Las mujeres solteras con mayor nivel educativo “muestran una menor disposición a someterse a procedimientos invasivos como la punción lumbar”. Así lo señala el estudio conjunto del Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC), centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, y la fundación Women’s Brain Foundation, en el que se pone de manifiesto “la necesidad de integrar las necesidades específicas de las mujeres en la información que se ofrece sobre los ensayos clínicos, además de explorar alternativas menos invasivas, como los biomarcadores en sangre”.
El trabajo, que ha sido publicado en Alzheimer’s Research & Therapy, incluye datos de más de 2.500 personas cognitivamente sanas de la cohorte Alfa, con el impulso de la Fundación ‘la Caixa’, subraya la necesidad de adaptar las estrategias de reclutamiento a las diferencias existentes entre géneros para garantizar una representación equitativa en la investigación.
“Históricamente, las mujeres han estado infrarrepresentadas en los ensayos clínicos en distintos ámbitos de la medicina, lo que ha limitado nuestra comprensión de cómo las enfermedades y los tratamientos pueden afectarlas de manera diferenciada”, asegura la Anna Brugulat, neuropsicóloga e investigadora del BBRC y líder del estudio.
El equipo investigador ha analizado la participación de más de 2.500 personas, para evaluar su predisposición a someterse a procedimientos médicos como resonancias magnéticas, punciones lumbares, tomografías por emisión de positrones y evaluaciones cognitivas. Los autores sugieren que una mayor educación podría traducirse en una mayor cautela en la evaluación del procedimiento. Además, señalan que "experiencias negativas previas, personales o conocidas, como el uso de anestesia epidural durante el parto, podrían reforzar esta percepción de riesgo". Igualmente consideran que "ser solteras podría conllevar una red de apoyo más limitada, lo que dificultaría la búsqueda de ayuda o cuidados posteriores al procedimiento, incrementando la reticencia a participar".

Brugulat afirma que "es fundamental abordar las preocupaciones específicas de las mujeres y ofrecer información clara y accesible sobre los beneficios y riesgos de la participación en ensayos clínicos. Además, explorar alternativas menos invasivas, como los biomarcadores en sangre, podría fomentar una mayor equidad en la investigación".
La enfermedad de Alzheimer tiene un impacto significativamente mayor en las mujeres, no solo en prevalencia sino también en severidad, lo que hace aún más relevante la inclusión equitativa en los estudios. A escala mundial, dos de cada tres personas que padecen la enfermedad son mujeres, quienes, además, asumen con mayor frecuencia el rol de cuidadoras de familiares con demencia.
Actualmente, la enfermedad de Alzheimer representa entre el 60% y el 80% de los casos de demencia y se espera que supere los 150 millones de casos en 2050.
El estudio destaca que las diferencias de género en la participación no se deben únicamente a aspectos biológicos, sino que están influenciadas por factores socioculturales. Por ejemplo, indican, las mujeres participantes en el estudio suelen asumir roles de cuidadoras de familiares y tienen niveles educativos, ligeramente inferiores en comparación con los hombres, aspectos que pueden influir en su percepción sobre los ensayos clínicos.
Los hallazgos de este estudio destacan la importancia de diseñar estrategias de reclutamiento más inclusivas que consideren factores como el género, el estado civil y el nivel educativo. También la promoción de campañas de concienciación y el desarrollo de enfoques personalizados puede mejorar la representación de las mujeres en ensayos clínicos sobre el Alzheimer, asegurando que la investigación refleje de manera justa la realidad de quienes viven con esta enfermedad.