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Nuevos datos avalan al sector biotecnológico como actividad económica ‘de alto impacto’

En las próximas semanas, Asebio dará a conocer su análisis de la situación del sector en España, incluyendo nuevos datos sobre su aportación a la economía nacional, que supera los 7.000 millones de euros.

El sector de la biotecnología se consolida como una industria de alto impacto con una aportación por encima de los 7.000 millones (7.067) y una proporción del 0,44% del Producto Interior Bruto (PIB) y 95.000 empleos. Son algunas de las cifras que se darán a conocer próximamente, ha declarado Ion Arocena, director general de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio) en el marco del encuentro BioSpain 2026, que se celebra del 29 de septiembre al 1 de octubre en el Bilbao Exhibition Centre (BEC) bajo el lema “Bioinnovation that clicks”.

Arocena ha ejercido de anfitrión y moderador en una de las sesiones (han sido varias) en las que se ha abordado la futura ley europea de biotecnología, ahora dividida en dos fases estratégicas separadas, conocidas como Biotech Act I y II.

Por otra parte, para la elaboración de este análisis se ha desarrollado un indicador de escalabilidad que muestra un dinamismo y potencial particularmente acusado para las empresas pequeñas del sector (entre 10 y 49 trabajadores). Esta variable se atenúa con el aumento de tamaño de las organizaciones hacia estructuras medianas y grandes corporaciones.

El valor más alto, para dichas empresas, es de 5,4 puntos; 1,9 para microempresas de menos de diez empleados; 1,5 para medianas empresas  (50-249 empleados); y 0,4 para corporaciones de mayor envergadura.

El estudio señala como principal desafío para el sector de salud y biomedicina la traducción de la innovación biomédica del laboratorio a un producto regulado, fabricable y accesible. 

Dentro de dicho proceso, las barreras consideradas críticas incluyen regulaciones rígidas, complejos procesos de certificación, financiación para fases avanzadas de desarrollo y disponibilidad de personal especializado, entre otras.

Del diagnóstico (del sector) al tratamiento

Arocena compartió sesión con Ana María Bravo, de Europabio; Miguel Gómez-Pavón, del Ministerio de Industria, y Kristin Schreiber, directora de la división de productos químicos, salud, comercio minorista y agroalimentación de la Comisión Europea.

Como viene siendo habitual, los expertos se mostraron de acuerdo en la apreciación del liderazgo investigador europeo, que contrastaron con la necesidad, pendiente, del escalado industrial, sobre todo cuando se compara con el dinamismo de otros mercados (China).

Schreiber hizo referencia a diversas iniciativas de la Comisión, además de la propia legislación sobre biotecnología, para que las empresas superen ese temido “valle de la muerte” que precede al escalado, incluyendo iniciativas relacionadas con la financiación. 

Por su parte Gómez-Pavón recordó que en España la base de empresas cuya actividad principal es la biotecnología muestra un crecimiento interanual del 10%. 

En su opinión, será clave facilitar que tengan acceso a instalaciones piloto y de demostración, instrumentos financieros adecuados a cada fase de desarrollo, marcos administrativos claros y coordinación mejorada entre diferentes administraciones.

Agilidad regulatoria

La agilidad regulatoria fue la primera idea que planteó Ana María Bravo, a sabiendas de que las agencias reguladoras están realizando esfuerzos considerables para evaluar terapias y productos innovadores de alta complejidad en un contexto de limitación de recursos. Es algo que lamenta como uno de los factores que ralentizan la llegada al mercado. 

Por su parte, apuesta por evitar la dispersión de las plantas piloto y la simplificación de las autorizaciones.

Biotecnología y medicina personalizada

La segunda jornada del encuentro ha dado espacio también a  las oportunidades que ofrecen los biomateriales inteligentes, los sistemas avanzados de liberación de fármacos y las terapias avanzadas para desarrollar tratamientos más precisos y adaptados a cada paciente.

Para los responsables de i+Med, la evolución de estas tecnologías resulta especialmente relevante en el desarrollo de una medicina personalizada. “El futuro de la medicina personalizada pasa también por conseguir que los tratamientos se adapten a las características y necesidades concretas de cada paciente. Las tecnologías de liberación controlada permiten modular dónde, cuándo y cómo actúa un principio activo y, combinadas con herramientas avanzadas de diagnóstico y monitorización, pueden contribuir a diseñar terapias cada vez más individualizadas”, señalaba Amaia Huguet, directora de Operaciones de I+D en la compañía.

“En patologías complejas, las tecnologías de administración pueden desempeñar un papel decisivo para mejorar el comportamiento de tratamientos sofisticados y facilitar que alcancen el tejido donde deben actuar. El reto es conseguir que estas soluciones tengan una clara orientación traslacional desde las primeras fases de investigación y que puedan validarse de forma robusta en las etapas preclínica y clínica”, añadía.

Para que estas innovaciones puedan avanzar, la colaboración entre los distintos agentes del ecosistema resulta fundamental. La conexión entre empresas biotecnológicas, centros de investigación, hospitales y el sector de la industria permite combinar conocimiento científico, desarrollo tecnológico y experiencia aplicada, reduciendo la distancia entre el descubrimiento y su utilización en pacientes, ha recordado también.

“El reto no termina cuando se demuestra el potencial científico de una terapia. Es necesario convertir ese conocimiento en procesos, firmes, reproducibles y escalables que permitan desarrollar y fabricar el producto de forma eficiente. La colaboración entre compañías biotecnológicas, centros de investigación, fabricantes y socios especializados desde etapas tempranas es fundamental para reducir riesgos y acelerar el desarrollo”, explicaba en BioSpain Elena Erroba, directora comercial de 3PBIOVIAN.

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