Terapéutica

CAR-T Forward traza la hoja de ruta para transformar el modelo asistencial

La evolución de las terapias CAR-T abre paso a modelos asistenciales que combinan hospitalización y seguimiento ambulatorio. CAR-T Forward busca facilitar esta transformación mediante criterios compartidos de selección, organización y seguridad.

La evolución de las terapias CAR-T exige cambios en la organización asistencial que permitan adaptar el seguimiento y la atención a las necesidades de cada paciente, sin que el ingreso hospitalario sea siempre la única alternativa. Este es el objetivo del proyecto CAR-T Forward, una iniciativa de consenso multidisciplinar impulsada por Bristol Myers Squibb (BMS) que busca facilitar la implantación de modelos asistenciales más flexibles, seguros y equitativos, a partir de la experiencia acumulada por los centros que ya trabajan con estas terapias.

Las principales líneas del proyecto se han presentado durante un simposio satélite del 71º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), que se celebra en Gran Canaria bajo el lema “De la ciencia al paciente, salud sin distancias”. La iniciativa prepara un documento de consenso que pretende ayudar a los hospitales a identificar sus capacidades, establecer circuitos multidisciplinares y evaluar los resultados de los nuevos modelos. Aunque el documento definitivo todavía está en elaboración, durante la sesión se expusieron las principales recomendaciones para facilitar que cada centro pueda desarrollar sus propios circuitos, adaptados a sus recursos y sin necesidad de reproducir la organización de los hospitales con mayor experiencia.

La sesión estuvo moderada por María del Mar Perera, directora de la Unidad Clínica de Trasplante y Terapia Celular del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, y contó con la participación de Cecilia Carpio, hematóloga del Hospital Universitario Vall d’Hebron; Mercedes Montoro, enfermera de práctica avanzada en terapia CAR-T del Hospital Clínic de Barcelona; y Vicente Escudero, farmacéutico hospitalario del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

Perera contextualizó la necesidad de esta transformación ante el crecimiento de las terapias CAR-T en España. Según los datos del Ministerio de Sanidad recogidos en la presentación del proyecto, entre marzo de 2019 y junio de 2025 se registraron 2.742 solicitudes de tratamiento, mientras que la red asistencial cuenta con 31 centros designados y ocho terapias disponibles.

La especialista defendió que este crecimiento obliga a revisar los modelos tradicionales y recordó que no todos los pacientes necesitan la misma intensidad asistencial. En su opinión, la evolución debe permitir acercar los tratamientos al paciente, mejorar la capacidad de los hospitales y mantener las garantías de seguridad.

Un modelo adaptado al paciente y a los recursos de cada hospital

Una de las principales conclusiones del proyecto es que la evolución asistencial no consiste en sustituir la hospitalización por la atención ambulatoria, sino en establecer diferentes modalidades en función del riesgo clínico, las características del tratamiento y el entorno del paciente.

Entre las alternativas se encuentran el ingreso convencional, las estancias hospitalarias más cortas, el alta precoz, el seguimiento ambulatorio y la hospitalización a domicilio. La elección dependerá también de los recursos disponibles y de la experiencia de cada centro.

Desde la perspectiva de hematología, Cecilia Carpio explicó que la selección del paciente constituye uno de los principales elementos de seguridad. Su valoración debe incorporar la carga tumoral, las comorbilidades, el estado general y las condiciones sociales y logísticas, además de las características específicas de cada producto CAR-T.

La hematóloga recordó que las diferencias en los perfiles de toxicidad permiten plantear circuitos distintos y que algunos tratamientos pueden requerir mayor vigilancia. Asimismo, consideró imprescindible adquirir experiencia antes de ampliar progresivamente la atención ambulatoria.

«Primero es valorar tus recursos», señaló Carpio, quien recomendó que los hospitales comiencen con pacientes cuidadosamente seleccionados y avancen conforme consoliden sus equipos y procedimientos.

Perera insistió en que no existe un único modelo válido para todos los hospitales. Cada centro debe analizar sus capacidades y adaptar las experiencias de otros servicios a su propia organización. Esta flexibilidad también permite ofrecer distintas modalidades asistenciales dentro del mismo hospital.

La individualización incorpora, además, una dimensión de equidad. Los participantes advirtieron de que las dificultades para disponer de un cuidador, las distancias al hospital o las circunstancias familiares pueden condicionar el acceso a determinados modelos. Por ello, defendieron la necesidad de buscar soluciones que eviten trasladar nuevas cargas a los pacientes y sus familias.

Seguridad, coordinación y nuevos roles profesionales

La seguridad constituye uno de los elementos centrales de CAR-T Forward. El proyecto establece que cualquier modalidad fuera de la hospitalización convencional debe garantizar contacto permanente, respuesta hospitalaria durante las 24 horas, los 7 días de la semana, y capacidad de ingreso inmediato cuando aparezcan complicaciones.

Vicente Escudero advirtió de que la flexibilidad organizativa no puede traducirse en una pérdida de garantías. «Este modelo no es hacer menos, sino hacerlo diferente», afirmó, antes de señalar que la atención fuera de una planta de hospitalización exige mayor planificación, coordinación y anticipación.

El farmacéutico destacó la responsabilidad de los servicios de Farmacia Hospitalaria en la trazabilidad de los medicamentos, la disponibilidad de tratamientos para las complicaciones y la coordinación con urgencias, hematología y enfermería.

Como ejemplo, explicó que no basta con disponer de un protocolo para tratar una toxicidad si los profesionales que deben intervenir desconocen cómo solicitar, preparar o administrar el medicamento. Por ello, defendió que los circuitos estén definidos, compartidos y sean conocidos por todos los profesionales implicados.

Escudero también reclamó que la coordinación multidisciplinar tenga carácter formal y respaldo institucional, en lugar de depender exclusivamente de las relaciones entre profesionales.

Por su parte, Mercedes Montoro destacó el protagonismo de enfermería en la continuidad asistencial, especialmente a través de la enfermera de práctica avanzada. Este perfil permite coordinar a los diferentes profesionales, formar a pacientes y cuidadores, detectar señales de alerta y asegurar el seguimiento durante todo el proceso.

Montoro explicó que los pacientes deben adquirir conocimientos y capacidades para participar de forma segura en sus propios cuidados, pero también necesitan apoyos adaptados a sus circunstancias personales.

La especialista señaló que la formación debe ser continua y alcanzar a todas las unidades implicadas, no solamente a los equipos especializados. También puso el foco en las necesidades de los cuidadores, cuya situación emocional y capacidad para asumir responsabilidades deben incorporarse a la evaluación de estos programas.

Una hoja de ruta para pasar del consenso a la práctica

Además de identificar los requisitos asistenciales, CAR-T Forward plantea una estrategia de implantación gradual que permita aprovechar las capacidades que ya existen en los hospitales.

La propuesta parte de los recursos de los hospitales de día, las unidades de trasplante, los equipos de hospitalización a domicilio, enfermería especializada, farmacia hospitalaria, urgencias y cuidados intensivos.

Sobre esta estructura, los hospitales deberán seleccionar individualmente a los pacientes, definir las responsabilidades profesionales, establecer sistemas de seguimiento y garantizar una respuesta hospitalaria permanente.

El siguiente paso consiste en poner en marcha un programa piloto evaluable, a partir de cuatro actuaciones: identificar las capacidades disponibles, definir la modalidad asistencial y los primeros pacientes candidatos, validar los circuitos de respuesta durante las 24 horas e implementar el modelo con indicadores que permitan introducir mejoras.

En este apartado, Escudero insistió especialmente en la necesidad de medir resultados. Consideró que los hospitales deben disponer de datos sobre ingresos, eficiencia, experiencia y satisfacción de los pacientes, calidad de vida y causas por las que determinados enfermos quedan excluidos de estos circuitos.

«Para escalar tenemos que medir», afirmó el farmacéutico, quien defendió que esta evaluación resulta necesaria para justificar recursos y determinar hasta dónde pueden ampliarse los programas.

Las conclusiones también establecieron que la eficiencia no debe convertirse en el principal motor del cambio, ni justificar que se transfieran costes o responsabilidades adicionales a pacientes y cuidadores. Asimismo, situaron la tecnología como una herramienta facilitadora, pero no como el requisito prioritario para transformar la asistencia.

El proyecto, cuyo documento de consenso continúa en preparación, plantea así un nuevo desafío para los hospitales españoles. Más allá de demostrar que la atención CAR-T puede desarrollarse mediante diferentes modalidades, el objetivo es convertir la experiencia de los centros pioneros en una capacidad asistencial segura, medible y equitativa, que pueda extenderse progresivamente a otros hospitales.

Como resumió Escudero al término de la sesión, «la innovación tecnológica ya la tenemos, necesitamos la innovación de la organización asistencial», apoyada en la coordinación, la multidisciplinariedad y la evaluación de los programas.

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