El Complejo Asistencial Universitario de Salamanca afianza la implantación del programa Cardioncofar, una iniciativa concebida para estructurar un circuito asistencial y multidisciplinar orientado a la prevención y detección precoz de la cardiotoxicidad derivada de las terapias oncohematológicas. Este circuito integra a los servicios de Farmacia Hospitalaria, Cardiología, Oncología Médica, Oncología Radioterápica y Hematología dentro de un marco de trabajo colaborativo que busca evitar suspensiones no deseadas de tratamientos antineoplásicos e identificar de forma temprana situaciones de riesgo clínico.
El proyecto surgió en el hospital salmantino en el marco de un protocolo institucional aprobado en 2024 con el propósito de ofrecer una respuesta rápida ante el manejo de la toxicidad cardiovascular y las interacciones farmacológicas. Estas complicaciones entre tratamientos antineoplásicos y cardiovasculares representan una causa relevante en la interrupción de esquemas terapéuticos que de otro modo resultan eficaces. La incorporación proactiva del farmacéutico en la Unidad de Cardio-Onco-Hematología ha permitido canalizar la revisión farmacoterapéutica y establecer rutas estructuradas en la práctica diaria del centro.
«El enfoque colaborativo es uno de los pilares del proyecto, ya que consideramos que el manejo óptimo del paciente requiere de una atención coordinada y un abordaje multidisciplinar. Para el Servicio de Farmacia, este proyecto ha supuesto participar más activamente y de forma integrada en la Unidad de Cardio-Onco-Hematología, estableciendo circuitos estructurados en la práctica real», explica María Paz Valverde Merino, farmacéutica especialista del hospital, investigadora del IBSAL y profesora de la Universidad de Salamanca.
El circuito se inició con una fase de pilotaje en 44 pacientes diagnosticados de cáncer de pulmón no microcítico en tratamiento por vía oral. Durante este periodo inicial, la estratificación del riesgo cardiovascular se realizó aplicando las escalas validadas HFA-ICOS y SCORE2, al tiempo que se monitorizó de forma específica el uso de medicamentos o combinaciones con riesgo de generar la prolongación del intervalo QT. La experiencia acumulada permitió consolidar el protocolo y extender la evaluación a la práctica habitual del complejo asistencial.
Actualmente, el procedimiento de valoración se aplica de forma sistemática a los pacientes que van a comenzar tratamientos oncohematológicos clasificados de alto riesgo cardiotóxico. Del mismo modo, la intervención abarca a aquellas personas con antecedentes o riesgo cardiovascular alto que inician terapias antineoplásicas orales. El seguimiento no se ciñe exclusivamente a la duración del tratamiento, sino que la asistencia se prolonga durante todo el periodo terapéutico e incorpora pautas de control posteriores.
El protocolo postratamiento contempla de forma explícita una evaluación cardiovascular al cumplirse un año de la finalización de la terapia antineoplásica. Asimismo, la estrategia asistencial estipula una reestratificación del riesgo a los cinco años para prevenir e identificar la aparición de complicaciones cardiovasculares tardías en los supervivientes.
Integración en la validación terapéutica
La aportación del Servicio de Farmacia en este engranaje se centra en el análisis minucioso de las interacciones y los efectos adversos que pueden comprometer tanto el esquema oncológico como el estado cardíaco del paciente. Cuando el farmacéutico detecta una situación de alto riesgo en el momento de validar el tratamiento antineoplásico, la alerta se transmite directamente a los médicos responsables. Esta comunicación previa a la instauración de la terapia permite adecuar el esquema farmacoterapéutico, estrechar el control del intervalo QT o derivar de forma preventiva al paciente al Servicio de Cardiología.
Respecto a este abordaje, Valverde señala que con este proyecto hemos apostado a que la Gestión Basada en Valor no requiere partidas presupuestarias extraordinarias, sino liderazgo, coordinación estrecha y poner verdaderamente al paciente en el centro». La especialista añade que «la integración proactiva del farmacéutico en el equipo multidisciplinar permite proteger la salud cardíaca del paciente sin interrumpir su tratamiento antineoplásico, ofreciendo un modelo sostenible, eficiente y exportable a cualquier centro del Sistema Nacional de Salud».
En relación con el proceso de instauración de los circuitos, la farmacéutica afirma que «el mayor reto fue identificar y superar las barreras organizativas y generar circuitos nuevos de comunicación». Igualmente, la farmacéutica enfatiza que «la buena disposición, la confianza recíproca y el apoyo desde la dirección del centro nos han permitido demostrar que innovar dentro del Sistema Sanitario es posible».
Eficiencia operativa y recursos propios
Uno de los aspectos definitorios del programa Cardioncofar reside en que su desarrollo se realizó en su totalidad mediante la reorganización de los recursos propios del complejo hospitalario. La iniciativa no requirió financiación externa ni partidas presupuestarias extraordinarias, sino la creación de nuevas vías de trabajo entre los servicios para incrementar la eficiencia de las intervenciones y evitar duplicidades.
El impacto organizativo y la aportación de valor clínico de esta iniciativa motivaron su reconocimiento en la II Edición de los Premios Kreando Konocimiento, certamen convocado por el Observatorio de la Gestión Basada en Valor de la Sociedad Española de Directivos de la Salud y la compañía Kyowa Kirin. Estos galardones distinguen aquellos proyectos de Farmacia Hospitalaria que aportan mejoras demostradas en el ámbito asistencial y en la sostenibilidad del sistema sanitario.
A propósito de este reconocimiento, Valverde Merino expone que «recibir este premio supone un reconocimiento del valor del trabajo multidisciplinar y de la atención integral al paciente». En la misma línea, subraya que «el proyecto integra al farmacéutico hospitalario como pieza clave para mejorar la seguridad, los resultados en salud y la calidad de vida de los pacientes».
La metodología sobre la que se asienta Cardioncofar, fundamentada en herramientas de valoración validadas y protocolos unificados de actuación, facilita que el modelo resulte exportable a otros centros del Sistema Nacional de Salud. La estandarización de los procesos de revisión y el seguimiento prolongado buscan dar respuesta al incremento continuo de supervivientes oncohematológicos con necesidades de seguimiento cardiovascular a largo plazo.


Lilisbeth Perestelo: