Investigadores del grupo Plasticidad Neuronal y Neurorreparación del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), del Instituto de Neurociencias de Castilla y León y de la Universidad de Salamanca demostraron que la combinación de terapia celular y terapia génica logra detener la pérdida de neuronas en un modelo experimental de enfermedad neurodegenerativa. El trabajo, publicado en la revista 'Journal of Tissue Engineering', constató que células de la médula ósea modificadas genéticamente para producir mayores cantidades de IGF-1 reducen la inflamación cerebral y protegen a las neuronas frente al daño en el ADN.
El estudio se realizó en el modelo de ratón PCD, una herramienta que reproduce una forma hereditaria de ataxia cerebelosa. Estos animales sufren una degeneración rápida de las células de Purkinje del cerebelo, fundamentales para la coordinación, y presentan una pérdida progresiva de neuronas en el bulbo olfativo. Eduardo Weruaga, catedrático de la institución salmantina e investigador principal, explicó que la ventaja de este modelo reside en que ofrece dos escenarios degenerativos diferentes, uno rápido en el cerebelo y otro más lento en el bulbo olfativo, lo que proporciona una ventana terapéutica más favorable.
El equipo científico utilizó las células madre hematopoyéticas de la médula ósea como un vehículo terapéutico para transportar la proteína neuroprotectora IGF-1 hasta las zonas dañadas. Tras modificar genéticamente estas células y trasplantarlas a los animales, observaron que la muerte neuronal se detenía prácticamente por completo. David Díaz, profesor titular y codirector del estudio, destacó que la reducción de la pérdida celular resultó excepcional gracias a la incorporación de este factor de crecimiento.
Mecanismos de reparación genética
La clave del éxito terapéutico se localizó en la preservación de la integridad genética. Aunque los trasplantes convencionales ya reducían la inflamación, el análisis reveló que las neuronas protegidas por la modificación génica apenas presentaban daños en el ADN. Las células introducidas activaron mecanismos celulares de reparación a través de la proteína IGFBP3, cuya localización en el núcleo celular protege a las neuronas frente al deterioro.
La estrategia ofreció un resultado inesperado en el cerebelo, una región con una degeneración muy agresiva donde se hallaron algunas células de Purkinje supervivientes en los animales tratados. El grupo de investigación trabaja actualmente con una nueva molécula denominada VEGF-B, cuyos resultados preliminares son prometedores. Los autores subrayaron que se trata de ciencia básica en modelos animales y que queda un largo camino antes de una posible aplicación clínica.



Lilisbeth Perestelo: