El 75% de los conductores habituales tomó algún medicamento en los últimos tres años y el 34% admite conducir cuando toma medicación. Esta es una de las principales conclusiones del estudio 'Fármacos y Conducción', elaborado por la Fundación Mapfre y la Fundación Bidafarma, en colaboración con la Dirección General de Tráfico (DGT), el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y a través de la consultora Salvetti Llombart. El objetivo del documento es explorar en profundidad el nivel de conocimiento y de concienciación de la población sobre la conducción bajo los efectos de la medicación, así como analizar sus percepciones y reacciones ante los posibles riesgos asociados.
A pesar de que estos productos podrían estar relacionados con entre el 5% y el 10% de los siniestros de tráfico, la toma de fármacos sigue fuera del radar preventivo de los conductores y su riesgo continúa siendo poco visible para gran parte de la población. Los conductores puntuaron con un 6,9 sobre nueve puntos el nivel de riesgo del consumo de medicamentos de forma explícita, y el 83% consideró que los medicamentos pueden representar un riesgo alto para la conducción. Sin embargo, a la hora de valorar las situaciones en las que se extrema la precaución, únicamente el 26% afirmó hacerlo cuando toma medicación, y solo un 3% lo mencionó espontáneamente.
La investigación identificó una elevada confianza de los conductores en su propia capacidad para evaluar los efectos de los medicamentos. De hecho, el 61% de todos los conductores medicados declaró que su medicación no afecta o afecta poco a su capacidad de conducción, una cifra que aumentó al 73% en el caso de los que, además de tomar medicación, deciden seguir conduciendo bajo los efectos de los fármacos. Si se analizizan concretamente los resultados de los encuestados que conducen y toman fármacos, la mitad reconoció haber notado síntomas tras tomar la medicación como somnolencia, fatiga, disminución de reflejos, menor atención o capacidad de reacción más lenta. Sin embargo, la respuesta más habitual no fue dejar de conducir, sino adaptar la conducción reduciendo la velocidad o extremando precauciones.
Ante este panorama de desconocimiento, Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre, destacó que “los medicamentos se asocian a mejoras en la salud, al ser prescritos por profesionales médicos, lo que puede reducir la percepción de riesgo de su impacto en la capacidad en la conducción o de existencia de efectos adversos. Esa menor percepción del riesgo puede ser mayor en el caso de productos sin receta o productos naturales. Muchos conductores no identifican el riesgo o piensan que pueden compensar los efectos de la medicación al volante. Ese desconocimiento y esa falsa sensación de control es, precisamente, uno de los principales problemas que revela este estudio”. Asimismo, la experta subrayó que “es importante consultar con el profesional sanitario el efecto que la medicación puede causar en la conducción. Si necesita conducir consulte con su médico para tomar las medidas adecuadas sin abandonar el tratamiento”.
El informe constató que los conductores identifican con mayor facilidad el riesgo asociado a determinados medicamentos como aquellos que se usan para dormir, la ansiedad, la depresión o el dolor intenso. No obstante, tienden a infravalorar los efectos sobre la conducción de otros medicamentos de uso frecuente y ampliamente normalizados, pese a que también pueden afectar a la conducción, como antigripales, antitusivos, antihistamínicos, relajantes musculares o determinados productos naturales utilizados para dormir o relajarse. Además, se advirtió del aumento de la polimedicación y de la normalización del consumo de medicamentos sin receta, una realidad que puede incrementar el riesgo al volante cuando se combinan distintos tratamientos o se mezclan con alcohol u otras sustancias.
El consejo farmacéutico como prevención
El perfil del conductor que coge el coche bajo los efectos de fármacos se caracteriza por tener una media de edad de 50 años, sin clara distinción de sexo. Además, utilizan el coche para gestiones diarias y personales y cuentan con una mayor antigüedad al volante. La prevención debe activarse antes de empezar el tratamiento, no cuando la persona ya está al volante. En este sentido, la prescripción en consulta médica y la dispensación en farmacia son los momentos más eficaces para recibir información sobre los riesgos y generar una conducta preventiva.
Uno de los hallazgos más relevantes del documento es que el problema no parece estar relacionado con la falta de información. El 93% de los conductores medicados afirmó haber recibido advertencias o mensajes sobre los riesgos de conducir tras tomar determinados medicamentos. Sin embargo, la información no siempre se traduce en cambios de comportamiento. De hecho, existe una brecha de 26 puntos entre conocer el riesgo y actuar preventivamente. Entre quienes conducen medicados, esa distancia alcanza los 51 puntos porcentuales, lo que evidencia la necesidad de activar medidas formativas e incluso correctivas entre ciertos perfiles con mayor exposición al riesgo.
Para abordar esta situación, Rita de la Plaza, tesorera del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, afirmó que “el estudio concluye que el principal desafío es transformar el conocimiento en acción preventiva, incorporando la medicación al mismo nivel que otros factores de riesgo ampliamente interiorizados por los conductores, como el alcohol, el sueño o las condiciones meteorológicas adversas”. En este sentido, recordó que “la cercanía y accesibilidad de las farmacias facilitan al ciudadano la consulta de todas las dudas en torno a los medicamentos y la conducción. El acceso a una fuente de confianza como es el farmacéutico, tal y como ha confirmado el estudio presentado hoy”.
Impacto del pictograma en el envase
El pictograma de conducción, presente en algunos medicamentos desde el año 2007, también tiene un importante potencial como recordatorio preventivo, pero su conocimiento aún no está plenamente consolidado. Aunque muchas personas declararon fijarse en el envase o en los símbolos, el reconocimiento del pictograma sigue siendo limitado ya que un 42% de los conductores declaró que no lo reconoce o no está seguro de su significado. A esto se suma que algunos de los conductores medicados entrevistados refirieron que no siempre leen el prospecto, solamente lo hacen ante determinadas medicaciones, ante advertencias de los profesionales o cuando notan algún efecto secundario.
Por este motivo, Montserrat Pérez, subdirectora General de Formación y Educación Vial de la DGT, resaltó que “precisamente por eso es fundamental que la información llegue antes de iniciar el tratamiento y por todas las vías posibles. Médicos, farmacéuticos, prospectos y envases tienen un papel decisivo en esa primera advertencia, y desde la DGT o los Centros de Reconocimiento de Conductores (CRC) podemos contribuir a reforzar ese mensaje, darle visibilidad y convertirlo en un hábito más de seguridad vial”.
Ante estos resultados, el informe concluyó que es necesario trabajar de forma coordinada y multicanal entre profesionales sanitarios, administraciones públicas, autoescuelas, medios de comunicación y canales digitales. Con este objetivo, se puso en marcha una campaña informativa que llegará a las farmacias comunitarias de toda España. La iniciativa incluye materiales de sensibilización dirigidos a los pacientes y una guía práctica para los farmacéuticos, con el objetivo de reforzar la información en el momento de la dispensación, dar mayor visibilidad al pictograma de advertencia presente en determinados medicamentos y favorecer una conducción más segura.
Como cierre del proyecto asistencial, Manuela Villena, directora de la Fundación Bidafarma, concluyó que "queremos facilitar que un mensaje claro, sencillo y basado en la evidencia llegue a millones de personas a través de un profesional sanitario en el que confían. El estudio demuestra que el pictograma es una herramienta útil, porque cuando los ciudadanos lo conocen saben interpretar correctamente su significado; el reto ahora es conseguir que sea más visible y reconocible para los pacientes. El farmacéutico no solo dispensa medicamentos; también acompaña, informa y educa en salud. Por eso, creemos que la farmacia comunitaria es un escenario clave para reforzar la prevención y ayudar a que los pacientes tomen decisiones más seguras".



Lilisbeth Perestelo: