El Servicio de Farmacia Hospitalaria del Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra ha evaluado el impacto económico y clínico de un apagón eléctrico total de 15 horas sobre la consulta de enfermedades inmunomediadas. El corte de suministro, acontecido el 28 de abril del pasado año afectó de forma directa a pacientes externos que custodiaban medicamentos biológicos termolábiles en sus domicilios. Como explica la farmacéutica Sandra Caíña López, coautora del trabajo, "el trabajo surgió a raíz del apagón eléctrico del 28 de abril" y la consulta más afectada fue la de inmunomediadas, ya que "gran parte de los tratamientos biológicos que se dispensan para las especialidades de Reumatología, Dermatología o Digestivo requieren conservación en frío".
Al dispensarse habitualmente medicación para cubrir dos meses de tratamiento, los pacientes son los encargados de mantener la cadena de frío en sus neveras domésticas. Tras el restablecimiento del fluido eléctrico, el servicio recibió numerosas consultas telefónicas y presenciales. Caíña recuerda que "durante las horas posteriores al restablecimiento del suministro eléctrico, comenzamos a recibir numerosas consultas" de pacientes que "querían saber si sus medicamentos seguían siendo seguros". Ante esta situación, el equipo revisó la información de estabilidad fuera de nevera incluida en la ficha técnica de todos los medicamentos que dispensan.

Los facultativos iniciaron un estudio observacional retrospectivo que incluyó a 49 pacientes, de los cuales el 70% eran mujeres, con una mediana de edad de 49 años. Por especialidades, el 59% de los casos correspondió a Reumatología, el 33% a Dermatología y el ocho por ciento a Gastroenterología, siendo el diagnóstico más frecuente la artritis reumatoide con un 30%. Los principios activos implicados fueron adalimumab, etanercept, certolizumab, belimumab, ixekizumab, secukinumab, dupilumab, tocilizumab, abatacept, risankizumab y sarilumab. El equipo analizó la estabilidad de cada opción y determinó que la mayoría de los fármacos permanecían estables hasta 14 días a temperatura ambiente, aunque algunos presentaban periodos de estabilidad más cortos, como belimumab, risankizumab, secukinumab e ixekizumab. Únicamente el 35% de los pacientes pudo confirmar que su nevera mantuvo la temperatura adecuada.
Impacto asistencial y económico
La intervención farmacéutica concluyó que el 82% de los pacientes pudo utilizar su medicación de forma segura. Caíña destaca que "la principal conclusión es que la intervención realizada permitió garantizar la seguridad de los pacientes en todo momento" y que "el 82% de los pacientes pudo continuar su tratamiento con normalidad, sin necesidad de retirar ni sustituir la medicación". No obstante, fue necesario desechar 43 unidades que se encontraban en los domicilios, lo que generó una pérdida económica estimada de 9.343 euros. El impacto interno en el hospital fue limitado debido a los generadores propios. Algunos pacientes pospusieron la recogida del tratamiento porque en sus domicilios las neveras no funcionaban correctamente, pero Caíña recalca que "en ningún momento se interrumpió la actividad asistencial del servicio".
La experiencia demostró la utilidad de la educación sanitaria para evitar actuaciones erróneas. Del total de unidades desechadas, 15 pertenecían a pacientes que habían congelado los medicamentos en un intento de preservarlos. Caíña apunta que "en ausencia de información específica, pueden adoptarse medidas bien intencionadas, pero inadecuadas" y añade que "una correcta educación puede evitar este tipo de situaciones en el futuro". A raíz de los resultados, el servicio planea incorporar recomendaciones en las hojas de información escrita que entregan al inicio del tratamiento, con pautas básicas como evitar la congelación de los fármacos y contactar con el hospital antes de desechar el producto. El estudio ha sido elaborado junto a las facultativas Andrea Bartolomé Figueroa, Ana Belén Veiga Villaverde y Rosario Olivera Fernández.


Lilisbeth Perestelo: