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La OCDE cifra el coste de la enfermedad mental en la UE en 76.000 millones anuales

El organismo internacional estima que la depresión, la ansiedad y los trastornos por uso de alcohol restarán 2,5 años de esperanza de vida saludable y reclama modelos de apoyo comunitario y reducir la brecha de acceso asistencial en los Estados.

La salud mental se sigue consolidando como uno de los desafíos de salud pública más prevalentes y costosos para la Unión Europea. Según la tercera edición del informe 'The Economic Case for Preventing Mental Ill Health', más del 20% de la población de los países de la OCDE y la UE experimentó un trastorno mental en 2023. Esta situación genera un impacto económico que la organización cifra en una reducción del 1,7% del Producto Interior Bruto (PIB) anual. En términos presupuestarios, la atención de estas patologías absorbió aproximadamente el 6% de los presupuestos totales de salud, lo que supuso un coste de 76.000 millones de euros anuales para el conjunto de la Unión Europea.

El impacto clínico se tradujo en una carga asistencial creciente y una reducción de los indicadores de bienestar. La OCDE estimó que la depresión, la ansiedad y los trastornos por consumo de alcohol restarán 2,5 años de esperanza de vida saludable en la UE entre 2025 y 2050. Además, estos trastornos contribuyeron a cerca de 28.000 muertes prematuras cada año. A pesar de que la mayoría de los países implementaron políticas nacionales, el organismo advierte que persisten grandes brechas en el acceso a la atención.

El deterioro de la salud mental joven

La situación resultó especialmente crítica entre los menores de 25 años. El informe específico para ese sector de población, 'Child, Adolescent and Youth Mental Health in the 21st Century' documenta que la salud mental de niños y adolescentes empeoró de forma constante durante la última década. En la actualidad, más de uno de cada cuatro individuos de entre 11 y 24 años experimentó un trastorno mental. El análisis destacó que el 62,5% de las patologías mentales debutaron antes de los 25 años, con un pico de aparición situado en los 14,5 años.

Los indicadores de bienestar para adolescentes y adultos jóvenes declinaron en la mayoría de los países entre 2012 y 2022. Las niñas y las adolescentes de mayor edad fueron las más afectadas por esta tendencia. En este sentido, las hospitalizaciones por autolesiones entre niñas de cero a 17 años aumentaron un 29% entre 2015 y 2023 en los 13 países que aportaron datos.

Nuevos modelos de intervención temprana

Ante el incremento de la demanda, la OCDE propuso priorizar servicios de apoyo de bajo umbral y carácter holístico. Los expertos consultados consideraron casi de forma unánime que el nivel de apoyo actual es demasiado bajo y que las estructuras existentes dependen en exceso de respuestas clínicas de alto umbral. Por ello, el informe destacó modelos como el de Australia o Países Bajos, que integran la participación de pares para reducir el estigma y mejorar la adherencia.

La organización subrayó la necesidad de abordar los determinantes sociales y económicos, como la inseguridad financiera o el estrés académico, para frenar la tendencia actual. También instó a evaluar el impacto de las políticas digitales, dado que el uso excesivo de dispositivos se asoció con interrupciones del sueño y un mayor riesgo de ansiedad y depresión. La mejora en la recopilación de datos se presentó como un requisito esencial, ya que menos de un tercio de los países de la OCDE disponen de series temporales representativas sobre la salud mental juvenil.

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