En una sociedad que envejece de forma progresiva, el porcentaje de personas de 65 o más años se habrá incrementado en España del 20,4% actual al 30,5% en 2055, según datos del INE. Ante este escenario, una alimentación adaptada a las necesidades nutricionales de la persona mayor cobró más relevancia que nunca, al ser clave para favorecer su autonomía, salud física y mental, además de su bienestar emocional.
El organismo experimentó cambios y distintas necesidades en función de la edad, lo que hizo necesario poner más atención en aspectos específicos de la alimentación. Alicia López de Ocáriz, directora médica de Grupo Cinfa, apuntó que envejecer conlleva modificaciones como la pérdida de masa muscular, una menor sensación de sed o la falta de apetito. Estos factores, junto con un estilo de vida activo, ayudaron al cuerpo a envejecer de forma más saludable y a prevenir enfermedades
Cambios fisiológicos y composición corporal
Entre las transformaciones que sufrió el cuerpo en esta etapa, se incluyeron modificaciones en la composición corporal, con un aumento de la masa grasa y una pérdida progresiva de la muscular y la ósea. Paralelamente, los procesos digestivos se ralentizaron y la sensación de sed disminuyó de forma significativa. Con el paso de los años, apareció dificultad para masticar, pérdida de apetito y una disminución del sentido del gusto y del olfato
Estas alteraciones redujeron el interés por los alimentos o llevaron a consumir comidas excesivamente azucaradas o sazonadas. En cambio, se redujo el consumo de carne, frutas y verduras crudas. A estas condiciones físicas se sumaron factores sociales; ciertas situaciones de aislamiento y soledad suelen inducir a las personas mayores a cuidar menos su dieta o a saltarse comidas. López de Ocáriz recalcó que estas circunstancias no siempre fueron bien entendidas ni atendidas desde el punto de vista nutricional por los propios pacientes o sus cuidadores. La falta de atención a estos cambios pudo tener consecuencias como carencias de nutrientes, deshidratación o malnutrición.
Estrategias para la masa muscular
La nutrición en la tercera edad se asentó sobre tres aspectos fundamentales: una correcta hidratación, un consumo de proteínas óptimo y el aporte regular de fibra. Estos pilares permitieron retrasar la pérdida de masa muscular y favorecer el tránsito intestinal. López de Ocáriz recordó consejos generales como apostar por la dieta mediterránea y evitar el exceso de grasas o alimentos precocinados.
Una persona mayor solía necesitar entre 70 y 90 gramos diarios de proteína, dependiendo de su peso y estado de salud. Para cubrir este aporte, no solo se debió pensar en la proteína animal, como carnes magras, pescado o huevos, sino también en legumbres, lácteos, cereales y frutos secos. Garantizar este aporte proteico y distribuirlo en todas las comidas principales resultó crucial para no comprometer la fuerza muscular y aumentar el riesgo de caídas.
Gestión de la hidratación diaria
El agua debió seguir siendo la fuente principal de hidratación, sin ser sustituida por bebidas azucaradas o alcohólicas. Una hidratación adecuada fue crucial para evitar problemas de estreñimiento, una patología común cuando la motilidad intestinal se ralentizó. Se recomendó beber agua de forma regular, incluso sin tener sed, habitualmente entre 1,5 y dos litros al día. No obstante, esta cantidad debió adaptarse a factores como el clima, la salud o la actividad física.
Como complemento, los caldos e infusiones resultaron opciones apetecibles para mantener la hidratación. También se sugirió el consumo de frutas y verduras ricas en agua, como el melón, la sandía, la naranja o el pepino. En el caso de personas con disfagia, que suelen ingerir menos líquidos, el control de la hidratación fue un punto crítico.+2
Abordaje de la salud intestinal
Para favorecer el buen funcionamiento del intestino y prevenir el estreñimiento, se consideró necesario aumentar la ingesta de fibra. Un aporte diario de 25 a 30 gramos de fibra fue la recomendación para mejorar el tránsito. Siempre que no existiera dificultad para tragar, se incluyeron en la dieta frutas con piel, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos.
La flora intestinal en esta etapa tiende a desequilibrarse, por lo que la combinación de una hidratación adecuada y fibra dietética actuó como medida preventiva.
Adaptaciones por dificultades de deglución
Para asegurar la nutrición en pacientes con problemas de deglución o disfagia, se tomaron precauciones como triturar alimentos sólidos o sustituir el agua por espesantes o gelatinas. Se recomendó evitar frutas y verduras con pepitas y piel en estos casos específicos. Texturizar alimentos, mediante la preparación de cremas de legumbre, purés proteicos o lácteos enriquecidos, facilitó la ingesta.
Los espesantes se definieron como sustancias diseñadas para modificar la textura de los alimentos y hacerlos más seguros de tragar. Asimismo, se recomendó evitar preparados donde se mezclaran texturas, como sopa con fideos, galletas en leche o frutas como la naranja y la uva, para prevenir atragantamientos.
Entorno y frecuencia de ingesta
La postura durante la comida influyó en la seguridad del paciente. Se recomendó no dar de comer en la cama, sino en un entorno sin distracciones y con una postura erguida. El cuidador debió situarse delante de la persona, a su altura, ofreciendo el cubierto desde abajo para evitar que el paciente estirara el cuello, lo cual facilitaría que la comida fuera hacia las vías respiratorias.
En cuanto a la frecuencia, se sugirió realizar cinco o seis comidas al día en horarios regulares. Comer de todo en menor cantidad pero con más frecuencia permitió mejores digestiones y un control superior de los niveles de azúcar y grasa en sangre.
Palatabilidad y técnicas de cocina
Debido a la pérdida del gusto y el olfato, cuidar la palatabilidad de la comida fue fundamental para que los alimentos resultaran apetecibles. Se pudieron emplear especias, hierbas aromáticas, vinagres, limón, ajo o cebolla para condimentar, evitando siempre el abuso de la sal. Las técnicas culinarias más apropiadas fueron el horno, el escalfado, el rehogado, el vapor, la plancha o el cocido, evitando frituras y salsas grasas.











César Hernández, director general de Cartera y Farmacia del Ministerio de Sanidad:
Kilian Sánchez, secretario de Sanidad del PSOE y portavoz de la Comisión de Sanidad del Senado.:
Rocío Hernández, consejera de Salud de Andalucía:
Nicolás González Casares, eurodiputado de Socialistas & Demócratas (S&D - PSOE):
Juan José Pedreño, consejero de Salud de Murcia: