“La salud debe dejar de entenderse exclusivamente como una política sanitaria para ocupar también un espacio central en las políticas industrial, científica, económica y de seguridad estratégica”. Ese fue uno de los principales mensajes con los que Fina Lladós, presidenta de Farmaindustria, abrió en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) el XXV Encuentro de la Industria Farmacéutica Española, una edición que coloca la innovación, la competitividad y la autonomía estratégica en el centro del debate sectorial.
La reflexión de Lladós encontró continuidad en la conferencia inaugural que ofreció el secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades, Juan Cruz Cigudosa, quien definió la salud como un “reto del país” que excede su consideración como política sectorial. Para Cigudosa, la innovación farmacéutica no constituye únicamente una herramienta con la que responder a las transformaciones actuales, sino que dispone de capacidad para orientarlas mediante la confluencia de salud, competitividad y seguridad estratégica.
El encuentro cumple 25 años en un escenario que Farmaindustria describió como marcado simultáneamente por una intensa transformación científica y tecnológica y por un contexto internacional complejo. Los avances en biología molecular, terapias avanzadas, medicina personalizada, inteligencia artificial y ciencia de datos conviven con la competencia geopolítica, las tensiones sobre la financiación de la innovación y las cadenas de suministro y el debate sobre la competitividad europea.
Ese contexto llevó a Lladós a plantear un marco de actuación que va más allá de la prestación sanitaria y debe entenderse y actuar desde diversos escenarios y no solo del ámbito sanitario. A su juicio, los acontecimientos de los últimos años mostraron que disponer de capacidades científicas, industriales y tecnológicas propias “no es sólo una ventaja, es una necesidad”.
Desde esa perspectiva, la presidenta de Farmaindustria situó como objetivo de la industria innovadora la transformación de la ciencia en soluciones para la sociedad y los pacientes. Al mismo tiempo, advirtió de que los procesos de cambio plantean interrogantes sobre cómo articular innovación, tecnología y sistema sanitario, cuestiones que estarán presentes en las dos jornadas del encuentro.
La salud, reto de país
Cigudosa profundizó en esa concepción transversal de la salud durante su intervención. Los desafíos sanitarios globales, las tensiones sociopolíticas y las transformaciones tecnológicas, señaló, obligan a decidir si España quiere limitarse a observar los cambios o participar en su orientación. “La salud ya no es una política sectorial, excede el sector”, aseguró antes de definirla como “un reto del país”.
El secretario de Estado situó la pandemia como uno de los momentos que modificaron esa perspectiva y obligaron a contemplar la salud como una realidad estratégica que requiere visión, instrumentos y capacidades. A su juicio, aquella crisis mostró fortalezas, pero también vulnerabilidades relacionadas con la capacidad propia de producción, investigación e innovación, así como la importancia de compartir datos y coordinar ciencia, industria y sistema sanitario.
En ese marco encuadró el PERTE para la Salud de Vanguardia, concebido para conectar tres dimensiones: la salud de las personas, la ciencia y la innovación y el desarrollo industrial. Según los datos expuestos por Cigudosa, a junio de 2026 el PERTE comprometió 2.168 millones de euros de fondos públicos y movilizó 374 millones de inversión privada. El programa reunió además a administraciones públicas, comunidades autónomas, centros de investigación, hospitales, industria y ciudadanía mediante la Alianza de la Salud de Vanguardia.
Una de las cuestiones a las que el secretario de Estado dedicó especial atención fue la transformación digital. Cigudosa presentó los datos como una infraestructura estratégica y señaló que el PERTE incorporó entre sus objetivos tanto los datos como la transformación digital de la asistencia sanitaria. Según explicó, la inversión realizada en este ámbito alcanzó los 500 millones de euros.
El reto, planteó, consiste ahora en conseguir que ese conocimiento se traduzca también en capacidad empresarial, empleo cualificado, inversión y desarrollo tecnológico. La cuestión pasa, en palabras del secretario de Estado, por transformar la ciencia en industria y superar una de las debilidades que identificó en el sistema español, como es la traslación ya que existe una gran dificultad para convertir una ciencia, que calificó de excelente, en compañías globales, cadenas de valor industriales y ventajas competitivas sostenibles.
Ciencia con capacidad industrial
Cigudosa vinculó esa necesidad con la estrategia española de tecnologías profundas o ‘deep tech’, dotada, según expuso, con 8.000 millones de euros para el periodo 2026-2030. La estrategia dirige el 80 % de sus recursos hacia ámbitos en los que España y Europa encontraron tradicionalmente mayores dificultades: transferencia, escalado empresarial e industrialización de la innovación.
Dentro de ese planteamiento, destacó el fondo Innvierte Deep-Tech Tech Transfer, articulado entre el CDTI, el Fondo Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Inversiones, con una dotación de 353 millones de euros destinada a facilitar inversiones de capital riesgo. Cigudosa sostuvo que la autonomía estratégica no puede construirse únicamente mediante la protección de las cadenas de suministro, sino también a través de la capacidad para liderar las tecnologías que definirán la próxima generación de medicamentos, terapias y tratamientos.
El secretario de Estado situó también en esta lógica el Programa Estratégico de Salud de Vanguardia 2025-2027, continuación del PERTE. El nuevo programa, explicó, mantiene como finalidad mejorar la salud de la población y generar crecimiento económico e industrial a través de ciencia, innovación y tecnología digital, al tiempo que busca avanzar desde la recuperación hacia una transformación de carácter estructural.
Esa transformación implica, según Cigudosa, dejar de limitar la actuación a la financiación de proyectos concretos para avanzar hacia la construcción de capacidades permanentes. Entre ellas incluyó el refuerzo de la transferencia y la cooperación entre territorios, centros de investigación, universidades, sistema sanitario y empresas. También relacionó estos objetivos con la Estrategia de la Industria Farmacéutica y con la nueva etapa de Profarma como instrumento de apoyo a las compañías que inviertan en producción, investigación, sostenibilidad y empleo.
En este punto, el secretario de Estado defendió que la autonomía estratégica en salud descansa en “una industria fuerte, innovadora y competitiva”. Su planteamiento coincide con el marco trazado por Farmaindustria al inicio del encuentro: preservar la capacidad para investigar, innovar y producir medicamentos mientras los avances científicos llegan a los pacientes y generan también prosperidad.
Los pacientes como referencia
Lladós quiso, no obstante, evitar que la dimensión económica, tecnológica e industrial desplazara el objetivo sanitario de esos procesos. Aunque consideró fundamentales los debates sobre inteligencia artificial, datos, regulación o innovación, defendió que el centro de la conversación continúan siendo las personas. “Detrás de cada debate sobre regulación hay pacientes esperando una respuesta. Detrás de cada decisión sobre innovación hay familias anhelando más tiempo y más calidad de vida para sus familiares. Y detrás de cada avance tecnológico hay una expectativa humana”, afirmó.
La presidenta de Farmaindustria reclamó además colaboración entre los distintos agentes y rechazó que gobiernos, industria o sistema sanitario puedan responder por separado a los grandes retos de la salud. Esa cooperación, señaló, es una de las razones que explican la continuidad durante 25 años de un encuentro que reúne a administraciones, profesionales sanitarios, investigadores, economistas, pacientes, universidades y empresas.
El aniversario sirvió también para mirar hacia la siguiente etapa. Lladós planteó que los 25 años deben utilizarse no solo para revisar el recorrido realizado, sino para preguntarse qué se quiere construir durante los próximos 25. En ese horizonte, la inauguración dejó una idea transversal: la innovación farmacéutica y la salud se sitúan en un espacio en el que confluyen bienestar, ciencia, capacidad industrial, competitividad y autonomía estratégica, con los pacientes como referencia final de esa transformación.



Lilisbeth Perestelo: