La Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas (Efpia) ha publicado su posicionamiento oficial sobre los chequeos de salud cardiovascular en la Unión Europea. El documento subrayó que las enfermedades cardiovasculares representan el principal desafío de salud pública en la región, con un balance de 1,7 millones de muertes cada año y una afectación directa sobre 62 millones de personas. El impacto económico de estas patologías, aseguran desde esta organización, ascendió a 282.000 millones de euros anuales, lo que motivó a la organización a reclamar una acción política coordinada para mejorar la detección precoz y la prevención.
La organización valoró positivamente el lanzamiento del Plan Safe Hearts por parte de la Comisión Europea en diciembre de 2025. No obstante, Efpia advierte que los enfoques actuales en los Estados miembros se encuentran fragmentados y carecen de un protocolo común. Esta situación limita la comparabilidad de los datos y genera variaciones significativas en los estándares de tratamiento y seguimiento. Por ello, la federación apoya la propuesta de una recomendación del Consejo sobre estos controles de salud prevista para 2026.
El núcleo de la propuesta de la industria se centró en la iniciativa denominada 'Conoce tus números a los 35'. Efpia defiende que cada ciudadano reciba una evaluación integral del riesgo cardiometabólico antes de cumplir esa edad, con reevaluaciones periódicas posteriores. Este examen básico debería realizarse en el nivel de atención primaria e incluir, al menos, el perfil lipídico, la presión arterial, la glucosa en sangre y medidas de obesidad como el índice de masa corporal.
Las recomendaciones técnicas del sector farmacéutico incluyeron también la medición de la lipoproteína(a) al menos una vez en la vida, tal como sugieren las guías clínicas actuales. Además, la federación propuso que el estatus de vacunación contra infecciones respiratorias se integre dentro del perfil de riesgo cardiovascular del individuo. Para la industria, estos parámetros representaron el conjunto mínimo de datos que debería ser factible gestionar desde la oficina del médico de cabecera.
Protocolos de riesgo y seguimiento
En cuanto a la estratificación del riesgo, el protocolo propuesto exige el uso de herramientas europeas validadas, como los modelos SCORE2 o similares. Efpia insistió en que las puntuaciones de riesgo deben guiar la intensidad de la intervención de forma holística, en lugar de tratar los parámetros biológicos de forma aislada. El objetivo final del Plan Safe Hearts contempló que, para 2035, el 90 % de los mayores de 65 años cuente con una medición anual de su presión arterial.
La industria también puso el foco en los grupos de alto riesgo, que requirieron controles más tempranos y frecuentes. Entre estos colectivos figuraron personas con antecedentes familiares de enfermedad aterosclerótica prematura, pacientes con insuficiencia renal crónica o individuos con diabetes y obesidad. Especial relevancia cobró la detección sistemática de la hipercolesterolemia familiar, para la cual se instó a los Estados miembros a establecer programas de diagnóstico infantil y cribado en cascada para familiares de primer grado.
El valor de estos controles no dependió únicamente de la detección, sino de la integración de vías de atención eficaces. Efpia destaca que los resultados que excedan los umbrales recomendados deben activar automáticamente un plan de gestión personalizado y el inicio del tratamiento. La organización propuso un modelo de prestación combinado que una los chequeos sistemáticos por edad con la detección oportunista aprovechando cualquier contacto rutinario con el sistema sanitario.
La implementación de estos programas, según la federación, debería completarse para la primera mitad de 2027. Para lograrlo, EFPIA solicitó que la Comisión Europea asegure financiación adecuada a través de los fondos de cohesión y otros instrumentos financieros. La federación concluye que los chequeos de salud cardiovascular bien diseñados son una palanca fundamental para reducir la mortalidad evitable y garantizar la sostenibilidad del modelo sanitario europeo a largo plazo.



Lilisbeth Perestelo: