Un grupo de expertos, compuesto por Alberto García Basteiro, Helena Legido Quigley, Carlos Álvarez Dardet, Alex Arenas, Rafael Bengoa, Carme Borrell, Margarita Del Val, Manuel Franco, Montserrat Gea-Sánchez, Juan Gestal, Beatriz González López-Valcárcel, Ildefonso Hernández-Aguado, Joan Carles March, José M. Martin-Moreno, Clara Menéndez, Sergio Minué, Carles Muntaner, Miquel Porta, Daniel Prieto-Alhambra y Carme Vives Cases, ha firmado un artículo, publicado en The Lancet bajo el título ‘Evaluation of the COVID-19 response in Spain: principles and requirements‘, en el que abogan por una evaluación independiente de la gestión de la pandemia, a nivel estatal y regional, con el fin de «identificar las áreas que necesitan mejoradas».
Apuntan de forma específica al sistema de atención sanitaria, al de Salud Pública y al de atención sociosanitaria de forma específica, y justifican la necesidad de proceder a esta evaluación con motivo de la llegada de una segunda oleada que está arrojando datos preocupantes con respecto a la situación del país.
De cara a esa evaluación, proponen tres requisitos y cuatro principios. El primer requisito es la «urgencia», y es que, opinan, dicha evaluación necesitaría ser iniciada «inmediatamente» y dar lugar a «resultados periódicos hasta el final de la pandemia».
La segunda condición tiene que ver con el consenso, en un país en el que la tensión política, dicen, «es alta». Consideran, a este respecto, que la medida debe contar con el apoyo de los partidos políticos, las sociedades científicas, los profesionales de la salud, los pacientes y la sociedad civil; mientras que la tercera tiene que ver con el «compromiso firme» de los gobiernos, central y autonómicos, «de escuchar las recomendaciones propuestas y actuar en esa línea».
Más allá de estas condiciones, sugieren el cumplimiento de cuatro principios. «El más importante», dicen, es el «la independencia de los miembros del comité» que lleve a cabo la evaluación y de quienes elijan a éstos. Para los autores, ser independiente implica «no haber trabajado en tareas de gobierno» y estar exentos de conflictos de intereses, que es como se declaran los autores de este manifiesto. Consideran que el perfil idóneo lo componen académicos españoles o expertos de otros países.
El comité deberá ser también «constructivo», es decir, debe centrarse «en ofrecer recomendaciones para solucionar situaciones, en vez de buscar responsables», y además deberá respetar el principio de igualdad de género y ser multidisciplinar. Finalmente, abogan por una evaluación «de amplio espectro», que analice efectos sanitarios, económicos y sociales y que aporte soluciones a nivel estatal y autonómico.
En cuanto a la estructura que debe darse al comité, apuntan la existencia de modelos como el propuesto por la OMS, el All-Party Parliamentary Group que se ha usado en Reino Unido, o la experiencia en el Estado de Victoria, en Australia. «Una propuesta puede consistir en seleccionar a un panel de expertos que cuente con el apoyo de un equipo científico, responsable de recoger toda la información y evidencia disponible. En paralelo, se pueden formar grupos de trabajo y hacer una llamada para la aportación de evidencia, implicando a sociedades científicas, organizaciones de pacientes y la sociedad civil», señalan.
«Animamos a los gobiernos central y autonómicos a llevar a cabo esta evaluación y servir así de ejemplo a otros países. Para ello, seguiremos apuntalando nuestras propuestas, para una evaluación basada en la evidencia científica, que se necesita con urgencia para poder orientar las políticas de salud pública y contribuir a superar la pandemia», concluyen.


César Hernández, director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia.:
Raquel Yotti, comisionada del Perte para la Salud de Vanguardia:
Juan Yermo, director general de Farmaindustria.:
Lilisbeth Perestelo: