El tratamiento de los linfomas experimentó una profunda transformación durante las últimas décadas gracias a la incorporación progresiva de nuevas herramientas farmacológicas. A las combinaciones de quimioterapia y a los anticuerpos monoclonales se sumaron anticuerpos conjugados, inhibidores de la tirosina quinasa de Bruton (BTK), anticuerpos biespecíficos, inmunoterapia y terapias celulares CAR-T. Este arsenal terapéutico permite seleccionar estrategias adaptadas al subtipo de linfoma y a las características de cada paciente, lo que contribuyó a mejorar de forma significativa su pronóstico.
Coincidiendo con el Día Mundial del Linfoma, que se celebra este martes, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) destacó los principales avances producidos en este grupo heterogéneo de neoplasias dentro de su campaña 'En Oncología cada AVANCE se escribe en Mayúsculas'. En España se estima que en 2026 se diagnosticarán 12.201 nuevos casos de linfomas no hodgkinianos y 1.792 casos de linfoma de Hodgkin, según recoge el informe 'Las cifras del cáncer en España 2026'. La supervivencia neta estandarizada a cinco años para pacientes diagnosticados entre 2013 y 2017 alcanzó el 85,5 % en el linfoma de Hodgkin y el 68,8 % en los linfomas no hodgkinianos.
Desde el punto de vista del diagnóstico, la incorporación de técnicas de inmunohistoquímica, citogenética y secuenciación genómica permite caracterizar con mayor precisión las alteraciones biológicas de cada tumor. En el ámbito estrictamente farmacológico, la tendencia más relevante muestra que tratamientos inicialmente reservados para pacientes con múltiples recaídas avanzan progresivamente hacia fases más precoces de la enfermedad.
Innovación en primera línea
En el linfoma de Hodgkin clásico avanzado, uno de los avances principales recientes fue la incorporación de la inmunoterapia a la primera línea de tratamiento. La combinación de nivolumab con doxorrubicina, vinblastina y dacarbazina (N-AVD) consiguió en pacientes con enfermedad en estadios III y IV no tratada previamente una supervivencia libre de progresión a dos años del 92 %, frente al 83 % obtenido con brentuximab vedotina asociado a AVD.
Los anticuerpos biespecíficos constituyen otro de los grandes avances de los últimos años. Moléculas como glofitamab, epcoritamab o mosunetuzumab demostraron una elevada actividad en distintos linfomas B y modifican la estrategia terapéutica. En el linfoma folicular refractario, epcoritamab combinado con lenalidomida y rituximab recibió autorización europea desde la segunda línea de tratamiento. Se trata de una nueva estrategia basada en un anticuerpo biespecífico y sin quimioterapia convencional que amplía las opciones en fases tempranas.
Terapias dirigidas y CAR-T
La terapia celular CAR-T supuso un cambio radical en el tratamiento de los linfomas B de células grandes, especialmente en pacientes con enfermedad refractaria o con una recaída precoz. Esta opción desplazó al trasplante autólogo de progenitores hematopoyéticos en determinados escenarios y amplió sus indicaciones a otros linfomas B, como el linfoma folicular y el linfoma de células del manto.
En el linfoma de células del manto, los inhibidores de BTK modificaron el paradigma terapéutico y forman parte de estrategias de primera línea. En pacientes no candidatos a autotrasplante se incorporó acalabrutinib en combinación con inmunoquimioterapia. En candidatos a trasplante, los regímenes basados en ibrutinib demostraron mejorar los resultados y permiten replantear el papel del autotrasplante, mientras que las terapias celulares ofrecen alternativas en fases posteriores.
Por su parte, los anticuerpos conjugados como polatuzumab vedotina y brentuximab vedotina permitieron mejorar los resultados en determinados linfomas B, linfomas T CD30+ y en el linfoma de Hodgkin. Todo este abanico de tratamientos refleja un cambio de modelo cuyo objetivo es utilizar terapias dirigidas a la biología de la enfermedad en el momento de mayor beneficio y reducir la exposición a tratamientos tóxicos.



Lilisbeth Perestelo: