Thomas Van Cangh, jefe del grupo de trabajo sobre biotecnología de la dirección general de salud y seguridad alimentaria (DG Sante) en la Comisión Europea, recordaba la brecha de competitividad de Europa respecto a Estados Unidos y China. Según ha explicado, los análisis realizados por la Comisión muestran que la participación europea en los ensayos clínicos se ha reducido aproximadamente a la mitad durante la última década, mientras que la capacidad para atraer capital y financiar el crecimiento de las compañías continúa siendo inferior a la de otros mercados.
En sus palabras: “El gran diagnóstico es uno que todos conocemos a partir de Mario Draghi y Enrico Letta: el declive económico de la UE y la creciente brecha de competitividad que observamos en muchos sectores frente, por ejemplo, a Estados Unidos o China”.
Según ha explicado, cuando se preparaba la Biotech Act se encargaron varios estudios, algunos ya conocidos y otros pendientes de publicación en las próximas semanas.
“Lo que más me llamó la atención durante la fase de diagnóstico fue la consulta pública sobre biotecnología. Escuchamos a muchas compañías biotecnológicas, incluidas pequeñas startups y scale-ups, decir que se habían sentido prácticamente empujadas fuera de Europa. No era porque no quisieran ser europeas, sino porque en otros lugares podía resultar mucho más rápido, barato o sencillo.
Es lo que llevó a proponer la Biotech Act, intentando partir de los problemas que afrontan las compañías biotecnológicas sobre el terreno: complejidad regulatoria, uso de la IA, acceso al capital para crecer y otras cuestiones. Intentamos reunir todo ello en una propuesta que ahora se está negociando en el Consejo y el Parlamento, explicaba.
El primer esfuerzo integral de Europa por el salto de la ciencia a la industria
La presidenta de Asebio, Cristina Nadal, valoró la Biotech Act como “el primer intento integral en Europa de abordar las barreras que impiden que una ciencia excelente se traduzca en actividad empresarial, capacidad industrial e inversión, aunque la cuestión es si estas medidas serán suficientes para cambiar las dinámicas que estamos observando”.
En relación con el certificado complementario de protección, apoya “firmemente” la ampliación a 12 meses a partir de su consideración como un incentivo “potente para el sector y también una señal fuerte al mundo”. También expresaba preocupación por la posibilidad de que sea “ demasiado restrictivo”, ya que los requisitos relacionados con el desarrollo y la fabricación dentro de Europa, y los criterios de elegibilidad en general, podrían ser más flexibles.
Además, recordó que “cuando Europa habla de competitividad y acceso también habla de asequibilidad. A veces parece que intentamos cuadrar el círculo. Europa debe tener claro que aumentar la competitividad y aumentar el acceso exige tomar la decisión de invertir más en innovación”, una idea que planeó sobre diferentes momentos de la jornada.
Refuerzo de la capacidad industrial
Van Cangh se refería a una cita “atribuida a muchas personas” sobre que “existen estados miembro pequeños… y otros que no saben que son pequeños”.
Animaba al intercambio de prácticas de éxito y experiencias a la hora de seleccionar, identificar y evaluar proyectos estratégicos en función de cada uno de ellos, que “podría llevar posteriormente a la Comisión a emitir orientaciones, si fuera necesario, sobre el proceso de evaluación y sobre cómo deberían concretarse los criterios”.
“Hemos intentado adoptar un enfoque escalable porque queremos una legislación preparada para el futuro, capaz de apoyar la próxima gran innovación que contribuya a un sector biotecnológico europeo próspero”, añadía.
En ese punto, Nadal apuntaba que el sector acoge con satisfacción que la Biotech Act reconozca las infraestructuras y la inversión como elementos estratégicos: “Creemos que el marco de proyectos estratégicos puede ayudar a acelerar la innovación, las capacidades industriales, las infraestructuras de investigación, las capacidades clínicas y el escalado de la biofabricación. Es un punto de partida positivo, pero no es toda la solución”.
A su modo de ver, Europa necesita una estrategia industrial integral que apoye no solo las nuevas inversiones, sino también el mantenimiento, la modernización y la ampliación de los centros industriales y clínicos estratégicos ya existentes.
En España, AseBio está trabajando con el ecosistema para ayudar a definir qué es clave para el país desde la perspectiva de los proyectos estratégicos, con el matiz de que designar un proyecto como estratégico es positivo, pero la designación por sí sola no es suficiente. Debe ir acompañada de beneficios como procedimientos más rápidos, acceso a financiación y una coordinación efectiva.




Lilisbeth Perestelo: