ELEMENTO C: ARTÍCULO
La Federación Internacional Farmacéutica (FIP) ha publicado un nuevo libro blanco centrado en la acreditación profesional en farmacia y el reconocimiento profesional farmacéutico, una iniciativa concebida para responder al incremento de funciones avanzadas que asumen estos profesionales en los sistemas de salud de todo el mundo. El trabajo surge tras un mandato del Consejo de la FIP aprobado en Ciudad del Cabo en 2024, que dio lugar a la creación de un grupo de trabajo específico coordinado para abordar las certificaciones y credenciales tras la colegiación o registro inicial.
El documento argumenta que, a medida que la práctica farmacéutica se expande frente al envejecimiento de la población y el aumento de la carga de enfermedades crónicas, resulta imprescindible contar con marcos estructurados que validen las capacidades en entornos de atención directa al paciente y en disciplinas no clínicas. En este sentido, la publicación recalca que el desarrollo profesional abarca áreas como la docencia, la investigación, la política sanitaria, la regulación, la fabricación farmacéutica y la defensa de la profesión.
Para fundamentar su propuesta, el análisis toma como referencia la Declaración de Astana de 2018 y los Objetivos de Desarrollo de la FIP, en concreto el objetivo relativo al desarrollo avanzado y especializado. La entidad sostiene que la especialización farmacéutica requiere no solo conocimientos avanzados, sino también una autoridad explícita para el desarrollo de actividades clínicas definidas, responsabilidades documentadas en la toma de decisiones y resultados de servicio medibles.
El libro blanco establece una distinción conceptual entre la práctica avanzada y la especializada. Mientras que la práctica avanzada hace referencia a niveles superiores de capacidad y competencia aplicables de forma amplia a diversos campos, la especialización se enfoca en un área específica de conocimiento o grupo de pacientes, como la oncología, la geriatría, la farmacogenómica o la atención primaria.
El proceso metodológico seguido para la elaboración del texto incluyó la constitución de un grupo de trabajo internacional, la revisión de recursos previos de la organización y la recopilación de doce casos de estudio nacionales. Dichos análisis abarcan las experiencias de Australia, Canadá, Egipto, Indonesia, Malasia, Filipinas, Catar, España, Taiwán, Ucrania, Reino Unido y Estados Unidos, lo que permitió identificar una amplia variabilidad en la terminología, los estándares y los modelos de gobernanza aplicados internacionalmente.
Principios para un marco común
Para corregir esta fragmentación global, la FIP define ocho principios directores destinados a guiar el diseño de los programas de credenciales. El primer principio exige definir de forma clara el propósito, el alcance y los resultados esperados del sistema, garantizando su capacidad de respuesta a las prioridades sanitarias emergentes.
El segundo principio promueve un proceso de desarrollo transparente mediante el co-diseño y la colaboración entre organismos reguladores, entidades profesionales, educadores y profesionales en activo. Asimismo, el tercer principio establece la necesidad de contar con estructuras de gobernanza sólidas que garanticen la equidad, la transparencia y la portabilidad de las credenciales entre diferentes contextos o jurisdicciones.
El cuarto pilar exige dotar a los sistemas de recursos financieros y humanos sostenibles que aseguren su continuidad en el tiempo. Por su parte, el quinto principio determina la delimitación precisa de las responsabilidades de cada actor involucrado en el proceso de evaluación y mantenimiento de los títulos.
El sexto criterio requiere definir con exactitud los instrumentos de evaluación y las exigencias de renovación periódica de las credenciales, asegurando su adecuación a las competencias reales. El séptimo principio impone la implementación de un marco de garantía de calidad basado en la evidencia que evalúe el impacto en la atención a los pacientes.
Por último, el octavo principio defiende un enfoque regulatorio proporcional, denominado regulación justa o de impacto adecuado, que proteja la seguridad pública sin generar barreras innecesarias para el ejercicio profesional.
Diversidad de modelos internacionales
El análisis comparativo reflejó distintas soluciones regulatorias. En el caso de España, el documento destaca el modelo de residencia oficial para farmacéuticos especialistas (FIR) en las especialidades de Farmacia Hospitalaria, Análisis Clínicos, Bioquímica Clínica, Microbiología y Parasitología, Inmunología y Radiofarmacia. Por su parte, países como Reino Unido han articulado un marco basado en portafolios evaluados por la Royal College of Pharmacy que contempla desde la práctica inicial hasta el nivel consultor, además de la acreditación como prescriptor independiente.
En Estados Unidos conviven las certificaciones de la Board of Pharmacy Specialties con reconocimientos estatales y la integración de credenciales en instituciones federales como el Departamento de Asuntos de los Veteranos. En Asia, países como Malasia han formalizado un sistema estructurado desde el Ministerio de Salud con 19 especialidades clínicas reconocidas, mientras que Australia cuenta con vías acreditadas por el Australian Pharmacy Council.
A partir de estos hallazgos, la FIP formuló un conjunto de recomendaciones dirigidas a reguladores, Ministerios de Salud, universidades y empleadores. Entre las acciones prioritarias, la entidad pide alinear las normativas nacionales con el marco global de competencias de la organización, promover el uso del glosario oficial de la FIP y vincular la obtención de credenciales con incentivos profesionales concretos en materia de desarrollo de carrera, delimitación del ámbito de actuación y remuneración.
"No existe un modelo único de acreditación que se adapte a todos los sistemas sanitarios. Lo que se necesita es una base compartida de principios que se puedan adaptar a las circunstancias nacionales manteniendo la calidad, la credibilidad, la transparencia y un enfoque claro en la atención al paciente", declaró Bronwyn Clark, co-presidenta del grupo de trabajo del libro blanco y directora ejecutiva del Australian Pharmacy Council.




Lilisbeth Perestelo: