El melanoma es uno de los ejemplos más paradigmáticos de la revolución terapéutica vivida en la oncología médica durante la última década. La combinación del diagnóstico precoz, la inmunoterapia y las terapias dirigidas cambia el pronóstico de muchos pacientes, tanto en estadios iniciales como avanzados de la enfermedad, lo que permite supervivencias prolongadas y respuestas mantenidas a largo plazo. Este giro terapéutico coincide con un incremento sostenido de la incidencia en España. Según el informe 'Las cifras del cáncer en España 2026', este año se diagnosticarán en el país 8.074 nuevos casos, de los cuales 4.009 corresponderán a hombres y 4.065 a mujeres.
Eva Muñoz-Couselo, vocal de la Junta Directiva de Seom y oncóloga médica del Hospital Universitario Vall d’Hebrón, destaca que el pronóstico cambia de forma radical según el estadio en el momento del diagnóstico, por lo que "identificar lesiones en fases iniciales tiene un impacto enorme en la supervivencia". Factores como el grosor tumoral, la ulceración, la afectación ganglionar o la mutación BRAF permiten estratificar el riesgo y adaptar las decisiones médicas. Actualmente, la supervivencia a cinco años supera el 90% en los pacientes diagnosticados en estadios iniciales.
A partir de 2016 se produjo un cambio de paradigma en el entorno adyuvante del melanoma localizado de alto riesgo, donde hasta entonces solo se disponía de interferón alfa a altas dosis. La llegada de los inhibidores de PD-1, concretamente nivolumab y pembrolizumab, mostraron mejoras significativas en la supervivencia libre de recaída y global. Asimismo, cobró interés el tratamiento neoadyuvante mediante la administración de inmunoterapia antes de la cirugía, una estrategia que genera una respuesta inmunológica más eficaz.
Evolución en estadios avanzados
El gran punto de inflexión en el tratamiento del melanoma avanzado fue el descubrimiento de los puntos de control inmunitario CTLA-4 y PD-1. Los inhibidores como ipilimumab, nivolumab y pembrolizumab consiguieron reactivar el sistema inmunitario frente al tumor. Los datos de seguimiento a diez años de la combinación de ipilimumab y nivolumab reflejan que el 43% de los pacientes continúan vivos y el 31% permanecen libres de progresión. Estas estrategias constituyen el tratamiento de referencia en primera línea para la enfermedad metastásica BRAF nativo y son opción preferente en presencia de la mutación.
El arsenal terapéutico continuó expandiéndose con la aprobación por la FDA en 2022 de nivolumab junto a relatlimab, un anticuerpo anti-LAG3. Además, la terapia celular con linfocitos infiltrantes de tumor recibió el visto bueno de la agencia americana en 2024 para pacientes pretratados, y los virus oncolíticos mostraron actividad en el ámbito de las terapias biológicas.
Aproximadamente la mitad de los pacientes presentan mutaciones en el gen BRAF, de forma específica la mutación V600. Tres combinaciones de inhibidores de BRAF y MEK forman parte de las opciones estándar de primera línea en estos casos: dabrafenib con trametinib, vemurafenib con cobimetinib y encorafenib con binimetinib. Estas herramientas se emplean preferentemente ante una elevada carga tumoral o progresión rápida debido a su velocidad de respuesta. En el caso del melanoma uveal avanzado, la aprobación de tebentafusp por la FDA y la EMA supuso un hito para los pacientes HLA-A*02:01 positivos. El aumento de la supervivencia y la cronicidad de los pacientes obligan ahora a reforzar la coordinación multidisciplinar y el seguimiento a largo plazo en los centros asistenciales.




Lilisbeth Perestelo: