La incontinencia urinaria (IU) constituye un trastorno caracterizado por la pérdida involuntaria de orina que afecta a entre el 4 y el 7 % de la población. A pesar de su incidencia, el miedo a la estigmatización, la vergüenza y el aislamiento provocan elevadas tasas de infradiagnóstico e infratratamiento, una situación que se agrava en mujeres y ancianos. Ante esta realidad, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCOF) se suma a la 'Semana Mundial de la Continencia', que se celebra desde este lunes hasta el próximo domundo, mediante la publicación de un informe técnico dirigido a visibilizar este problema de salud y potenciar la actuación del profesional farmacéutico.
La corporación farmacéutica remarca que el farmacéutico comunitario actúa como "un agente accesible para aportar educación sanitaria y reducir el estigma asociado". La labor asistencial resulta prioritaria en la revisión farmacoterapéutica, debido a que múltiples principios activos presentan la capacidad de precipitar o empeorar una IU preexistente, la nocturia, la urgencia o la retención urinaria. Entre estos fármacos se encuentran los diuréticos, los hipnóticos, los opioides, los antipsicóticos y las benzodiacepinas. Asimismo, ejercen este efecto los medicamentos con carga anticolinérgica, como los antidepresivos tricíclicos, los antihistamínicos y los antiespasmódicos, además de los inhibidores de SGLT2 empleados en el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2, la insuficiencia cardiaca y la enfermedad renal crónica.
Manejo de absorbentes terapéuticos
La intervención del farmacéutico también abarca el asesoramiento en la elección y uso de los productos absorbentes, adaptados a la intensidad de las pérdidas y la movilidad del paciente. El informe identifica fallos habituales en la práctica diaria, como la utilización de dispositivos con menor absorción de la requerida, lo que genera humedad, olor e irritación. Por el contrario, el uso de productos con una capacidad excesiva ocasiona roces y sudoración. El documento desaconseja de forma explícita la superposición de dos absorbentes, un error frecuente que altera la distribución del fluido, impide la funcionalidad del mecanismo y provoca maceración cutánea y fugas.
Criterios de derivación clínica
La detección de pacientes no diagnosticados se apoya en la escucha de expresiones habituales en el mostrador referidas a la urgencia o a la pérdida de fluido al toser o reír. El farmacéutico puede aprovechar la dispensación repetida de estos productos sanitarios para iniciar una conversación orientativa que evite que el absorbente sea la única respuesta al trastorno.
El protocolo del Consejo General establece unos signos de alerta específicos que exigen la derivación proactiva al médico. Estos criterios de sospecha clínica incluyen la aparición reciente o el empeoramiento claro de las pérdidas, la sospecha de afección neurológica acompañada de dolor lumbar fuerte con pérdida del control de la vejiga o el intestino, y la presencia de infecciones urinarias recurrentes. Del mismo modo, se requiere la evaluación médica si los síntomas persisten más de seis semanas con un impacto grave en la vida diaria o si se manifiesta dolor vesical y uretral continuo.




Lilisbeth Perestelo: