de Datos de Salud y los mecanismos de compra conjunta, permitirá acelerar la adopción segura y equitativa de soluciones basadas en IA. En paralelo, ya se han realizado pruebas piloto con siete comunidades autónomas, como el proyecto Escriba, para reducir la carga burocrática mediante agentes de lenguaje natural. Todo este trabajo, concluyó, se enmarca en el futuro Anteproyecto de Ley de Salud Digital.
Hacia una visión europea de la inteligencia artificial en salud
La transformación digital de la salud, y muy especialmente la aplicación de la Inteligencia Artificial y el Big Data, no es un fenómeno aislado ni local, sino que forma parte de un proceso europeo y mundial que busca reequilibrar la relación entre sostenibilidad, innovación y calidad asistencial. Ese fue precisamente el enfoque de la intervención de Ángela Spatharou, quien aportó una mirada internacional sobre el modo en que la IA y el Big Data están reconfigurando los sistemas sanitarios en todo el mundo.
Spatharou enmarcó su intervención en la visión de cuatro metas principales: mejorar la experiencia del paciente, los resultados en salud, la sostenibilidad financiera y la satisfacción profesional. Además, recordó que los sistemas de salud atraviesan una tormenta perfecta de presión asistencial, déficit de profesionales y aumento sostenido de los costes. La Organización Mundial de la Salud estima que en 2030 faltarán dieciocho millones de profesionales sanitarios en el mundo, mientras los costes del sector crecen de forma estructural entre un 6% y un 7% anual. En ese contexto, la IA y el Big Data aparecen como las herramientas capaces de aumentar la productividad, sostener la calidad y personalizar la atención.

La ponente explicó que nueve de cada diez ocupaciones en el ámbito sanitario deberán reentrenarse para 2030, y que la IA ya está presente de manera intencionada en el 58% de las organizaciones. Este proceso de adquisición de nuevas habilidades exige repensar los modelos operativos y de gobernanza, impulsando un enfoque digital first que no sacrifique la seguridad ni la interoperabilidad.
De la promesa al impacto medible
Spatharou centró parte de su intervención en explicar cómo la IA puede apoyar de manera real al sistema sanitario, complementando las capacidades humanas como imaginación, razonamiento ético, o creatividad, con sistemas capaces de identificar patrones en los datos, aprender por repetición y eliminar sesgos. Sin embargo, advirtió que el impacto en la productividad no es uniforme. “No toda tecnología digital ahorra tiempo”, señaló, recordando un estudio de la Health Foundation británica que muestra que herramientas simples, como los sistemas de cribado o lectura de códigos de barras, reducen carga asistencial, mientras que otras más complejas, como la historia clínica electrónica, pueden mejorar la calidad, pero exigir más dedicación profesional.
Por ello, insistió en que el reto está en identificar en qué ámbitos la IA aporta mayor eficiencia y contribuye a la sostenibilidad económica de los sistemas tras el esfuerzo inversor de la pandemia. Spatharou distinguió tres ámbitos de aplicación de la IA con retornos de productividad distintos: el clínico, el operativo y el administrativo. Según su análisis, el mayor ahorro de tiempo se está produciendo actualmente en funciones operativas donde la automatización de tareas libera recursos humanos sin comprometer la seguridad. En el terreno clínico, donde la decisión profesional y la deliberación siguen siendo esenciales, el impacto debe medirse más en términos de apoyo y calidad que de mera eficiencia.

Entre los casos de uso prometedores mencionó los asistentes de voz en consulta, que permiten transcribir automáticamente las conversaciones médico-paciente y reducir la carga de documentación; las herramientas de validación de listas de espera y citación predictiva, que optimizan agendas y reducen inasistencias; y los agentes virtuales que acompañan al paciente en procesos, por ejemplo, preoperatorios o en el seguimiento de enfermedades crónicas. En todos ellos, insistió, el reto no es la tecnología sino la capacidad de integrar estas soluciones en el flujo real de trabajo con estándares de explicabilidad y seguridad.
Inteligencia artificial a lo largo de la cadena del medicamento
La directora de IBM también abordó el impacto de la IA en la cadena de valor del medicamento y en la investigación clínica. La automatización de procesos regulatorios y la generación de documentación asistida por IA están reduciendo los tiempos de revisión de meses a semanas, mejorando la consistencia y el cumplimiento normativo. En paralelo, la analítica avanzada y los gemelos digitales están transformando las fases de descubrimiento y diseño de ensayos, permitiendo modelar reacciones, predecir resultados y ajustar protocolos en tiempo real.
Para Spatharou, la integración de datos y algoritmos conforma un ecosistema continuo de valor, donde la IA conecta todas las fases del desarrollo y uso del medicamento, desde la investigación y los ensayos hasta la farmacovigilancia. Este modelo, señaló, demanda rigurosos mecanismos de control y transparencia, pero permite optimizar recursos y orientar el trabajo experto hacia la innovación y el conocimiento.
Otro aspecto abordado fue el paso del prototipo a la práctica clínica que, según esta experta, implica resolver tres cuestiones esenciales en materia de gobernanza, confianza y financiación. Spatharou subrayó que la confianza del paciente y del profesional es el activo más valioso y que solo se construye con transparencia y resultados verificables. Abogó por mecanismos regulatorios que eviten la proliferación de proyectos piloto sin continuidad y propuso marcos de evaluación centralizados, semejantes a los que ya opera en Inglaterra, para evitar que cada organización sanitaria tenga que reevaluar la misma solución. La Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) evalúa la seguridad y eficacia de las herramientas, mientras que el NICE determina su coste-efectividad y valor añadido, lo que proporciona una guía clara y agiliza su adopción.
Además, defendió que la adopción de herramientas de IA debe venir acompañada de financiación específica para el despliegue, de programas de formación para los profesionales y de una clarificación sobre la responsabilidad en caso de fallo tecnológico. “La expectativa de perfección sobre la IA, recordó, suele ser superior a la que se tiene sobre el ser humano, pero la cadena de responsabilidades todavía no está del todo resuelta”.
Barreras, narrativa y liderazgo para una adopción responsable
Spatharou dedicó el tramo final de su intervención a identificar las barreras que aún frenan la adopción de la IA en salud. En primer lugar, señaló la falta de recursos y financiación sostenida, que impide consolidar proyectos más allá de la fase piloto. A ello se suma la escasa transparencia sobre los objetivos “decir que queremos implantar IA no significa nada si no definimos qué valor queremos generar más acceso, mejor satisfacción, menor coste o más investigación”, advirtió.

También destacó la aversión al riesgo y la reticencia a compartir datos, reclamando una narrativa clara y transparente hacia la ciudadanía sobre el uso, la protección y el propósito de los datos sanitarios. Spatharou alertó de la proliferación de pruebas de concepto y pilotos que se repiten sin coordinación, cuando ya se conocen sus riesgos y beneficios. “Necesitamos priorizar, elegir dónde empezar y construir una visión compartida”, señaló, subrayando la importancia de definir una estrategia institucional y un liderazgo claro que determine qué casos de uso se impulsarán, con qué alianzas y bajo qué criterios de gobernanza.
Por último, insistió en que la educación y la gestión del riesgo son fundamentales para avanzar con confianza ya que “el riesgo es real, pero manejable”, afirmó. En este sentido recordó que los sistemas basados en IA ya están presentes en los entornos sanitarios y que la cuestión no es si deben usarse, sino cómo hacerlo con garantías y valores europeos. Defendió así la necesidad de desarrollar una IA al servicio del modelo europeo de salud, centrada en la equidad, la seguridad y el bienestar de las personas.
Un debate sobre ética, derecho y gobernanza
Tras las dos intervenciones principales, el coloquio continuó con un debate en el que Joaquín Cayón y José Luis Bezares del Cueto aportaron visiones complementarias desde el derecho sanitario y la gestión de la innovación. Ambos coincidieron en subrayar la centralidad de la confianza como condición indispensable para el desarrollo del Big Data y la IA en sanidad, así como la importancia de la transparencia algorítmica, la protección del dato y la claridad normativa en los proyectos públicos.
Cayón centró su intervención en formular una serie de preguntas a los ponentes anteriores, orientadas a los desafíos regulatorios, de gobernanza y de implementación del Espacio Europeo de Datos Sanitarios y de la IA en salud. En primer lugar, planteó la necesidad de integrar a la sanidad privada en la estrategia digital, recordando que también genera y gestiona grandes volúmenes de datos clínicos. Según él, “quizá debamos empezar a hablar de 19 servicios de salud”, aludiendo a los 18 mencionados por Juan Fernando Muñoz y añadiendo el sector privado.
Cuestionó además la compartición de la historia clínica entre los ámbitos público y privado, que, a su juicio, podría desarrollarse sin esperar al marco europeo. Otro de los temas destacados fue el retorno social del dato, subrayando que los datos clínicos son fruto del esfuerzo conjunto de pacientes, profesionales y organizaciones, y que debería buscarse una compensación o retorno adecuado por su reutilización con fines secundarios.

También abordó el debate sobre la confianza institucional, al referirse al futuro organismo nacional de acceso a los datos. Cayón defendió que este debería ser independiente del Ministerio de Sanidad, para evitar posibles sesgos o sospechas de privilegios en la concesión de autorizaciones, y garantizar así la transparencia y la igualdad de acceso.
Entre sus inquietudes, advirtió además del riesgo de retrasos legislativos en la transposición del Espacio Europeo de Datos Sanitarios, y preguntó si el Ministerio contempla medidas alternativas, como un real decreto-ley, en caso de que no se apruebe la Ley de Salud Digital dentro de los plazos previstos.
En su diálogo con Ángela Spatharou, destacó la dificultad actual para escalar los proyectos de IA, que no logran avanzar a fases posteriores por los requisitos del marcado CE. Propuso explorar una “regulación de geometría variable” o vías rápidas (fast track) para las IAs de uso básico y generalizado, evitando que la excesiva rigidez normativa frene su adopción.
Finalmente, formuló dos preguntas de alcance más amplio sobre el uso de la IA para optimizar los ensayos clínicos, reduciendo el número de pacientes necesarios, y otra sobre la dimensión geopolítica de la tecnología. Al respecto, reflexionó sobre el papel de Europa frente a Estados Unidos y China, y preguntó cómo debería configurarse un modelo regulatorio europeo propio, equilibrando innovación, seguridad y valores éticos.
En su respuesta, Muñoz coincidió con la importancia de avanzar hacia un modelo de gobernanza más cooperativo y transparente, que integre tanto a los servicios públicos como a la sanidad privada en la estrategia digital. Subrayó que el reto central es asegurar la interoperabilidad y el uso ético de los datos, preservando la confianza ciudadana y el valor social que generan.
El secretario general aclaró que el Organismo Nacional de Acceso a Datos ha sido asignado, de forma provisional, a la Secretaría General de Salud Digital del Ministerio de Sanidad. Reconoció que esta decisión se tomó tras un amplio debate, pero justificó su urgencia por los plazos marcados por la normativa europea, que hacen “materialmente imposible” crear un nuevo organismo independiente antes de 2027. En cualquier caso, Muñoz subrayó que España parte de una posición de liderazgo y que el país fue el primero en notificar oficialmente a Bruselas la designación del organismo nacional, reflejo del compromiso institucional con el calendario y con la consolidación del espacio común de datos en salud.
Además, confirmó que dada la importancia y necesidad de una Ley de Salud Digital ante la situación política que podría complicar la aprobación ordinaria de la misma, el Ministerio de Sanidad contempla como “plan B” la posible aprobación de un real decreto-ley.
Spatharou insistió además en que la financiación y los incentivos institucionales son esenciales para que los hospitales asuman el riesgo de incorporar innovación, y advirtió sobre la asimetría en la responsabilidad legal. “Sabemos qué ocurre cuando un médico comete un error, pero no cuando lo hace una IA”, planteó.
Respecto a los ensayos clínicos, señaló que la IA ya permite acelerar los procesos, optimizar combinaciones de moléculas y reducir costes, ampliando el abanico de enfermedades estudiables. Y, en cuanto al futuro regulatorio, reclamó una visión europea coordinada, basada en la colaboración entre agencias como el NICE y la FDA, que combine control y estímulo a la innovación.
Concluyó alertando de que Europa se encuentra rezagada frente a Estados Unidos en inversión y despliegue de IA sanitaria, y advirtió que “el riesgo no es sólo regular poco, sino cerrar tanto el sistema que deje de producir innovación”.
Confianza, transparencia y sostenibilidad como pilares de la transformación digital
José Luis Bezares del Cueto aportó una mirada desde la gestión autonómica al proceso de transformación digital del sistema sanitario. Bezares señaló que la digitalización sanitaria avanza al ritmo de la propia sociedad, inmersa en una transformación tecnológica global que está redefiniendo los procesos, las relaciones y la gestión del conocimiento. En este contexto, advirtió de que los retos éticos, de transparencia y de confianza se sitúan en el centro del debate. “La confianza es esencial tanto para los pacientes como para los profesionales; sin ella, ninguna herramienta tecnológica será realmente adoptada ni tendrá impacto”, afirmó.
Recalcó que esta confianza debe basarse en una transparencia efectiva, que no se limite a la comunicación institucional, sino que se traduzca en claridad sobre cómo funcionan los algoritmos, cómo se usan los datos y quién asume las responsabilidades derivadas de su uso.

Uno de los ejemplos más significativos, explicó, es la reciente sentencia del Tribunal Supremo que establece que el código fuente de las aplicaciones públicas constituye información de carácter público. Esto implica, dijo, que las administraciones deben estar preparadas para proporcionar esa información a los ciudadanos cuando sea solicitada. En el ámbito de la inteligencia artificial, reconoció que el concepto de “código fuente” puede resultar difuso ¿Es el algoritmo o son los datos?” pero consideró que ello no exime a los poderes públicos de avanzar hacia una mayor transparencia y trazabilidad.
Bezares destacó también la relevancia de la gobernanza del dato y la soberanía digital como principios estratégicos, especialmente en el uso secundario de los datos sanitarios. Mencionó la iniciativa europea GAIA-X, que promueve la creación de infraestructuras comunes de datos basadas en la confianza y la interoperabilidad, como ejemplo de las herramientas que Europa está poniendo en marcha para facilitar la compartición de datos de forma segura. Precisamente, la ciberseguridad fue otro de los aspectos relevantes planteados por este experto.
Desde la perspectiva de las comunidades autónomas, Bezares identificó dos grandes desafíos inmediatos. El primero, superar la fragmentación y la fase experimental de muchos proyectos de inteligencia artificial. “Tenemos numerosos pilotos y pruebas de concepto, pero el verdadero reto es pasar de la experimentación al rediseño estructural del sistema, incorporando la IA en todas las capas de la organización sanitaria, no sólo en la parte clínica”, subrayó.
El segundo gran reto, añadió, es el de la sostenibilidad financiera. Tras la finalización de los fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), advirtió que será necesario buscar nuevas vías de financiación y modelos estables que garanticen la continuidad de las iniciativas digitales.
Bezares defendió que esta transformación debe abordarse de manera colaborativa y transparente, combinando el impulso institucional, la cooperación entre administraciones y la apertura hacia el sector privado y los proveedores tecnológicos.
En su respuesta, Juan Fernando Muñoz coincidió en que la confianza es el principal activo del sistema sanitario, una fortaleza que España no puede permitirse perder. Recalcó que los riesgos de la IA no están sólo en su uso, sino también en su no utilización, porque desaprovechar herramientas validadas supone una pérdida de oportunidad para mejorar la eficiencia y aliviar la presión asistencial.
Por su parte, Ángela Spatharou añadió que no debe hablarse de la IA “como si fuera una sola cosa”. Spatharou explicó que existen modelos de inteligencia artificial completamente abiertos, otros totalmente cerrados y algunos híbridos, y que esa diversidad plantea un reto regulatorio. Si Europa establece requisitos de apertura demasiado rígidos, algunas empresas podrían optar por no ofrecer sus productos en el continente, mientras que un marco más flexible permitiría mantener la seguridad y la confianza sin limitar el acceso a la innovación. En ese sentido, planteó la necesidad de “crear mercado” desde los sistemas públicos, para obtener las soluciones que realmente necesitan los servicios de salud.














César Hernández, director general de Cartera y Farmacia del Ministerio de Sanidad:
Kilian Sánchez, secretario de Sanidad del PSOE y portavoz de la Comisión de Sanidad del Senado.:
Rocío Hernández, consejera de Salud de Andalucía:
Nicolás González Casares, eurodiputado de Socialistas & Demócratas (S&D - PSOE):
Juan José Pedreño, consejero de Salud de Murcia: