El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) ha presentado una propuesta de guía para la creación e implementación de programas de prevención y control de infecciones (IPC) en el entorno sanitario. El organismo estima que en la Unión Europea se producen cada año más de 3,5 millones de casos de infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria (HAI), que provocan más de 90.000 fallecimientos anuales. Además, estas infecciones representan más del 70 % de la carga de resistencia antimicrobiana en la región.
La guía establece que las autoridades sanitarias nacionales tienen la responsabilidad última de asegurar el desarrollo de estas políticas. Para ello, el organismo propone la creación de una entidad responsable dentro de los ministerios de salud que coordine las actividades nacionales de IPC. Esta estructura debe contar con un equipo multidisciplinar que incluya especialistas en microbiología, enfermedades infecciosas, epidemiología y ciencias sociales y del comportamiento.
Nuevos ratios de personal especializado
Uno de los puntos clave del documento reside en la definición de recursos humanos mínimos para los centros hospitalarios. El ECDC recomienda asegurar una ratio mínima de un profesional de IPC a jornada completa por cada 250 camas en todos los centros sanitarios. Para entornos de alto riesgo, como los hospitales de cuidados terciarios y las unidades de cuidados intensivos, la recomendación se elevó a un experto por cada 100 camas para soportar la mayor demanda del programa.
El organismo enfatizó que el liderazgo de estos programas en los hospitales corresponde a la dirección del centro, que debe garantizar el apoyo al líder de IPC y asegurar los recursos materiales y financieros necesarios. Este equipo de trabajo tiene entre sus funciones la vigilancia de indicadores de proceso y resultado, la investigación de brotes y la formación continua del personal.
Enfoque en la conducta humana
La propuesta introduce de forma sistemática el uso de las ciencias sociales y del comportamiento para mejorar la adopción de las directrices técnicas. El organismo reconoció que el conocimiento limitado de los impulsores del comportamiento impactó negativamente en el éxito de las medidas. Por ello, instó a aplicar modelos como el COM-B, que analizó la capacidad, la oportunidad y la motivación como ejes para lograr el cambio de conducta necesario en los profesionales.
En lo relativo a la vigilancia, la guía apostó por la digitalización y la automatización del registro de datos. El ECDC instó a los países a invertir en sistemas informáticos que permitan la integración en tiempo real de datos microbiológicos, clínicos y administrativos. Esta infraestructura debe servir para proporcionar una retroalimentación rápida a los centros y orientar las intervenciones preventivas de forma precisa.
Finalmente, el documento reserva un espacio para los centros de cuidados a largo plazo, donde los riesgos de infección son prevalentes debido a la vulnerabilidad de los residentes. En estos entornos, la guía recomendó equilibrar las medidas de control con las preferencias personales y la calidad de vida de los usuarios. El documento concluyó que las intervenciones en higiene de manos, saneamiento y precauciones básicas no solo son efectivas para reducir las HAI, sino que resultaron coste-efectivas para los sistemas de salud.




Lilisbeth Perestelo: