Profesión

El farmacéutico comunitario afianza su rol estratégico frente a la resistencia bacteriana

Penélope Cabezalí Esteban, farmacéutica del Servicio de Información Técnico Profesional COFM, defiende la importancia del farmacéutico comunitario para frenar las resistencias bacterianas. La experta aboga por promover un uso responsable del medicamento y reforzar la adherencia.

Los antibióticos han constituido uno de los mayores avances de la medicina al permitir tratar con éxito infecciones que causaban una elevada mortalidad. Sin embargo, Penélope Cabezalí Esteban, farmacéutica del Servicio de Información Técnico Profesional COFM, advierte, en un artículo publicado por la entidad colegial, de que la eficacia de estos fármacos "se encuentra cada vez más amenazada por la aparición y propagación de bacterias resistentes". Esta situación ocurre cuando los microorganismos desarrollan mecanismos para sobrevivir frente a medicamentos anteriormente eficaces, lo que complica los tratamientos y eleva el riesgo de sufrir complicaciones.

La aparición de estas resistencias forma parte de la propia evolución biológica de las bacterias. La especialista remarca que "el uso excesivo o inadecuado de los antibióticos acelera la selección y propagación de aquellas bacterias capaces de sobrevivir a su acción", situando la utilización incorrecta como uno de los factores principales. Ante un desarrollo limitado de nuevas moléculas, la profesional enfatiza la urgencia de "conservar durante el mayor tiempo posible la eficacia de los antibióticos que ya tenemos", mediante su prescripción y uso cuando resulten estrictamente necesarios.

En este escenario, Cabezalí Esteban recalca que la farmacia comunitaria desempeña un papel esencial "promoviendo el uso responsable de estos medicamentos, reforzando la adherencia a los tratamientos y contribuyendo a la educación sanitaria de la población". Las bacterias presentan una gran capacidad de adaptación mediante mecanismos de resistencia naturales o adquiridos. La resistencia adquirida surge por mutaciones o por la incorporación de genes procedentes de otros microorganismos, lo que facilita que se propague rápidamente entre poblaciones bacterianas.

Una vez que la bacteria es resistente, emplea diversas vías para evitar la acción del fármaco, entre las que destaca la inactivación enzimática mediante betalactamasas. Las bacterias también pueden bloquear la entrada del medicamento o expulsarlo de forma activa, además de modificar la propia diana sobre la que actúa la molécula. La combinación de estos procesos genera bacterias multirresistentes. Al administrar un fármaco, la presión de selección elimina las cepas sensibles y permite sobrevivir a las resistentes.

Estrategias para frenar la resistencia

Para hacer frente a este problema de dimensión mundial, la Organización Mundial de la Salud adoptó en 2026 la actualización de su 'Plan de Acción Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos' para el periodo 2026-2036. En el marco nacional, estas actuaciones se articulan a través del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos, coordinado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. El actual plan para el periodo 2025-2027 busca optimizar el uso de los medicamentos disponibles.

Los datos oficiales muestran avances en el ámbito estatal, donde en 2025 el consumo de antibióticos descendió un 5,1 % respecto al año anterior, acumulando una bajada cercana al 19 % desde 2015. El programa integra los Programas de Optimización del Uso de los Antibióticos, la 'Guía Terapéutica Antimicrobiana del Sistema Nacional de Salud' y la vigilancia epidemiológica. Asimismo, la agencia reguladora estableció en abril de 2026 la adaptación progresiva de las presentaciones para ajustar el tamaño de los envases a la duración real de los tratamientos y evitar restos en las viviendas.

Actuación directa desde la farmacia

La cercanía al paciente convierte a la oficina de farmacia en un emplazamiento clave para detectar errores y atender consultas sobre esta medicación. Cabezalí Esteban detalla que una situación frecuente es la solicitud del fármaco sin prescripción, ante lo cual "no dispensar el antibiótico es solo una parte de la actuación farmacéutica", siendo indispensable explicar los motivos de la denegación y derivar al paciente para una valoración médica.

Cuando el usuario dispone de una receta válida, la dispensación permite comprobar la pauta, asegurar la comprensión del tratamiento y recordar la importancia de no modificar la posología aunque aparezca una mejoría clínica. El profesional farmacéutico promueve medidas sencillas de higiene para prevenir infecciones comunitarias y aconseja sobre la gestión de los excedentes farmacológicos.

Los antibióticos sobrantes no deben almacenarse en el domicilio ni compartirse, sino depositarse en el punto SIGRE de la propia farmacia. Cabezalí Esteban concluye destacando las tareas diarias de la farmacia comunitaria para evitar la automedicación e informar a los usuarios, recordando que "tan importante como disponer de nuevos antibióticos es conseguir que los que ya tenemos sigan siendo eficaces".

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