Gestión

El SNS encara una nueva fase digital con foco en datos, gobernanza y ejecución

El XXIX Congreso Nacional de Informática de la Salud, Inforsalud 2026, ha servido para evaluar la Estrategia de Salud Digital 2021-2026 y abrir el debate sobre su continuidad, con especial foco en la ejecución real en las comunidades autónomas.
Luciano Sáez, presidente de la Sociedad Española de Informática de la Salud (SEIS) y Juan Fernando Muñoz, secretario general de Salud Digital, Información e Innovación del SNS.

El XXIX Congreso Nacional de Informática de la Salud, Inforsalud 2026, abrió sus sesiones con el foco puesto en el balance de la Estrategia de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud (SNS) 2021-2026 y en la definición de los próximos pasos de esta política en un nuevo ciclo. El encuentro reunió a responsables institucionales, gestores y profesionales para analizar el grado de avance de la transformación digital sanitaria y su impacto real en el sistema.

La sesión inaugural situó el debate en la transición entre fases estratégicas, con la vista puesta en la evolución hacia un modelo en el que la digitalización no solo incorpore tecnología, sino que se integre en la práctica asistencial y en la organización del SNS. En este contexto, la colaboración entre administraciones, profesionales y sector tecnológico emergió como uno de los elementos clave para consolidar los avances logrados.

El presidente de la Sociedad Española de Informática de la Salud (SEIS), Luciano Sáez Ayerra, enmarcó el congreso como el principal espacio de encuentro entre los ámbitos sanitario y tecnológico, orientado a revisar el desarrollo de la estrategia vigente y proyectar su continuidad. “Analizar y debatir los resultados de la Estrategia de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud 2021-2026” y “avanzar hacia una nueva Estrategia de Salud Digital 2026-2031” son, según explicó, los objetivos centrales de esta edición.

Durante su intervención, Sáez subrayó la necesidad de consolidar los avances logrados en los últimos años y de evaluar la sostenibilidad de las inversiones realizadas, en un contexto de rápida evolución tecnológica. Asimismo, insistió en que el impacto de la digitalización depende de su integración efectiva en el sistema sanitario. “La transformación digital del sistema sanitario solo [es] posible desde una colaboración real entre Administraciones, profesionales, industria y ciudadanos”, señaló, al tiempo que advirtió de que “la transformación real se produce cuando [las tecnologías] se integran en el sistema, en los procesos y en la práctica profesional”.

Visión del Ministerio de Sanidad

El secretario general de Salud Digital, Información e Innovación del SNS, Juan Fernando Muñoz Montalvo, realizó una breve intervención en la inauguración y luego realizó una ponencia sobre la situación de la estrategia digital del SNS y su visión sobre todos estos aspectos. Muñoz centró su intervención en la necesidad de reforzar una visión compartida de la estrategia digital, alejándola de planteamientos centralizados y situándola en el conjunto del sistema sanitario. “No es la estrategia del Ministerio de Sanidad, esta es la estrategia del Sistema Nacional de Salud”, afirmó, para subrayar que su desarrollo depende de la implicación directa de los servicios de salud autonómicos.

En este sentido, defendió un cambio de enfoque en la gobernanza del sistema, en el que el papel del Ministerio se orienta a apoyar y coordinar, mientras que la tracción recae en las comunidades autónomas. “No somos un ministerio tirando 18 servicios de salud que son más grandes que él, sino 18 servicios de salud tirando de un Sistema Nacional de Salud único y un ministerio coordinador y apoyando ese trabajo”, explicó.

Muñoz situó además a los profesionales como elemento central de la transformación digital, reconociendo el papel de los equipos que trabajan tanto en la administración central como en los servicios de salud. “Las personas son lo importante”, señaló, en referencia al carácter colectivo de los proyectos desarrollados.

Desde un punto de vista conceptual, insistió en desvincular la digitalización de una visión meramente tecnológica. “La tecnología no es un fin en sí mismo”, afirmó, para recalcar que su valor depende de su capacidad para dar respuesta a los problemas del sistema sanitario.

A partir de ahí, el secretario general expuso los principales retos estructurales a los que se enfrenta el SNS y que condicionan el despliegue de la estrategia digital. En primer lugar, apuntó al impacto del envejecimiento poblacional y advirtió en referencia al incremento de la demanda asistencial asociada a este fenómeno.

Junto a ello, destacó las dificultades en el ámbito de los recursos humanos, tanto por el relevo generacional como por el desgaste de los profesionales. El sistema tiene problemas para cubrir las plazas que oferta en este ámbito.

A estos elementos se suman, según explicó, los desafíos organizativos de un modelo diseñado hace cuatro décadas y la creciente complejidad del conocimiento científico, que obliga a adaptar de forma continua la práctica asistencial. En este contexto, la estrategia digital se plantea como una herramienta para dar respuesta a estos retos desde una lógica de trabajo compartido entre todos los niveles del sistema.

Visión de las comunidades autónomas

El debate entre responsables autonómicos puso el acento en la necesidad de reforzar la cooperación entre servicios de salud y avanzar hacia una implementación más coordinada de la estrategia digital. El secretario autonómico de Planificación, Información y Transformación de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana, Bernardo Valdivieso Martínez, situó el foco en el papel de las autonomías como motor de ejecución. “El valor para mí de la comunidad es implementar”, afirmó, defendiendo la necesidad de que los desarrollos sean escalables y transferibles entre territorios para acelerar la generación de valor.

En este sentido, planteó avanzar hacia modelos coordinados de despliegue, en los que diferentes servicios de salud puedan pilotar soluciones que posteriormente puedan compartirse y extenderse al conjunto del SNS. Asimismo, defendió la importancia de orientar las inversiones hacia la generación de capacidades estructurales, con especial énfasis en el dato, la interoperabilidad, la automatización de procesos y el desarrollo de inteligencia artificial con capacidad de ser industrializada.

Por su parte, el director del Servicio Canario de la Salud, Adasat Goya González, defendió que uno de los principales cambios pendientes es superar dinámicas de trabajo aisladas. “Dejar de mirarnos el ombligo y abrirnos a compartir” es, a su juicio, el elemento que puede generar mayor retorno para el sistema, especialmente en un contexto en el que ya existen desarrollos con resultados medibles en los distintos territorios.

En esta línea, subrayó la necesidad de avanzar en interoperabilidad y en una visión común del sistema, recordando que la fragmentación sigue siendo una barrera relevante. En su experiencia, la ausencia de una historia clínica única a nivel nacional evidencia la necesidad de reforzar la coordinación entre comunidades autónomas, en un sector que, según señaló, debería operar con objetivos compartidos más allá de las dinámicas territoriales.

El gerente del Servicio Cántabro de Salud, Luis Carretero Alcántara, centró su intervención en el papel del dato y de la inteligencia artificial como herramientas para transformar la práctica asistencial, aunque advirtió de la necesidad de estructurar su desarrollo. En su planteamiento, uno de los ejes es impulsar modelos predictivos que permitan anticipar decisiones clínicas, pero bajo marcos que garanticen su fiabilidad. “No es lo mismo hacer una regresión con los datos de tus pacientes para hacer un artículo, que un modelo predictivo o un algoritmo que te lleve a tomar decisiones clínicas”, señaló, en referencia a los riesgos de una adopción no controlada.

Para ello, defendió la creación de estructuras específicas que ordenen este ámbito, como oficinas técnicas que faciliten tanto el desarrollo interno como la incorporación de soluciones ya validadas en otros territorios. Este enfoque permitiría, según explicó, combinar innovación desde los propios profesionales con mecanismos que aseguren la seguridad y la utilidad real de las herramientas en la práctica clínica.

Carretero también destacó el valor de comunidades autónomas de menor tamaño como espacios de experimentación a escala de sistema. En el caso de Cantabria, apuntó que su dimensión permite desplegar proyectos con vocación integral, abarcando distintos niveles asistenciales y entornos, desde áreas urbanas a rurales, lo que facilita evaluar su impacto en condiciones reales.

Por su parte, el director gerente del Servicio Navarro de Salud, Jon Guajardo Remacha, puso el foco en la necesidad de avanzar en el aprovechamiento del dato más allá de su uso clínico inmediato. A su juicio, los sistemas actuales cuentan con una gran cantidad de información, pero su explotación sigue siendo limitada. “Tenemos una historia clínica que es muy potente con mucha información, pero todavía no la estamos explotando suficientemente”, afirmó.

Guajardo subrayó que esta capacidad analítica resulta clave para mejorar la toma de decisiones y evaluar resultados en salud, así como para identificar áreas de mejora en los procesos asistenciales. En paralelo, señaló la importancia de reforzar la relación con el paciente mediante herramientas digitales, destacando el papel de la carpeta de salud y de la telemedicina como elementos para mejorar el acceso y la comunicación.

Además, ambos coincidieron en la necesidad de avanzar en marcos comunes que permitan comparar resultados y evaluar el impacto de los proyectos. En este sentido, se apuntó a la falta de indicadores homogéneos como una de las limitaciones actuales, lo que dificulta determinar qué iniciativas generan realmente valor y cuáles deben escalarse o revisarse.

“Innovador silencioso” y control de la IA

El debate también abordó los riesgos asociados al desarrollo no estructurado de soluciones basadas en inteligencia artificial dentro de las organizaciones sanitarias. Bernardo Valdivieso Martínez, advirtió del fin de la figura del “innovador silencioso”, en referencia a desarrollos impulsados de forma aislada por profesionales sin encaje en una estrategia común. A su juicio, este tipo de iniciativas, aunque valiosas, requieren ahora de marcos organizativos que permitan evaluarlas, priorizarlas y, en su caso, escalarlas de forma segura.

En este contexto, varios participantes coincidieron en la necesidad de ordenar la proliferación de algoritmos y soluciones digitales, evitando su uso sin validación o sin cumplir requisitos regulatorios. La creación de estructuras específicas, como oficinas de inteligencia artificial, se planteó como una herramienta para canalizar estas iniciativas, garantizar su calidad y evitar riesgos clínicos o sesgos derivados de desarrollos no controlados.

Esta aproximación busca, además, facilitar la compartición de soluciones entre comunidades autónomas, de modo que los desarrollos que demuestren valor puedan ser reutilizados en otros entornos, evitando duplicidades y reforzando la cohesión del sistema.

Sostenibilidad tras los fondos europeos

Junto a los aspectos tecnológicos, la sostenibilidad económica de la estrategia digital centró parte del debate, especialmente ante el horizonte de finalización de los fondos europeos que han impulsado buena parte de los proyectos en esta primera fase. Los participantes coincidieron en que el reto no será tanto continuar desplegando nuevas iniciativas como garantizar la viabilidad de las ya implantadas.

En este sentido, la directora general de Salud Digital y Sistemas de Información para el SNS, Noemí Cívicos, que moderó el debate, subrayó que la continuidad de los proyectos exigirá demostrar su impacto en términos de eficiencia y ahorro de tiempo. La reorganización de iniciativas y su orientación a resultados tangibles se planteó como condición necesaria para su integración en los presupuestos ordinarios del sistema sanitario.

Este enfoque conecta con la necesidad de avanzar en modelos de evaluación más sólidos. La ausencia de indicadores homogéneos dificulta, según se puso de manifiesto, medir el impacto real de las inversiones y priorizar aquellas actuaciones que generan mayor valor, lo que refuerza la demanda de marcos comunes de evaluación y seguimiento.

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