Terapéutica

MTA: Gras aboga por simplificar los acuerdos y avanzar en la disponibilidad y uso de datos

La directora general de Farmacia de la Generalitat Valenciana, Elena Gras, advirtió de las dificultades para medir los resultados y utilizarlos en las decisiones de financiación de los medicamentos de Terapias Avanzadas (MTA). La reorganización de los hospitales y la necesidad de aprovechar mejor los datos centraron también el debate sobre terapias avanzadas celebrado en el 71 Congreso de la SEFH.
José Luis Poveda, Elena Gras y Eloína Núñez

Los acuerdos de financiación por resultados de las terapias avanzadas necesitan simplificarse, disponer de variables homogéneas y apoyarse en sistemas de información capaces de convertir los datos clínicos en decisiones. Así lo defendió Elena Gras, directora general de Farmacia de la Generalitat Valenciana, durante el 71 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), celebrado en Gran Canaria. La responsable autonómica reconoció las dificultades del modelo actual y cuestionó su capacidad para responder adecuadamente a la incertidumbre clínica y económica que acompaña a estos medicamentos.

La reflexión se produjo durante la mesa ‘Implementación hospitalaria de terapias avanzadas. Mirando hacia el futuro’, moderada por José Luis Poveda y en la que también participó Eloína Núñez, gestora sanitaria de las Sociedad Española de Directivos de Salud (Sedisa). Los tres coincidieron en que la incorporación de estas terapias requiere cambios que van más allá de la disponibilidad de nuevos tratamientos. La financiación, la organización de los circuitos asistenciales, la coordinación entre hospitales y el seguimiento prolongado de los pacientes forman parte de una transformación para la que las estructuras actuales presentan limitaciones.

Gras planteó que los acuerdos de financiación deben reunir dos condiciones fundamentales. Por un lado, deben ser “útiles” para resolver incertidumbres concretas y resultar “viables” para las organizaciones encargadas de medir sus resultados, además de aportar información para la toma posterior de decisiones. Sin embargo, expresó sus dudas sobre el cumplimiento de estos objetivos. “La pregunta está en si realmente esto lo conseguimos y yo que creo que no”, afirmó. Como ejemplo de las dificultades existentes, señaló que ni siquiera en las terapias CAR-T se utilizan necesariamente los mismos plazos y variables de seguimiento para los diferentes medicamentos. Por ello, reclamó que “medicamentos similares tengan acuerdos similares”.

La directora general reconoció la complejidad de las negociaciones que dan lugar a estos acuerdos y defendió el trabajo de quienes participan en ellas, aunque consideró que los resultados no siempre responden a las necesidades del sistema. A ello se suman las dificultades para registrar los resultados a través de Valtermed, una tarea que adquiere especial importancia cuando los desembolsos económicos están vinculados a la evolución de los pacientes.

En este contexto, recordó que la incertidumbre asociada a las terapias avanzadas tiene una doble dimensión. Por una parte, existen dudas clínicas derivadas de la información disponible en el momento de su incorporación y de la necesidad de comprobar su eficacia y seguridad a largo plazo. Por otra, los elevados desembolsos que pueden exigir estos tratamientos obligan a buscar fórmulas de financiación que permitan distribuirlos en el tiempo.

La recogida de resultados, por tanto, no puede considerarse una actividad administrativa independiente de la financiación. “Los datos son parte del proceso de financiación”, insistió Gras, que reclamó una mayor implicación de las organizaciones sanitarias y de los profesionales en su obtención y registro.

Simplificar y normalizar los acuerdos

Entre las mejoras propuestas, Gras situó la simplificación de los acuerdos de financiación, la selección de resultados que realmente puedan medirse y la normalización de las condiciones aplicadas a terapias similares. A su juicio, no resulta razonable mantener procedimientos excesivamente complejos cuando las organizaciones sanitarias carecen de capacidad suficiente para proporcionar la información que requieren.

También defendió que el seguimiento de resultados debe concentrarse especialmente en aquellos medicamentos cuya incertidumbre clínica y económica justifique una evaluación posterior. Aunque el nuevo marco de evaluación de tecnologías sanitarias contempla el ciclo de vida completo del medicamento, consideró que no será posible recoger resultados en salud de todos los tratamientos con la misma intensidad.

La responsable valenciana vinculó estas necesidades al desarrollo de sistemas de información interoperables que permitan compartir información entre centros y aprovecharla para la evaluación. Asimismo, reclamó una mayor homogeneidad de los acuerdos y recordó que su mejora exige la participación tanto de las administraciones sanitarias como de las compañías farmacéuticas.

La cuestión de los datos ocupó una parte relevante del debate. Gras reconoció que las organizaciones sanitarias disponen de abundante información, pero no siempre consiguen utilizarla para modificar decisiones previamente adoptadas. “Tenemos un montón de datos, pero no somos capaces de transformar esos datos en una decisión a posteriori”, señaló.

La misma preocupación expresó Núñez, que cuestionó que los sistemas sanitarios utilicen principalmente la información para describir la actividad realizada, en lugar de aprovecharla para anticipar decisiones. “Solo miramos los datos para ver lo que pasó, pero no utilizamos los datos como instrumentos de decisión y de anticiparnos”, sostuvo.

A su juicio, esta limitación también responde a la dificultad para comparar resultados entre organizaciones que no utilizan las mismas variables. Reclamó avanzar en la gobernanza del dato y superar una visión de la gestión centrada en cuantificar consultas, pruebas o intervenciones, sin prestar suficiente atención a los resultados obtenidos.

Poveda compartió esta valoración y añadió otra dimensión del problema. Los profesionales sanitarios introducen diariamente información en los sistemas, pero las organizaciones no siempre se la devuelven de una forma que facilite sus decisiones clínicas. Para el moderador, el objetivo no debe limitarse a disponer de información útil para los gestores, sino proporcionar a los profesionales herramientas que reduzcan la incertidumbre de su actividad asistencial.

Transformar la organización hospitalaria

Las dificultades para financiar y evaluar adecuadamente las terapias avanzadas están estrechamente relacionadas con la necesidad de adaptar los modelos organizativos. Esta fue otra de las cuestiones centrales de la mesa, en la que Núñez defendió abandonar progresivamente una estructura hospitalaria compartimentada por servicios para avanzar hacia una organización basada en capacidades y procesos asistenciales.

La gestora sanitaria advirtió de que los hospitales han desarrollado un alto grado de especialización, pero mantienen estructuras que dificultan la colaboración entre profesionales. Esta situación resulta especialmente problemática en las terapias avanzadas, cuya administración requiere la participación coordinada de múltiples especialidades, equipos asistenciales y responsables de gestión.

Núñez utilizó como ejemplo el proyecto OptiCAR-T, desarrollado con metodología Lean y en el que participaron profesionales de distintas disciplinas. La iniciativa permitió analizar los tiempos de las distintas fases del proceso asistencial, desde la decisión de administrar una terapia CAR-T hasta su infusión, e identificar obstáculos relacionados con la tramitación administrativa, las autorizaciones o la disponibilidad de recursos hospitalarios.

Según explicó, el trabajo conjunto permitió identificar una reducción de seis días en los tiempos del proceso. Una mejora que consideró especialmente relevante por las características de los pacientes candidatos a estos tratamientos. La experiencia también puso de manifiesto que las diferencias entre hospitales no se limitan a la práctica clínica, sino que afectan a sus procedimientos de gestión.

Núñez defendió la necesidad de medir esas diferencias e introducir cambios organizativos a partir de los resultados. Sin embargo, advirtió de que la transformación requiere liderazgo, colaboración entre servicios y recursos adecuados. La reorganización de los circuitos no puede depender exclusivamente de la voluntad de los profesionales ni resolverse sin inversiones cuando estas sean necesarias.

Su propuesta de futuro fue explícita: “Pasar de un hospital organizado por servicios a un hospital organizado por capacidades y procesos”. En el ámbito específico de las terapias avanzadas, añadió la necesidad de crear estructuras transversales de gobernanza.

Redes autonómicas y seguimiento compartido

Gras presentó la organización desarrollada en la Comunidad Valenciana como respuesta a algunos de estos desafíos. La comunidad dispone de una estructura de gobernanza que combina la actividad de la Dirección General de Farmacia con una oficina autonómica de medicina predictiva personalizada y terapias avanzadas, ambas con participación de farmacéuticos hospitalarios en puestos de responsabilidad.

Esta organización se completa con los procedimientos autonómicos de solicitud y seguimiento de tratamientos, así como con la coordinación de los centros que participan en los procesos asistenciales. La directora general explicó que el modelo distingue las responsabilidades de los hospitales de origen, los centros donde se realiza la aféresis y los centros infusores, con el objetivo de garantizar la continuidad de la atención.

La comunidad cuenta con dos hospitales con unidades CAR-T, La Fe y el Clínico de Valencia, y trabaja en la organización de centros de leucoaféresis. Gras defendió que la especialización debe ser compatible con el acceso territorial y que la equidad no exige que todos los hospitales realicen las mismas actividades, sino que los pacientes tengan las mismas oportunidades de recibir los tratamientos que necesitan.

También destacó la centralización de determinados procedimientos de compra y seguimiento, así como el refuerzo de recursos en las unidades CAR-T, incluidos farmacéuticos hospitalarios y personal administrativo. Estas actuaciones buscan facilitar la gestión clínica, el registro de resultados y el cumplimiento de los compromisos asociados a la financiación.

Poveda insistió en que los modelos desarrollados inicialmente para las CAR-T deberán evolucionar ante la llegada de otras terapias avanzadas, especialmente aquellas que requieren un seguimiento prolongado tras una única administración. El paciente puede recibir el tratamiento en un hospital de referencia y continuar su atención durante años en otros centros, por lo que la información sobre la terapia y sus posibles efectos debe estar disponible para los profesionales que lo atiendan.

Esta realidad amplía la responsabilidad de las organizaciones sanitarias más allá de los centros que administran los tratamientos y refuerza la necesidad de compartir información clínica, establecer procedimientos comunes y garantizar la trazabilidad.

El papel de la farmacia hospitalaria

La sesión también abordó las nuevas responsabilidades que deberán asumir los servicios de farmacia hospitalaria. Gras reivindicó su capacidad para intervenir en la evaluación, la gestión, la elaboración y el seguimiento de los medicamentos, y defendió que estas competencias deben situarlos en una posición de liderazgo en el desarrollo de las terapias avanzadas.

En este sentido, Gras situó el fortalecimiento del desarrollo y la fabricación académica como una de las dos prioridades estratégicas irrenunciables para su departamento, junto a la interoperabilidad de los sistemas de información. Esta reivindicación fue respaldada por Poveda, quien defendió que la elaboración de medicamentos forma parte del núcleo competencial histórico de los farmacéuticos de hospital y que las terapias avanzadas académicas desarrolladas bajo la exención de uso hospitalario deben incorporarse de forma natural a sus áreas de capacitación. Para la directora general, este rol elaborador no solo legitima el liderazgo de la farmacia hospitalaria en el abordaje de las terapias avanzadas frente a los desarrollos comerciales, sino que resulta indispensable para articular la investigación translacional y garantizar la transferencia de los resultados clínicos al sistema público.

La directora general planteó, además, una reflexión sobre el futuro de las comisiones de Farmacia Hospitalaria ante la evolución del sistema de evaluación de tecnologías sanitarias. Aunque parte de la evaluación inicial y del posicionamiento terapéutico pueda adquirir un carácter más centralizado, consideró que seguirá existiendo un amplio espacio de trabajo para los servicios de farmacia en el seguimiento de los medicamentos y la valoración de sus resultados en la práctica clínica.

A su juicio, las comisiones han dedicado tradicionalmente mucha atención a la evaluación previa a la incorporación de los medicamentos, mientras que el seguimiento posterior no siempre ha recibido el mismo esfuerzo. Reforzar esta segunda dimensión permitiría disponer de información más útil para revisar las decisiones y trasladar los resultados a los profesionales.

Núñez coincidió en la necesidad de potenciar el papel de los farmacéuticos hospitalarios y pidió a los gestores que no limiten su valoración al coste de adquisición de los medicamentos. Recordó que su actividad también puede evitar ineficiencias en otros ámbitos de la organización sanitaria y reclamó una mayor capacidad para medir y demostrar esa aportación.

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