La vacunación frente al rotavirus ha demostrado una efectividad del 75,8 % frente a la mortalidad hospitalaria por gastroenteritis aguda atribuible a este patógeno en menores de cinco años que recibieron al menos una dosis. Así lo reflejó un estudio multicéntrico internacional encabezado por Moran y colaboradores en 22 países, en su mayoría de ingresos bajos y medios, a partir de datos del proyecto MNSSTER-V publicados en ‘The Lancet Child & Adolescent Health’. El análisis de 27 252 niños aportó evidencia de vida real sobre el impacto directo de esta inmunización en la supervivencia infantil en entornos con una alta carga de enfermedad, si bien la efectividad frente a la mortalidad por diarrea de cualquier etiología se situó en el 20,8 %, sin significación estadística.
El patógeno se mantiene como una de las causas principales de gastroenteritis grave en la infancia a escala global. Desde la introducción de las primeras fórmulas en 2006, la intervención evitó millones de hospitalizaciones pediátricas y previno unas 140 000 defunciones entre dicho año y 2019. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reiteró la necesidad de integrar esta profilaxis en los programas nacionales, coordinada con la mejora del saneamiento, el acceso a agua segura, la terapia de rehidratación y la lactancia materna.
En España, el Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) recomienda la administración universal en lactantes dentro de su manual de inmunizaciones. La adopción pública autonómica concluyó recientemente. Castilla y León fue la comunidad pionera al introducir la pauta para los nacidos desde el 1 de enero de 2023, senda que siguieron el resto de regiones hasta que Andalucía incorporó la prestación en enero de 2026, lo que completó el mapa de cobertura gratuita y sistemática en todo el territorio nacional.
A pesar de estos avances institucionales, el beneficio clínico no se distribuye de manera uniforme en el planeta. Un comentario editorial firmado por Hungerford y Ndeketa en la misma revista alertó de que la protección frente a cuadros graves supera el 90 % en países con rentas altas durante el primer año, pero desciende a horquillas de entre el 40 y el 65 % en regiones de bajos ingresos. Además, la respuesta protectora en esos contextos desciende a lo largo del segundo año de vida, lo que deja expuesta a la población infantil más vulnerable.
Las causas de esta disparidad son de origen multifactorial e involucran barreras biológicas y del entorno intestinal. Entre los determinantes identificados figuran la desnutrición, las deficiencias de micronutrientes, la disbiosis de la microbiota, una mayor exposición temprana a otros enteropatógenos y la presencia de anticuerpos maternos transferidos. Asimismo, influye la administración concomitante con la vacuna oral frente a la poliomielitis y la precariedad higiénica, factores que deprimen de forma conjunta la eficacia de los preparados orales atenuados.
Alternativas para reducir la brecha
El reto sanitario inmediato radica en alcanzar a unos 70 millones de lactantes que permanecían sin protección en 2024, aun cuando más de 140 estados tienen aprobada la indicación en sus calendarios. El desarrollo de vacunas parenterales no replicantes constituye una de las vías en investigación para soslayar las interferencias del tracto digestivo que comprometen la vía oral. Del mismo modo, la opción neonatal busca asegurar la administración precoz aprovechando el nacimiento hospitalario, aunque los expertos advierten de la necesidad de no complejizar los calendarios de vacunación para evitar la pérdida de adherencia en revisiones sucesivas.



María Jesús Lamas, directora de la Agencia Española de Medicamentos (Aemps).:
César Hernández, director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia.:
Raquel Yotti, comisionada del Perte para la Salud de Vanguardia:
Juan Yermo, director general de Farmaindustria.: