Política

El acuerdo entre Reino Unido y EE. UU. abre el debate sobre los límites del modelo NICE

Expertos en economía de la salud analizan el impacto del acuerdo angloamericano, que incrementa la inversión en medicamentos y modifica los criterios de coste-efectividad de evaluación tras 27 años sin cambios en sus márgenes.

El acuerdo comercial suscrito entre el Reino Unido y Estados Unidos en materia farmacéutica ha desencadenado una intensa controversia en el ámbito de la economía de la salud. La medida principal supone el incremento del umbral de coste-efectividad utilizado por el National Institute for Health and Care Excellence, que pasa de un rango de 20.000 a 30.000 libras por año de vida ajustado por calidad a una horquilla de 25.000 a 35.000 libras por variable de salud. Esta modificación, según explica un reciente artículo del Office of Health Economics (OHE), en el que señala que la medida representa un aumento de algo menos del 17 % en la parte alta de la horquilla, situándose como la primera variación aprobada desde la creación del organismo regulador en 1999, periodo en el que los precios generales registraron un incremento acumulado del 96,7 %.

Junto a la revisión del umbral económico, el compromiso asumido por las autoridades británicas contempla un aumento gradual del gasto en nuevos medicamentos. La trayectoria pactada establece que la inversión pasará del 0,30 % del producto interior bruto en 2026 al 0,35 % a finales de 2028, con la previsión de alcanzar el 0,40 % en 2030 y el 0,60 % en 2036. Según las estimaciones elaboradas por la House of Commons Library a partir de las proyecciones de la Office for Budget Responsibility, este incremento «supondrá un desembolso adicional de unos 1.700 millones de libras anuales para 2028 y de aproximadamente 14.000 millones anuales para el ejercicio 2036».

En contrapartida a estas concesiones en materia de precios y financiación de medicamentos, la administración británica garantiza «la exención total de los aranceles estadounidenses para su industria farmacéutica hasta enero de 2029». La amenaza inicial contemplaba la imposición de gravámenes de hasta el 100 % a los medicamentos de marca. Las exportaciones del sector británico destinadas al mercado estadounidense alcanzaron un valor cercano a los 6.600 millones de libras en 2024, sobre un volumen global de ventas al exterior de 24.600 millones de libras en ese mismo periodo.

Críticas por el coste de oportunidad

La respuesta de diversos investigadores de la economía sanitaria ante el pacto internacional ha resultado sumamente crítica. Análisis publicados por profesionales como Karl Claxton, Andrew Briggs, Francis Ruiz, junto con los estudios de Cross, Claxton y Hill aparecidos en el BMJ, sostienen que el incremento del gasto farmacoterapéutico «generará una pérdida neta de salud en el National Health Service». Sus proyecciones señalan que dedicar más recursos financieros a la adquisición de novedades farmacéuticas dentro de un presupuesto sanitario cerrado «desplazará la prestación de otras atenciones clínicas de mayor eficiencia productiva».

Los modelos empíricos desarrollados por la Universidad de York fijan el coste de oportunidad marginal del sistema público británico en torno a las 12.936 libras por unidad de salud lograda, mientras que las evaluaciones del Department of Health and Social Care emplean una cifra de referencia de 15.000 libras. Al financiar tecnologías con un umbral superior de hasta 35.000 libras, las estimaciones difundidas por estos autores calculan un impacto acumulado de 44.700 millones de libras adicionales hasta 2036 y calculan una cifra teórica de hasta 229.000 muertes en exceso durante dicho periodo por el desplazamiento asistencial.

Frente a estas proyecciones, análisis alternativos como los formulados por Graham Cookson cuestionan la premisa de que la maximización estricta de la salud mediante variables cuantitativas deba constituir el único criterio rector de las políticas públicas. La consulta gubernamental para la modificación de la normativa reguladora del organismo evaluador «define la fijación de los umbrales como una decisión de política pública reservada al Gobierno electo». Esta orientación busca ponderar factores socioeconómicos globales como la estrategia industrial, la atracción de inversiones internacionales y el fomento de la innovación biomédica.

Metodología de medida

El acuerdo incorpora asimismo la adopción obligatoria del instrumento de medición de calidad de vida EQ-5D-5L en sustitución del modelo previo EQ-5D-3L. La nueva escala presenta cinco niveles de gravedad frente a los tres anteriores, lo que otorga una sensibilidad superior para detectar variaciones en el estado de los pacientes. «La implantación de este sistema no generará un impacto uniforme en todas las evaluaciones, sino que provocará resultados diversos según el área terapéutica, aumentando el beneficio medido en determinados fármacos y reduciéndolo en otros tratamientos no orientados al prolongamiento directo de la vida».

Las evaluaciones sobre el coste real de la medida varían sensiblemente en función de la metodología y el horizonte temporal considerados por cada institución. El National Audit Office inició averiguaciones preliminares tras las peticiones parlamentarias de investigación sobre el impacto presupuestario global. Mientras las estimaciones gubernamentales cifran la afección directa «en unos 1.000 millones de libras para el periodo actual de revisión del gasto, los cálculos de la Treasury y la OBR prevén un aumento del gasto en medicamentos de marca del 25 %, equivalente a 3.300 millones de libras para el ejercicio 2028/29».

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