La inteligencia artificial (IA) ya permite desarrollar herramientas que ayudan a revisar tratamientos, detectar posibles problemas farmacoterapéuticos y entrenar habilidades profesionales. Sin embargo, su incorporación a los servicios de farmacia hospitalaria exige superar el entusiasmo inicial por sus posibilidades y abordar cuestiones como la protección de datos, la fiabilidad de la información y la responsabilidad en las decisiones clínicas.
Estas fueron algunas de las principales conclusiones de la sesión ‘IA aplicada a la prescripción y validación’, celebrada este viernes en la última jornada del 71 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), en Gran Canaria. El encuentro, moderado por María Jesús Jiménez, del Hospital Universitario 12 de Octubre, tuvo un formato eminentemente práctico, con demostraciones de herramientas desarrolladas por farmacéuticos y simulaciones en las que participaron los asistentes.
Jiménez explicó que el propósito era mostrar qué pueden conseguir los profesionales cuando identifican necesidades asistenciales y recurren a la inteligencia artificial para desarrollar soluciones. Según dijo, no es necesario que todos sean expertos en tecnología, pero sí que conozcan sus posibilidades y aprendan a utilizarla “con criterio y con responsabilidad”.
Herramientas adaptadas a las necesidades asistenciales
Yared González, farmacéutico del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, mostró diferentes aplicaciones desarrolladas para resolver problemas concretos de la práctica clínica. Durante su intervención, titulada ‘No es magia, es IA’, defendió que el potencial de estas tecnologías depende de la capacidad de los profesionales para trasladar su conocimiento a herramientas adaptadas a necesidades específicas.
Una de las demostraciones permitió comprobar cómo un sistema de inteligencia artificial generativa puede analizar un plan farmacoterapéutico, identificar posibles interacciones, detectar omisiones y señalar cuestiones que requieren revisión.
Para ello, presentó PharmaPlan, un proyecto configurado mediante instrucciones, reglas clínicas, fuentes documentales y ejemplos de resultados esperados. Su funcionamiento permite identificar problemas farmacoterapéuticos y generar alertas que señalan qué información clínica adicional debe comprobarse antes de adoptar decisiones.
La experiencia puso de manifiesto que la inteligencia artificial puede facilitar la identificación de problemas, pero sus resultados necesitan interpretación y validación profesional. González destacó que estas aplicaciones requieren conocimiento farmacoterapéutico estructurado, fuentes documentales seleccionadas y criterios de análisis previamente definidos. De este modo, los profesionales pueden adaptar las herramientas a sus necesidades asistenciales y revisar las respuestas a partir de las fuentes utilizadas.
También mostró un asistente orientativo para la selección de antibióticos en infecciones intraabdominales secundarias complicadas, elaborado a partir de protocolos consensuados en su hospital. Asimismo, presentó un proyecto vinculado a grupos de trabajo de la SEFH que facilita la consulta de información de medicamentos a través de CIMA, de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps). La aplicación incorpora información práctica sobre la administración de medicamentos oncológicos por sonda y se encuentra todavía en fase de prototipo y validación, antes de su puesta a disposición de los socios de la sociedad científica.
La protección de datos marca los límites
Uno de los mensajes más contundentes de González estuvo relacionado con el uso de información clínica en herramientas comerciales de inteligencia artificial.
El especialista advirtió de que eliminar nombres y apellidos no garantiza la anonimización de los datos de un paciente. La combinación de diagnósticos, tratamientos y resultados analíticos puede permitir su identificación indirecta, por lo que insistió en la necesidad de utilizar únicamente entornos que dispongan de las garantías correspondientes. Como alternativas, planteó soluciones instaladas en entornos locales autorizados y herramientas que trabajen exclusivamente con información farmacológica, sin incorporar datos personales.
Durante el debate, una farmacéutica con formación en privacidad reforzó esta advertencia y reclamó una mayor atención al concepto de anonimización. González coincidió en la necesidad de aumentar la formación y pidió a las organizaciones sanitarias que faciliten alternativas seguras para aprovechar estas tecnologías.
La IA obliga a replantear cómo aprenden los profesionales
Ramón Morillo, del Hospital Universitario de Valme, llevó el debate más allá de las aplicaciones asistenciales y planteó una reflexión sobre el futuro de la formación sanitaria.
“Mi presentación cabe en cinco minutos”, señaló el especialista, que cuestionó el valor de los modelos tradicionales de transmisión de conocimientos en un contexto en el que la inteligencia artificial permite acceder rápidamente a contenidos especializados. También planteó la necesidad de reconsiderar qué aporta la asistencia presencial a un congreso cuando buena parte de la información puede obtenerse mediante estas herramientas.
Morillo defendió que el verdadero valor de los congresos debe concentrarse en aquello que estas herramientas no pueden sustituir, como la experiencia práctica de los expertos, su criterio profesional, el intercambio de conocimientos y el aprendizaje compartido.
También advirtió del riesgo de que una formación cada vez más individualizada provoque una pérdida de coordinación entre los profesionales, con diferentes ritmos y orientaciones de aprendizaje. Esta reflexión sirvió de introducción a Motiv-IA-D, una iniciativa formativa incorporada al entorno MAPEX de la SEFH que utiliza pacientes virtuales para practicar entrevistas motivacionales.
El proyecto, centrado inicialmente en la atención farmacéutica a personas con hepatitis delta, combina contenidos teóricos con simulaciones de distintos niveles de dificultad. Los participantes pueden realizar entrevistas con avatares y repetir los ejercicios para mejorar sus competencias.
Durante el encuentro, un asistente realizó una entrevista con una paciente ficticia. El sistema evaluó posteriormente su actuación e identificó aspectos mejorables relacionados con la creación de un clima de confianza, la formulación de preguntas abiertas, la identificación de necesidades y el establecimiento de compromisos de seguimiento. Morillo explicó que la finalidad es que los profesionales interioricen estas habilidades hasta aplicarlas de manera natural en su actividad. La posibilidad de practicar sin consecuencias para pacientes reales, recibir evaluaciones individualizadas y repetir los ejercicios constituye una de las principales aportaciones de este modelo.
La herramienta ya está en funcionamiento y sus responsables trabajan para ampliar esta metodología a nuevos contenidos formativos.
Un posicionamiento profesional todavía pendiente
Morillo también advirtió de que la SEFH todavía no dispone de un posicionamiento específico sobre la utilización de la inteligencia artificial en farmacia hospitalaria, aunque existe un borrador avanzado en el que trabajan profesionales vinculados a MAPEX y DIGIFHAR, el Grupo de Trabajo de Nuevas Tecnologías y Farmacia Hospitalaria Digital de la SEFH.
Morillo consideró necesario disponer de este documento para orientar a los farmacéuticos sobre los fines, las condiciones y los límites del uso de estas tecnologías, más allá de las obligaciones establecidas por la normativa.
El especialista describió el momento actual como una “fase de deslumbramiento” ante las posibilidades de la inteligencia artificial y defendió que la formación también debe abordar sus aspectos menos atractivos, especialmente la anonimización, la regulación y la seguridad de los datos.
Las experiencias presentadas evidencian que los farmacéuticos hospitalarios ya están explorando aplicaciones concretas de la inteligencia artificial. Sin embargo, los expertos coincidieron en que su incorporación a la práctica profesional requiere algo más que iniciativas individuales. La formación, la implicación de las organizaciones sanitarias y la definición de criterios comunes serán determinantes para aprovechar estas tecnologías sin comprometer la seguridad de los pacientes.


César Hernández, director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia.:
Raquel Yotti, comisionada del Perte para la Salud de Vanguardia:
Juan Yermo, director general de Farmaindustria.:
Lilisbeth Perestelo: