Terapéutica

La farmacia muestra su papel en la detección y adherencia de la alopecia areata

Un informe del Consejo General de Colegios Farmacéuticos analiza el abordaje de la alopecia areata. El documento resalta la función del farmacéutico comunitarios y hospitalarios para optimizar los tratamientos orales y tópicos y coordinarse con dermatología.

Uno de cada 50 individuos desarrollará alopecia areata a lo largo de su vida, una patología autoinmunitaria crónica que provoca la pérdida de cabello de forma brusca e impredecible, aunque en muchos casos es reversible. Con motivo del Día Internacional de la Alopecia, que se celebra el primer sábado de agosto, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCOF) ha publicado un informe que analiza la etiopatogenia, la clínica y las alternativas terapéuticas disponibles para esta enfermedad, al tiempo que detalla las funciones del colectivo farmacéutico en la atención sanitaria.

A pesar de que no compromete órganos vitales, este trastorno genera una fuerte carga psicológica debido a la repercusión de la pérdida capilar sobre la imagen corporal, la autoestima y las relaciones sociales. La prevalencia de depresión o ansiedad en estas personas supera a la de la población general. Además, la patología genera un consumo de recursos sanitarios vinculado a consultas con el especialista, pruebas complementarias y tratamientos. En España, el coste medio por paciente en el primer año tras el diagnóstico se elevó a 821 euros entre 2014 y 2021.

El informe elaborado por el CGCOF resalta que el farmacéutico contribuye a la detección precoz de la patología, orienta sobre las opciones farmacológicas habituales, vela por la adherencia y contextualiza la seguridad de los nuevos fármacos. Asimismo, este profesional sanitario suele ser el primero en reconocer el impacto emocional que sufre el afectado y en facilitar información acerca de los recursos de apoyo disponibles.

El farmacéutico como primer contacto

En el ámbito de la farmacia comunitaria, el profesional se posiciona con frecuencia como el primer sanitario consultado ante una pérdida de cabello inusual o la aparición de una placa alopécica. Por este motivo, resulta indispensable que identifique las manifestaciones clínicas más habituales para, ante la sospecha de la patología, derivar al paciente al médico de forma inmediata. La intervención temprana facilita un diagnóstico precoz y el inicio rápido del tratamiento, aspectos que mejoran el pronóstico.

En aquellos casos diagnosticados de carácter leve o moderado que tienen prescritos corticoides tópicos, el farmacéutico comunitario verifica en la primera dispensación que el usuario comprende la técnica de aplicación y la duración indicada por el médico. Durante este proceso, se recuerda la necesidad de que el cuero cabelludo se encuentre limpio y seco antes del uso, además de emplear la cantidad mínima eficaz extendida de forma exclusiva sobre las zonas alopécicas.

En las siguientes dispensaciones, el profesional evalúa la presencia de las reacciones adversas locales habituales de la corticoterapia tópica de alta potencia, tales como atrofia cutánea, telangiectasias, foliculitis o acné en la zona tratada. De detectarse, el farmacéutico notifica estos hallazgos al dermatólogo para que este valore reducir la potencia del fármaco, espaciar el uso o pautar una administración intermitente.

Manejo de los tratamientos orales

En los últimos años, la mayor innovación para las formas graves de la enfermedad ha sido la aprobación de baricitinib y ritlecitinib. La incorporación de estos inhibidores de JAK proporciona una opción oral con eficacia demostrada en ensayos clínicos a gran escala, con respuestas que se mantienen e incluso progresan en periodos de tratamiento de hasta dos años.

No obstante, estos medicamentos presentan una latencia clínica que debe explicarse detalladamente al paciente. En los ensayos clínicos, el tiempo medio entre la primera administración y la obtención de resultados significativos fue de seis meses, extendiéndose a la semana 52 o más en determinados casos. Informar sobre estos plazos desde las farmacias comunitarias u hospitalarias es prioritario para gestionar las expectativas respecto a la respuesta terapéutica. Asimismo, debe comunicarse que los resultados requieren un mantenimiento continuado, pues la suspensión de la terapia conlleva riesgo de recaída.

El reto de la adherencia

La adherencia terapéutica representa un factor crítico para el éxito del tratamiento. En las formas leves y moderadas tratadas con corticoides tópicos, la percepción de una mejoría incompleta, las molestias en la aplicación capilar, la inquietud por las reacciones adversas o el desconocimiento de los tiempos necesarios para apreciar resultados propician el abandono prematuro o la irregularidad en las dosis.

El farmacéutico recuerda que la respuesta a los corticoides tópicos es lenta y requiere habitualmente entre 8 y 12 semanas de uso regular, de modo que suspender la terapia antes de tiempo compromete el resultado final sin que signifique que el fármaco haya fracasado. Por último, la continuidad asistencial en las formas graves exige una comunicación bidireccional entre el farmacéutico y el dermatólogo. El farmacéutico reporta la falta de adherencia, las sospechas de efectos adversos e interacciones, mientras que el dermatólogo traslada los cambios de pauta y el seguimiento clínico del paciente.

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