En 2026 se estima que se realizarán más de 3.500 nuevos diagnósticos de mieloma múltiple. Ante este escenario, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCOF) ha publicado un informe con motivo de la celebración del Día Mundial del Mieloma Múltiple, este sábado, para visibilizar la enfermedad y destacar la labor asistencial del farmacéutico, tanto en el ámbtio comunitario como hospitalario.
Mientras que algunos enfermos pueden pasar años sin manifestar síntomas, otros debutan directamente con la patología y sufren desde el inicio las manifestaciones clínicas más características, como dolor, lesiones óseas, anemia, insuficiencia renal, hipercalcemia y una mayor susceptibilidad a las infecciones.
La evolución del abordaje terapéutico, especialmente tras la incorporación de la inmunoterapia y la terapia génica CAR-T en sus indicaciones, mejoró considerablemente la supervivencia en los últimos años. Esta innovación permitió modificar de forma significativa el pronóstico de las personas con recaídas o refractarias a los fármacos utilizados en los primeros escalones terapéuticos. Sin embargo, la cronicidad de la enfermedad y el uso de combinaciones complejas de medicamentos exigen una intervención transversal del farmacéutico a lo largo de todo el proceso asistencial.
Validación hospitalaria y nuevas terapias
En el ámbito hospitalario, la labor del farmacéutico comienza con la validación y optimización inicial de la farmacoterapia mediante la comprobación del esquema terapéutico, las dosis y la pauta según la indicación. Asimismo, el profesional revisa los tratamientos previos, la función renal y hepática y las toxicidades asociadas a la quimioterapia. La reciente incorporación de las terapias CAR-T amplió sus responsabilidades al tratarse de medicamentos de terapia avanzada que conllevan una logística compleja.
Por otro lado, el seguimiento de los tratamientos de administración oral constituye un ámbito relevante, dado que la responsabilidad sobre su correcta utilización recae en el propio paciente o en sus cuidadores. En estos casos, el farmacéutico detecta errores en la pauta, interrupciones inadecuadas, problemas de adherencia o toxicidades que dificulten la continuidad terapéutica.
Esta actuación se complementa con la educación sanitaria, orientada a que el paciente comprenda la función de cada fármaco, la forma de administración, las posibles interacciones y los efectos adversos manejables en el domicilio frente a aquellos que requieren consulta médica. Esta información se facilita al inicio del tratamiento y de forma continuada cuando se producen cambios en las pautas o se incorporan nuevos medicamentos.
Seguimiento desde la farmacia comunitaria
Puesto que la mayor parte del tratamiento se desarrolla de forma crónica en el entorno ambulatorio, el farmacéutico comunitario contribuye a la mejora de la adherencia. Desde la farmacia comunitaria se revisa la medicación prescrita, los productos sin receta, los complementos alimenticios y la fitoterapia para evitar interacciones y automedicación.
Asimismo, estos profesionales refuerzan medidas preventivas sobre vacunación, salud bucodental y uso adecuado de analgésicos, e identifican signos de alarma como fiebre, sangrado, empeoramiento general, dolor óseo de nueva aparición o síntomas neurológicos para recomendar una valoración médica. La evidencia científica respalda este impacto: una revisión sistemática de 33 estudios realizada este año confirmó que las intervenciones farmacéuticas mejoraron de forma consistente la resolución de problemas de medicación, el manejo de interacciones, la coordinación asistencial y la adherencia terapéutica.




Lilisbeth Perestelo: