La inteligencia artificial (IA) está abriendo nuevas posibilidades para mejorar el trabajo de los servicios de farmacia hospitalaria, desde la automatización de tareas administrativas hasta el desarrollo de herramientas de apoyo a la práctica clínica. Sin embargo, su incorporación también está poniendo de manifiesto las dificultades de las organizaciones sanitarias para adaptarse a esta tecnología. Los expertos reclaman sustituir las restricciones generalizadas por mecanismos de gobernanza que permitan utilizarla con seguridad, delimitar responsabilidades y facilitar el desarrollo de nuevas soluciones.
Este fue uno de los principales mensajes de la mesa ‘IA: copiloto o sustituto’, celebrada en el 71 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), en Gran Canaria. El encuentro, moderado por Juan Alfredo Montero Delgado, farmacéutico del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, reunió a Emilio Monte Boquet, jefe de sección del Servicio de Farmacia del Hospital Universitario y Politcnico La Fe y coordinador del Grupo de Nuevas Tecnologías y Farmacia Hospitalaria Digital de la SEFH, y a José Miguel Caselles Gil, coordinador de procesos y de innovación vinculado a la Subdirección Médica de su hospital.
Montero planteó desde el inicio que el debate sobre si la IA debe utilizarse en farmacia hospitalaria está superado. La cuestión, a su juicio, es cómo incorporarla a los procesos asistenciales y organizativos con las garantías necesarias. Advirtió de que numerosos profesionales ya recurren a herramientas comerciales sin el respaldo de sus organizaciones, mientras otros desarrollan soluciones propias para resolver problemas cotidianos. Una situación que obliga a abordar tanto la seguridad y la legalidad de su utilización como la preparación de los farmacéuticos para asumir estas nuevas funciones.
Monte defendió que el riesgo no reside exclusivamente en utilizar la IA o renunciar a ella, sino en hacerlo sin la formación y los mecanismos de verificación adecuados. Aunque reconoció su capacidad para mejorar la productividad y la eficiencia, alertó de la facilidad con la que estas herramientas pueden ofrecer respuestas aparentemente convincentes que no siempre son correctas. Por ello, insistió en que la supervisión profesional y la validación clínica deben mantenerse como condiciones imprescindibles.
Gobernar más allá del algoritmo
Uno de los principales mensajes de Monte fue la necesidad de diferenciar la validación de una herramienta de la gobernanza de su aplicación. La primera permite comprobar si funciona correctamente y ofrece resultados suficientemente fiables. La segunda exige una visión mucho más amplia, que incluye el proceso en el que se integra, los datos que utiliza, las responsabilidades profesionales, los cambios organizativos y sus posibles consecuencias para los pacientes.
“Si empezamos por la herramienta, nos vamos a equivocar”, advirtió el especialista, que defendió la necesidad de identificar primero el problema que se pretende resolver. A partir de ahí, señaló, deben determinarse la viabilidad, los límites de utilización, los requisitos normativos y las evidencias que justifiquen su incorporación. Además, consideró imprescindible realizar una validación clínica en el contexto local, ya que una solución que ofrece buenos resultados en un hospital puede no funcionar de la misma manera en otro.
El coordinador del grupo de Nuevas Tecnologías de la SEFH también recordó que la responsabilidad de integrar la IA corresponde a las organizaciones, aunque estas deban establecer responsables funcionales para cada proceso. En el caso de las aplicaciones relacionadas con los medicamentos, reivindicó la participación de los servicios de farmacia tanto en la evaluación como en el seguimiento. La gobernanza, explicó, no termina con la implantación, puesto que los cambios en los modelos, los datos o las necesidades asistenciales pueden exigir modificaciones e incluso la retirada de una herramienta.
Junto a estos aspectos, Monte abordó las consecuencias que una utilización inadecuada puede tener sobre los propios profesionales. Alertó del riesgo de “perder competencias previamente adquiridas” o de no llegar a desarrollarlas cuando se depende excesivamente de la IA durante la formación o incluso “desarrollar competencias erróneas”. También señaló el posible agotamiento psicológico de quienes intentan adaptarse a una tecnología que evoluciona constantemente. Ante esta situación, reclamó una mayor implicación institucional en la formación y en la gestión del cambio.
Soluciones desde los servicios de farmacia
Frente a estas necesidades de organización y supervisión, Caselles presentó varias experiencias que muestran cómo la IA está facilitando el desarrollo de soluciones por parte de los propios profesionales sanitarios. A su juicio, una de las principales transformaciones es la reducción de las barreras técnicas que tradicionalmente separaban a los farmacéuticos de quienes podían desarrollar aplicaciones informáticas.
El especialista explicó que durante su residencia detectó importantes ineficiencias en la gestión de pedidos de su hospital, un proceso que requería numerosas llamadas, correos electrónicos y reclamaciones manuales. Para resolverlo, desarrolló una herramienta de automatización que permitió mejorar la trazabilidad de las reclamaciones y liberar tiempo de administrativos y técnicos de farmacia. Según expuso, la experiencia despertó el interés de 17 hospitales, que contactaron con él para conocer la solución, y llegó a plantearse su extensión a través del Servicio Madrileño de Salud.
Caselles presentó también una experiencia desarrollada junto al servicio de microbiología para automatizar la elaboración del boletín de resistencias antimicrobianas. El proceso anterior dependía de hojas de cálculo y de una importante dedicación manual, lo que había provocado retrasos. La nueva herramienta permite generar informes más detallados mediante un procedimiento automatizado.
Estas experiencias le llevaron a defender que los profesionales que conocen directamente los problemas de un servicio están especialmente preparados para identificar qué procesos necesitan mejorar. Frente a la incorporación de herramientas tecnológicas que no siempre responden a las necesidades reales, reivindicó la capacidad de los farmacéuticos para participar en el diseño de sus propias soluciones.
El ponente expuso además el desarrollo de KinetIA, un proyecto orientado a la individualización posológica y la farmacocinética que surgió en el ámbito del Foro de Innovación de la SEFH. La iniciativa continúa en fase de desarrollo, con búsqueda de financiación y el inicio de estudios de investigación. Caselles reconoció las dificultades técnicas, económicas y legales que aparecen cuando una idea pretende convertirse en una herramienta aplicable a la práctica profesional.
Su principal conclusión fue que la IA amplía las posibilidades de actuación del farmacéutico, pero no elimina la necesidad de criterio profesional. “A día de hoy, y lo sigo y lo creo firmemente, el criterio no nos lo va a quitar nadie”, aseguró. También defendió que el nivel de supervisión debe adaptarse al riesgo de cada aplicación, puesto que no requiere los mismos controles una tarea administrativa que una herramienta destinada a predecir o ajustar dosis de medicamentos.
Las restricciones y el papel de las organizaciones
El debate posterior puso de manifiesto algunas de las dificultades que encuentran los profesionales para trasladar estas iniciativas a sus centros. Enrique Tébar, del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, cuestionó las limitaciones impuestas al acceso a datos y al desarrollo de aplicaciones mediante IA, incluso en situaciones en las que los profesionales buscan automatizar tareas sin incorporar directamente información clínica a herramientas externas.
Tébar expuso las restricciones que, según su experiencia, afectan tanto al uso de bases de datos como a la utilización de inteligencia artificial para desarrollar aplicaciones informáticas. Planteó que estas limitaciones pueden resultar paralizantes para determinados proyectos y preguntó a los ponentes cómo habían conseguido superar las resistencias institucionales y obtener las autorizaciones necesarias.
Caselles reconoció que la complejidad normativa y la incertidumbre sobre las responsabilidades dificultan la puesta en marcha de iniciativas. Sin embargo, defendió que los riesgos deben evaluarse de forma proporcionada y que las decisiones de bloquear proyectos también tienen consecuencias. “El no firmar también tiene consecuencias”, afirmó, en referencia a la resistencia a asumir responsabilidades ante nuevas aplicaciones. A su juicio, resulta fundamental explicar a los responsables institucionales las garantías y los sistemas de calidad previstos para cada proyecto.
Monte coincidió en que existen límites legales que no pueden eludirse, especialmente cuando está comprometida la protección de los datos de los pacientes. No obstante, cuestionó que las organizaciones respondan a las incertidumbres mediante prohibiciones generalizadas. También distinguió entre utilizar IA dentro de un proceso asistencial y emplearla para desarrollar una aplicación informática que, una vez terminada, no necesita inteligencia artificial para funcionar.
El especialista advirtió de que algunas organizaciones están planteando nuevas restricciones incluso para este segundo tipo de aplicaciones. En su opinión, la falta de criterios claros y de estructuras capaces de supervisar los proyectos puede conducir a limitar iniciativas que deberían evaluarse según sus riesgos y características concretas. Frente a ello, defendió establecer procedimientos que permitan avanzar con seguridad en lugar de responder únicamente con nuevas prohibiciones.
La discusión se amplió con la intervención de Conrado Domínguez, coordinador del Grupo de Trabajo de Inteligencia Artificial de la Sociedad Española de Directivos de la Salud, quien preguntó por la influencia de la cultura de las organizaciones sanitarias en el éxito de estas iniciativas.
Monte insistió en que las instituciones tienen la responsabilidad de formar a sus profesionales y explicar qué puede esperarse de la IA. Cuestionó que se pretenda impedir el uso de herramientas que ya están a disposición de los trabajadores sin ofrecer alternativas ni establecer mecanismos adecuados para su utilización. “Mientras discutimos, el mundo sigue avanzando” y eso hace que el sistema “llega tarde” a la implantación de todos estos sistemas, “lo que pasa es que esto va tan rápido que llegamos muy tarde”, señaló.
Caselles cerró esta reflexión con una reivindicación del apoyo efectivo de las direcciones y gerencias. Explicó que sus proyectos habían podido avanzar gracias a la confianza de los responsables de su hospital, pero subrayó que no basta con expresar respaldo a la innovación. Es necesario dedicar profesionales, recursos y capacidad de ejecución para que las iniciativas puedan extenderse más allá de experiencias individuales.


César Hernández, director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia.:
Raquel Yotti, comisionada del Perte para la Salud de Vanguardia:
Juan Yermo, director general de Farmaindustria.:
Lilisbeth Perestelo: