Terapéutica

Cuando dispensar ya no basta: la farmacia apunta a un modelo más asistencial

La mesa celebrada en Infarma sobre nuevos servicios farmacéuticos situó el debate en cómo avanzar hacia un modelo más asistencial. Los expertos coincidieron en que la dispensación ya no cubre todas las necesidades y en que el reto es implantar servicios con estructura y financiación.
Emilio García Jiménez, farmacéutico comunitario en Granada; Luis Panadero, tesorero en funciones del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid; y Jaime Acosta, farmacéutico comunitario en Madrid

La farmacia comunitaria afronta un momento de transición en el que la dispensación, sin dejar de ser el eje del modelo, empieza a resultar insuficiente para responder a algunas necesidades sanitarias. Ese fue el punto de partida de la mesa ‘Nuevos servicios farmacéuticos: cuando dispensar ya no basta’, celebrada en el marco de Infarma Madrid 2026.

El debate, lejos de cuestionar el modelo actual, se centró en cómo desarrollar y consolidar servicios profesionales que amplíen el papel asistencial del farmacéutico. La pregunta no es si servicios farmacéuticos sí o no, la cuestión es realmente “cuál, cómo y cuándo”, señaló Luis Panadero, tesorero en funciones del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, quien planteó la necesidad de concretar el despliegue más que de discutir su conveniencia.

En ese contexto, los participantes apuntaron a un cambio de enfoque que pasa de la dispensación al acompañamiento del paciente en el uso de los medicamentos. “Es un buen momento para preguntarnos si estamos dando al paciente únicamente lo que espera o si podemos acompañarle mejor en el uso de sus medicamentos”, afirmó Emilio García Jiménez, farmacéutico comunitario en Granada.

La necesidad de avanzar hacia ese modelo más asistencial se apoya en cambios estructurales del sistema sanitario, marcados por el envejecimiento de la población, la cronicidad y la polimedicación. En este contexto, los ponentes coincidieron en que el uso de los medicamentos se ha convertido en un elemento crítico de la atención, más allá del momento de la dispensación.

Algunos datos expuestos por Jaime Acosta, farmacéutico comunitario en Madrid, durante la sesión refuerzan esa idea. Hasta el 50% de los eventos adversos tras el alta hospitalaria son evitables y el 92% están relacionados con medicamentos, lo que sitúa el foco en todo lo que ocurre después de que el paciente sale de la farmacia o del hospital.

A ello se suma el impacto de la falta de adherencia, que no solo tiene consecuencias clínicas, sino también económicas. Según se apuntó en la mesa, entre un 5% y un 10% de las hospitalizaciones están relacionadas con este problema, que además genera un elevado gasto y se asocia a miles de muertes en Europa.

En este escenario, los participantes coincidieron en que existe un margen de mejora en el aprovechamiento del potencial sanitario de la farmacia comunitaria. “La capacidad, la accesibilidad, la capilaridad, sobre todo el grado de confianza que el paciente tiene en el farmacéutico”, destacó Luis Panadero, aludiendo a una red que ya actúa como primer punto de contacto sanitario para muchos ciudadanos.

Sin embargo, también se puso de manifiesto que ese potencial no siempre se traduce en una actuación estructurada. “Me produce frustración que haya enfermeras revisando la medicación de los pacientes. Es así porque nosotros no lo hacemos de manera organizada”, señaló Jaime Acosta, quien apuntó a la necesidad de sistematizar la intervención farmacéutica.

Experiencias en marcha

Lejos de planteamientos teóricos, la mesa puso sobre la mesa iniciativas que ya están en marcha y que muestran cómo puede evolucionar la práctica farmacéutica en distintos entornos. En España, varias comunidades autónomas han comenzado a desplegar servicios orientados a mejorar el uso de los medicamentos y reforzar el papel asistencial de la farmacia.

En la Comunidad de Madrid, se están impulsando actuaciones vinculadas a la adherencia terapéutica en pacientes polimedicados, especialmente a través de los sistemas personalizados de dosificación, así como programas de salud pública como Prevecolon, que ha permitido la dispensación de más de 160.000 kits de detección precoz del cáncer colorrectal desde diciembre.

En Andalucía, la dispensación excepcional se ha consolidado como una herramienta para dar respuesta a situaciones urgentes en pacientes crónicos, evitando demoras en el acceso al tratamiento. Este modelo incorpora además canales de comunicación directa con el médico dentro de la receta electrónica, lo que permite trasladar incidencias relacionadas con los medicamentos, como duplicidades, ajustes de posología o efectos adversos.

Para Emilio García, el servicio de dispensación excepcional por fin de tratamiento es una de las experiencias que mejor reflejan la capacidad de la farmacia para actuar con agilidad y criterio profesional en coordinación con otros niveles asistenciales.

Estas iniciativas evidencian, según se destacó durante la sesión, que el desarrollo de servicios farmacéuticos no parte de cero, sino que ya cuenta con experiencias consolidadas que permiten evaluar su impacto y plantear su extensión a mayor escala.

Ámbito internacional

Más allá del ámbito nacional, los ejemplos internacionales mostraron hasta dónde puede llegar la evolución del modelo farmacéutico cuando los servicios están plenamente integrados en el sistema sanitario. En países como Canadá, el papel del farmacéutico ha dado un salto cualitativo, con competencias que van más allá de la dispensación tradicional.

En regiones como Alberta, los farmacéuticos pueden prescribir en determinadas ocasiones, realizar revisiones completas de la medicación, atender dolencias menores o llevar a cabo pruebas para la detección precoz de infecciones, todo ello dentro de un marco regulado y con modelos de remuneración definidos.

“Es el modelo profesional más avanzado del mundo”, señaló Jaime Acosta, quien destacó especialmente la capacidad de prescripción y la existencia de servicios estructurados y retribuidos como elementos diferenciales respecto al modelo español.

Otros países europeos, como Reino Unido o Noruega, también han desarrollado servicios remunerados orientados a la resolución de problemas de salud leves o a la mejora del uso de los medicamentos, contribuyendo además a reducir la presión sobre otros niveles asistenciales.

Estos modelos, según se puso de manifiesto en la mesa, no solo amplían las competencias del farmacéutico, sino que establecen un marco organizativo y económico que permite su sostenibilidad, un aspecto que emerge como clave en el debate español.

Financiación y modelo económico

El desarrollo de estos servicios farmacéuticos se enfrenta, sin embargo, a un condicionante clave: su financiación. Durante la mesa, los participantes coincidieron en que la extensión del modelo asistencial requiere definir cómo se retribuyen estas actuaciones y quién asume ese coste.

“Si el servicio no está remunerado está condenado al fracaso”, se apuntó durante el debate, en referencia a la dificultad de consolidar iniciativas que dependen exclusivamente de la voluntariedad de los profesionales o de proyectos piloto.

En este sentido, el análisis se abrió más allá del papel tradicional de la Administración como único pagador. “¿Tenemos que depender solo de la Administración como pagador?”, planteó Luis Panadero, introduciendo la posibilidad de explorar otras vías de financiación.

Entre ellas, se mencionaron modelos en los que participan aseguradoras privadas o incluso iniciativas impulsadas por la industria farmacéutica, como programas orientados al seguimiento de la adherencia terapéutica. “Hay más pagadores”, señaló Jaime Acosta, aludiendo a experiencias internacionales en las que conviven diferentes fuentes de financiación para sostener estos servicios.

Este debate, según se desprendió de la sesión, no se limita a una cuestión económica, sino que condiciona directamente la viabilidad del modelo. La existencia de una remuneración definida aparece así como uno de los elementos diferenciales entre los países en los que los servicios farmacéuticos están consolidados y aquellos en los que su desarrollo sigue siendo incipiente.

Condiciones estructurales de los servicios

Más allá de la financiación, los participantes subrayaron que el desarrollo de los servicios farmacéuticos exige también cambios en la forma de ejercer la profesión. En concreto, apuntaron a la necesidad de avanzar hacia modelos más estructurados, protocolizados y evaluables.

Uno de los elementos clave en ese proceso es la formación continuada y la acreditación de los profesionales. “Los servicios tienen que ser sistemáticos y con reacreditación obligatoria”, defendió Jaime Acosta, quien insistió en que no basta con iniciativas aisladas, sino que es necesario garantizar estándares homogéneos en la prestación.

En esta misma línea, advirtió de las carencias actuales en este ámbito. “Es inadmisible que un farmacéutico pueda no formarse en toda su vida profesional”, señaló, en referencia a la necesidad de reforzar los mecanismos de actualización de conocimientos y competencias. En este mismo sentido abogó por incidir en la necesidad de que el farmacéutico se implique mucho más en cada dispensación.

La sistematización de los servicios aparece así como otro de los retos pendientes. Según se puso de manifiesto durante la sesión, la falta de organización y de procedimientos comunes limita la capacidad de la farmacia para asumir de forma generalizada funciones como la revisión de la medicación o el seguimiento de pacientes.

A ello se suma la necesidad de reforzar la coordinación con otros profesionales sanitarios, especialmente a través de herramientas que faciliten la comunicación bidireccional con los médicos, como ya ocurre en algunos desarrollos vinculados a la receta electrónica.

¿Por dónde empezar?

Una vez definidos los condicionantes estructurales, el debate también abordó por dónde debería comenzar el despliegue de los servicios farmacéuticos. En este punto, surgieron distintas aproximaciones sobre qué tipo de pacientes y actuaciones deberían priorizarse en una primera fase.

Frente a la idea de centrar los esfuerzos en pacientes complejos, Jaime Acosta defendió una estrategia orientada a un mayor volumen de población menos grave. “Tenemos que ir a pacientes poco complejos pero con mucho volumen de pacientes”, señaló, al considerar que este enfoque permitiría generar impacto más rápidamente y facilitar la implantación de los servicios en un mayor número de farmacias.

En cuanto al contenido de esos servicios, se apuntaron áreas concretas de actuación que ya cuentan con base profesional y experiencia previa. Entre ellas, Acosta consideró que sería importante empezar por una verdadera indicación farmacéutica, así como por la revisión de la medicación y, en general servicios acotados, protocolizados y con capacidad de medición, antes de abordar intervenciones de mayor complejidad.

Por su parte, Emilio García consideró que la mejora de la adherencia terapéutica y la detección de duplicidades en los tratamientos serían los ámbitos por donde empezar.

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