Profesión

Un compromiso que nunca se apaga

El COFM ha trabajado junto con la Consejería de Sanidad para establecer un protocolo excepcional que asegure la dispensación y la atención farmacéutica a los afectados por los incendios.
Manuel Martínez del Peral, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid

Entre las diversas historias que deja la catástrofe del fuego, los farmacéuticos se han puesto manos a la obra con un denominador común: vocación de servicio y predisposición de ayudar para que ningún paciente se quedase sin acceder a su medicación.

El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COFM) y la Consejería de Sanidad de la Comunidad se han mantenido en permanente contacto desde el inicio de la crisis, trabajando de manera coordinada y buscando, ante cada problema, aplicar soluciones que dieran respuesta a las necesidades de la población y de los farmacéuticos.

El pasado jueves, 30 de julio, y tras la apertura de las principales vías de acceso, el presidente del Colegio, Manuel Martínez del Peral, el vicepresidente 1º, José Manuel Becerra, y el vocal de Titulares de Oficina de Farmacia, Fernando Sánchez Méntrida, acudieron a algunos de los municipios afectados por los incendios para conocer de primera mano las consecuencias de las llamas y conversar con algunos de los farmacéuticos de la zona.

Una situación “grave” y “complicada”

En uno de los municipios afectados, Villa del Prado, Juan Gil, farmacéutico titular, recibe a los responsables del COFM en su farmacia y les explica cómo vivió la situación. Relata que el municipio estuvo confinado y que mucha gente sentía “miedo” ante una situación “grave” y “complicada”, con testimonios muy duros. “Hay personas de 70, 80 y 90 años que tuvieron que estar durante una semana durmiendo en un polideportivo y en torno a 40 vecinos perdieron su casa”, explica.

Narra también que, a raíz de la gravedad del incendio y de la situación de confinamiento, hubo población que no podía acudir a la farmacia a recoger su medicación y a la que él, personalmente, tuvo que llevar los tratamientos al domicilio. “Un ejemplo de ello es el caso de pacientes que dependían de sus hijos, que viven fuera, para adquirir sus medicamentos. Al no poder venir los hijos, se pusieron en contacto conmigo para que les llevase los medicamentos a casa”.

Esta fue precisamente una de las primeras medidas acordadas por Consejería y Colegio: compartir la información sobre las farmacias abiertas en las zonas más afectadas y coordinar con el operativo de emergencias la posibilidad de, en especial en los casos de poblaciones confinadas, garantizar incluso la visita de los farmacéuticos a las personas que necesitaran con urgencia su medicación.

Durante los primeros días, la farmacia de Gil, junto a la otra de la localidad, fueron los únicos agentes sanitarios presentes de forma continua en el municipio. Ahí su vertiente sanitaria estuvo siempre antepuesta a cualquier temor: “Por muy mal que esté la situación, el farmacéutico siempre está y la farmacia permanece abierta. Exactamente igual que pasó durante la pandemia”.

Una red sanitaria y social insustituible

Manuel Martínez del Peral reiteró durante la visita a las zonas afectadas el agradecimiento del Colegio a la labor realizada por los farmacéuticos de la región ante esta catástrofe. ​"Lo que ha pasado estos días demuestra que la farmacia rural no es un establecimiento más. Es una nueva demostración de su valor esencial y de que sus profesionales siempre están comprometidos cuando se necesita, por difícil que resulte la situación. Las farmacias son una red de seguridad sanitaria y social insustituible. En los momentos de crisis es donde se ve la verdadera vocación de nuestra profesión, y estos días nuestros colegiados nos han dado una lección de entrega a todos", concluyó.

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