Cronicidad, envejecimiento, polimedicación, prevención, salud pública, nuevas terapias o continuidad asistencial. Los grandes desafíos que afronta el Sistema Nacional de Salud están poniendo el foco sobre una red de más de 22.000 farmacias comunitarias que políticos, antiguos responsables sanitarios, médicos, pacientes e industria consideran todavía insuficientemente integrada en el funcionamiento ordinario del sistema. El debate ya no parece estar tanto en demostrar el valor de la farmacia como en decidir cómo aprovecharlo y cómo incorporarlo, de forma coordinada y con resultados, a las estrategias sanitarias.
Esa fue una de las ideas que recorrió la jornada organizada por el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) con motivo del Día Mundial del Farmacéutico y que sirvió para presentar el libro ‘El valor de la Farmacia. Una perspectiva social y sanitaria’. La obra reúne las reflexiones de 63 personalidades del ámbito político, sanitario, institucional y social sobre la aportación de la profesión. El presidente del CGCOF, Jesús Aguilar, explicó que el propósito había sido precisamente que fueran otras voces las que hablaran de la farmacia, y no los propios farmacéuticos. Frases extraídas de esos artículos se utilizarán de forma recurrente en el próximo Congreso Nacional Farmacéutico de Oviedo, que se celebra la semana que viene.
Ese ejercicio permitió que buena parte del encuentro trascendiera el reconocimiento a la profesión y entrara directamente en el terreno de su integración sanitaria. César Hernández, director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia, situó incluso el Proyecto de Ley de los Medicamentos dentro de ese proceso. Explicó que la norma pretende integrar las actuaciones relacionadas con el medicamento “desde el Ministerio hasta la farmacia comunitaria” y defendió el carácter integrador que, a su juicio, aporta la propia denominación de oficina de farmacia comunitaria. Hernández consideró que el proyecto es “bastante equilibrado” y pidió empeño para sacarlo adelante porque “es necesario y representa una oportunidad”.
El director general vinculó esa integración con las propias cualidades de la farmacia y con la necesidad de que el sistema saque mayor partido de ellas. Hernández destacó el “trato entre personas, proximidad y confianza” que encuentra en la farmacia y sostuvo que “ese es el valor que tenemos que aprovechar”. “Incluso en situaciones muy dramáticas se encuentra allí un punto de contacto que debemos aprovechar para dar más potencia a nuestro sistema sanitario”, afirmó. Junto a esa dimensión humana, señaló las posibilidades que abren la digitalización, la receta interoperable y la evolución del sistema del cupón precinto, especialmente por su capacidad para generar un retorno de información útil para el SNS.

La necesidad de dar ese paso apareció después de forma reiterada en las dos mesas de debate. Silvia Calzón, exsecretaria de Estado de Sanidad, lo resumió en una idea especialmente significativa. “El reto no es demostrar el valor de la farmacia, porque la farmacia ya tiene ese valor”, sino que el desafío para la sociedad y las instituciones consiste ahora en “saber aprovechar todo ese potencial”, construido sobre una combinación de “capacidad, confianza y cohesión territorial y social”.
Integrarla desde el principio
José Javier Castrodeza, exsecretario general de Sanidad y Consumo, fue uno de los que formuló con mayor claridad hasta dónde debería llegar ese cambio. Su planteamiento pasa por que la farmacia deje de incorporarse a determinadas actuaciones cuando las estrategias ya están diseñadas y participe desde su concepción. “Se tienen que integrar más sólidamente en la estructura de decisión de las políticas de salud”, señaló, tras recordar que alrededor de dos millones de personas pasan diariamente por un establecimiento sanitario de este tipo.
Castrodeza puso como ejemplos las estrategias de vigilancia, diagnóstico precoz o educación sanitaria, ámbitos en los que, según explicó, con frecuencia se recurre posteriormente a los farmacéuticos para desplegar actuaciones. Frente a ese modelo, planteó su presencia desde el inicio en las políticas de cronicidad, cuidados, envejecimiento o salud mental. “¿Qué mejor que 22.000 puntos de asesoramiento científico y humano? Y qué poco los aprovechamos”, afirmó. Su propuesta tampoco pasa necesariamente por abrir una carrera de nuevas competencias, sino por “consolidar y exprimir al máximo las que tenemos, con una visión moderna”.
José Martínez Olmos, también exsecretario general de Sanidad y Consumo, defendió que farmacéuticos y farmacias deben formar parte de ese nuevo entorno. Recordó que la futura actividad de la Agencia Estatal de Salud Pública alcanzará cuestiones como los programas de vacunación y cribados y consideró que ahí existe “un espacio importante” para la profesión.
Pero el principal desafío que Martínez Olmos situó sobre la mesa fue la cronicidad y, especialmente, la multimorbilidad y la polimedicación. A su juicio, ahí se encuentra “el agujero de calidad más grande” del sistema sanitario actual, entre otras razones por los problemas relacionados con la selección y conciliación de la medicación. Ante una población que vivirá más años y acumulará más enfermedades y tratamientos, consideró “fundamental” incorporar al farmacéutico a la respuesta asistencial.
Su planteamiento incorpora además dos condiciones que evitan reducir el debate a una mera ampliación de funciones. Por un lado, exigencia de resultados. Por otro, una revisión de la retribución cuando esas funciones generen una aportación adicional al sistema. “El salto que hay que dar tiene que ir por ampliar las competencias de la farmacia, por supuesto exigiendo resultados, como es lógico, y en ese sentido la retribución tiene que contemplar ese tipo de planteamientos”, sostuvo. En este sentido, Martínez Olmos quiso poner en valor la eficiencia del modelo farmacéutico y recordó que el coste que tiene la red de farmacias para el Sistema Nacional de Salud, está en torno a los “3.000 millones de euros de un total de 100.000 millones” de gasto sanitario. Con esa cifra el sistema cuenta con 22.000 puntos de atención y más de 50.000 profesionales sanitarios en cada rincón de la geografía nacional.
José Manuel Miñones, exministro de Sanidad, apuntó igualmente hacia una mayor integración. “Necesitamos una sanidad cercana, equitativa, preventiva y humana. Y eso pasa por las farmacias rurales”, señaló antes de reclamar que se confíe más en ellas, se integren “plenamente en el sistema sanitario” y se las dote económicamente. Para Miñones, ese papel resulta especialmente evidente en zonas rurales donde la farmacia puede ser el profesional sanitario más accesible y, en ocasiones, el único.
Su aportación no se limitó a la asistencia farmacéutica. Prevención, autocuidado, detección de soledad o cohesión territorial forman también parte de una función que, según señaló, puede contribuir a reducir diferencias en salud. Alfonso Alonso, exministro de Sanidad, añadió otro elemento al debate al defender el modelo español de farmacia y considerar que la mejor vía para fortalecerlo consiste precisamente en profundizar en su papel asistencial y en su contribución al SNS.
Calzón también realizó un planteamiento desde la experiencia acumulada durante las diferentes crisis sanitarias. La pandemia, el volcán de La Palma y otras emergencias demostraron que la farmacia estaba disponible cuando el sistema la necesitaba. Para la exsecretaria de Estado, la lección que debe extraerse es precisamente que no puede utilizarse únicamente como mecanismo de respuesta cuando el problema ya se ha producido. “La farmacia se debe incorporar de una forma más estructurada también a la preparación, que es tanto o más importante que la respuesta”, reclamó.
Esa red, añadió, ofrece además una herramienta para la salud pública por su capacidad para detectar necesidades, fragilidad o situaciones de soledad no deseada. “La cuestión no es aportar más, sino exprimir mucho más lo que ya tenemos y saber estructurarlo”, resumió Calzón. Su reflexión conecta con otro de los espacios que los participantes identificaron para el futuro de la profesión, el desarrollo de la Agencia Estatal de Salud Pública.
La cronicidad exige coordinación
Si la primera mesa dibujó buena parte de las posibilidades de integración, la segunda puso sobre la mesa algunas de las condiciones necesarias para hacerlas realidad. Y una de ellas fue evitar que la farmacia desarrolle sus actuaciones como una estructura paralela al resto de niveles asistenciales.
La presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), Carina Escobar, describió un SNS “terriblemente fragmentado”, en el que la multimorbilidad y la polimedicación se enfrentan a una estructura con el hospital por un lado y atención primaria por otro. “Requiere un hilo conductor”, afirmó, antes de precisar que ese vínculo debe estar centrado en las personas. En ese modelo comunitario, consideró que la farmacia aporta una dimensión de proximidad, conocimiento del paciente, escucha y acompañamiento que debería aprovecharse.

Durante los últimos años, la farmacia comunitaria puso en marcha proyectos dirigidos a demostrar qué podía aportar desde la proximidad. Ahora, Escobar considera que ha llegado el momento de medir qué resultados en salud producen esas actuaciones y decidir a partir de ellos su incorporación al modelo asistencial. “Esto ya no puede seguir en paralelo. Tiene que estar coordinado y los profesionales deben alcanzar acuerdos”, reclamó. Para la presidenta de la POP, existe espacio para los distintos profesionales, con el médico hospitalario o de atención primaria como prescriptor y profesional de referencia para el paciente, pero con la necesidad de construir una respuesta diferente ante la complejidad creciente de los tratamientos.
La posición expresada desde la Organización Médica Colegial (OMC) apuntó en una dirección similar. Su presidente, Tomás Cobo, rechazó que el desarrollo de la farmacia deba interpretarse como una disputa por espacios profesionales. “Quien no entienda en el siglo XXI, en 2026, que la atención al paciente es multidisciplinar, no ha entendido absolutamente nada”, afirmó. Tampoco, añadió, puede suponerse que el liderazgo de esos equipos tenga que corresponder siempre al médico por ostentar la última responsabilidad sobre el acto médico.
Cobo pidió alejar el debate de planteamientos que enfrenten a farmacéuticos y médicos u otros profesionales y situó cronicidad y envejecimiento como dos grandes oportunidades para trabajar conjuntamente. La coordinación entre atención primaria, hospitales, farmacia hospitalaria y resto de profesionales será, en su opinión, “absolutamente crucial”, al igual que el papel preventivo de la farmacia en salud pública. “La idea no es enfrentar una consulta con otra”, resumió, sino identificar conjuntamente los problemas y buscar soluciones.
Para conseguirlo, la comunicación deberá dejar de depender de experiencias particulares. “No podemos depender de iniciativas personales muy valiosas, pero que no son la norma”, advirtió posteriormente. Cobo reclamó que esa comunicación esté ordenada y reglada, especialmente en atención primaria, y señaló como instrumentos necesarios la inteligencia artificial, la digitalización y “una historia clínica compartida, dentro del ámbito que corresponde a cada profesional y de sus competencias”.
También Escobar situó los datos como requisito para avanzar ya que “sin datos no podemos actuar”. La fragmentación del SNS tiene, a su juicio, una traslación directa a los sistemas digitales y la farmacia no puede quedar al margen si se pretende desarrollar una atención integrada. Por ello pidió conectar sistemas de información, evitar duplicidades y planificar conjuntamente ya que “el farmacéutico comunitario tiene que estar integrado”.
La digitalización puede convertirse, además, en una herramienta para abordar la polimedicación. Martínez Olmos explicó que el Plan de Cronicidad de Andalucía cifra en el 40 por ciento la población mayor de 65 años polimedicada, más de un millón de personas. Ante la dificultad de manejar esa realidad desde las consultas ordinarias, defendió equipos multidisciplinares y puso como ejemplo una experiencia en Granada en la que farmacéuticos utilizan inteligencia artificial para detectar precozmente problemas de pacientes polimedicados y trasladar posibles soluciones al médico.
Acercar también la innovación
La mayor integración de la farmacia comunitaria plantea también interrogantes sobre el acceso a la innovación. En este sentido, la presidenta de Farmaindustria, Fina Lladós, consideró que una parte de los medicamentos que actualmente permanecen en dispensación hospitalaria podría, por sus características, trasladarse a la farmacia comunitaria, siempre dentro de lo permitido por la legislación y la normativa.
Su planteamiento parte de la proximidad ya que evitar determinados desplazamientos al hospital permitiría acercar la atención al paciente y aprovechar el conocimiento del farmacéutico cuando este retira su medicación, especialmente en personas polimedicadas. “Ahí existe una oportunidad para acercarlos al paciente y ofrecerle la atención del farmacéutico, que puede aportar muchísimo conocimiento directo”, afirmó Lladós, quien señaló que se produjeron conversaciones estratégicas en esta dirección y que “queda un capítulo abierto”.
La presidenta de Farmaindustria extendió ese potencial a los programas poblacionales de cribado, la prevención y la adherencia terapéutica. En su opinión, la farmacia puede favorecer una mayor participación en actuaciones como el cribado del cáncer colorrectal y aportar además información generada durante el seguimiento del paciente. El análisis de datos abre, según señaló, otra oportunidad para conocer qué ocurre con la adherencia y dónde no se consiguen los resultados esperados.
Desde la perspectiva de los pacientes, Escobar coincidió en la conveniencia de aproximar determinadas terapias, pero introdujo una diferencia esencial entre acercar un medicamento y acercar verdaderamente la atención. “No se trata solo de que un señor en una moto lleve la medicación a mi casa. Esa no es la solución”, señaló. Para la presidenta de la POP, cualquier nueva modalidad de dispensación debe acompañarse del conocimiento del plan terapéutico, consejo farmacéutico y capacidad para consultar posibles interacciones.
La presidenta de la Federación de Distribuidores Farmacéuticos (Fedifar), Matilde Sánchez, añadió a ese escenario el papel de la distribución de gama completa como soporte de una red que alcanza todo el territorio. Recordó que España cuenta con más de 22.200 farmacias y que 4.400 se encuentran en municipios de menos de 5.000 habitantes, donde en ocasiones constituyen el único recurso sanitario disponible. Para Sánchez, esa capilaridad aporta una cercanía física, pero también otra “afectiva”, construida sobre la relación y la confianza entre farmacéutico y paciente.
Esa capacidad de la farmacia para asumir un papel más amplio cuenta, según explicó, con el respaldo de una distribución mayoritariamente cooperativa. Sánchez recordó que cerca del 90% de la distribución farmacéutica española está constituida por cooperativas y defendió la estrecha relación existente entre ambos eslabones. “Cuando se toman decisiones, especialmente las estratégicas, siempre se tiene presente la razón de ser de la distribución, que es la farmacia, y a través de ella al paciente”, afirmó. El objetivo último, señaló, es garantizar que el ciudadano pueda acceder al medicamento con independencia del lugar donde viva y que la farmacia disponga a su vez de una estructura capaz de sostener esa prestación.
Sánchez consideró que esa alianza entre distribución y farmacia permite avanzar hacia nuevos servicios en un sistema sanitario “tensionado”, aunque puso una condición a esa evolución. La farmacia tendrá que adaptarse a la cronicidad, las nuevas terapias, los tratamientos cada vez más complejos, la digitalización y la inteligencia artificial, pero “manteniendo su alma y sin perder su esencia”. Para la presidenta de Fedifar, esa esencia está precisamente en “la cercanía y esa humanidad que nada reemplaza”, elementos que deberían preservarse mientras farmacia y distribución amplían su aportación al sistema sanitario.
Lladós coincidió en preservar ese componente humano al tiempo que se incorporan tratamientos más complejos. A su juicio, la farmacia debe prepararse para recibir más innovación, acompañar al paciente y “hacer fácil lo complejo”. También planteó un papel adicional como generadora de información para el propio sistema sanitario, mediante datos que permitan mejorar la atención, conocer la adherencia y detectar dónde no se obtienen los resultados esperados.




Lilisbeth Perestelo: