La lepra, una enfermedad que sigue presente y en la que la farmacia tiene un papel clave

En el día mundial de esta enfermedad, el CGCOF recuerda que cada año, más de 120 países notifican casos de lepra. Solo en 2024 se comunicaron 172 717 en el mundo

Cada año, más de 120 países notifican casos de lepra. Solo en 2024 se comunicaron 172 717 en el mundo, la mayoría concentrados en la región de Asia Sudoriental, seguida por África, las Américas y el Pacífico Occidental. En cambio, en Europa, la incidencia es residual. En concreto, en España, se notificaron 8 casos nuevos en 2024, todos ellos importados.

Aunque es cierto que desde 2023 a 2024 la notificación de casos se redujo un 5 % a nivel mundial, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos recuerda que la lepra es una enfermedad aún presente en nuestros días y que representa un problema de salud pública con magnitudes muy diferentes entre regiones. Es más, la lepra se considera una enfermedad desatendida, que evidencia profundas desigualdades en el acceso a los servicios de salud, en las condiciones socioeconómicas y en la robustez de la vigilancia epidemiológica.

Como se recoge en el informe publicado por el Consejo General con motivo del Día Mundial de la Lepra, la vigilancia epidemiológica constituye la base para la prevención y el control de la patología.

En entornos con alta prevalencia, los programas nacionales incluyen la notificación obligatoria de casos y el seguimiento de contactos. Esta última es una intervención fundamental para limitar la transmisión e implica la identificación sistemática de convivientes y otras personas del entorno del paciente, con evaluaciones clínicas regulares y, cuando es necesario, el uso de quimioprofilaxis, con la administración, por ejemplo, de rifampicina en dosis única a contactos seleccionados.

Además, la atención integral de los pacientes no finaliza con la erradicación del bacilo causante de la patología, sino que debe incluir el seguimiento clínico, la prevención de discapacidades, la rehabilitación y el apoyo psicosocial.

Los farmacéuticos desempeñan un papel relevante no solo en el abordaje clínico, sino también en la educación sanitaria y en la reducción del estigma. También contribuyen a la detección precoz y a la adherencia terapéutica, así como a las labores de farmacovigilancia.  

Que la lepra sea una enfermedad poco frecuente en países como en España hace que aumente el riesgo de retrasos diagnósticos, dificultades en el seguimiento y falta de información por parte de los pacientes.  

Los farmacéuticos, por su proximidad, accesibilidad y relación de confianza con los pacientes, pueden detectar de forma temprana signos y síntomas sospechosos de la enfermedad, especialmente, cuando estos síntomas se presentan de forma inespecífica o prolongada.

Entre esos signos de alarma se encuentran que el paciente consulte en la farmacia por lesiones cutáneas persistentes; que tenga reducida la sensibilidad cutánea y que sufra parestesias o dolor neuropático de evolución insidiosa. 

En estas situaciones, el farmacéutico puede identificar situaciones que no encajan con afecciones cutáneas comunes o con procesos autolimitados y recomendar una valoración médica.

Este cribado informal es especialmente relevante en personas procedentes de países endémicos o con antecedentes de estancia prolongada en dichas zonas –por ejemplo, India, Indonesia o Brasil–. La derivación temprana puede contribuir de forma decisiva a iniciar el tratamiento antes de que aparezcan lesiones irreversibles o discapacidades.

Adherencia y seguridad

La farmacovigilancia activa es otro ámbito donde la aportación del farmacéutico es muy valiosa. Aunque los fármacos empleados para tratar la lepra –rifampicina, dapsona y clofazimina– presentan perfiles de seguridad bien conocidos, no están exentos de riesgos. Por ejemplo, puede darse hepatotoxicidad por rifampicina y hemólisis (destrucción de glóbulos rojos) o metahemoglobinemia (exceso de metahemoglobina, que no es capaz de transportar oxígeno de forma eficaz a los tejidos) asociadas a dapsona. También pueden surgir alteraciones cutáneas y gastrointestinales relacionadas con clofazimina.

Como experto del medicamento, el farmacéutico puede identificar precozmente estos efectos adversos, evaluar la gravedad de las reacciones adversas notificadas por el paciente, identificar interacciones clínicamente relevantes, proponer ajustes o alternativas terapéuticas y colaborar con el resto del equipo sanitario para optimizar el tratamiento global del paciente. 

Estas intervenciones son cruciales sobre todo teniendo en cuenta que muchos pacientes con lepra, especialmente en contextos de migración o vulnerabilidad social, pueden presentar comorbilidades crónicas o situaciones de polimedicación que incrementan la complejidad del tratamiento.

Asimismo, entre las funciones del farmacéutico están explicar de forma clara y comprensible el objetivo terapéutico y la importancia de completar el tratamiento –que, por lo general, se prolongará durante varios meses–, y ayudar a solventar barreras al cumplimiento (olvidos, desinformación, estigma social), ofreciendo estrategias prácticas para mejorar la toma correcta de la medicación. Esta labor es de gran ayuda para los pacientes con lepra, ya que el abandono del tratamiento puede favorecer recaídas y, potencialmente, la aparición de resistencias.

Mitos

La educación sanitaria sobre el modo de transmisión de la lepra, la medicación que precisa y la improbabilidad de que se transmita una vez iniciado el tratamiento contribuye a desmontar mitos que todavía hoy siguen circulando en la sociedad sobre esta enfermedad.

Esta labor educativa no solo beneficia a las personas afectadas, sino también a su entorno y a la sociedad en general, promoviendo una visión basada en datos científicos y también en el respeto a los derechos humanos.

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