El cáncer de conducto biliar representa un grupo raro y heterogéneo de tumores que se originan en diferentes puntos del árbol biliar, la red que conduce la bilis desde el hígado hasta la vesícula biliar y el intestino delgado. Estas neoplasias muestran perfiles moleculares dispares según su ubicación anatómica. En los últimos años, el abordaje terapéutico de las personas diagnosticadas sufrió cambios tras incorporar la inmunoterapia como opción de primera línea, aunque el beneficio obtenido continúa siendo modesto. Aproximadamente cuatro de cada diez pacientes presentan alteraciones moleculares susceptibles de beneficiarse de tratamientos dirigidos existentes. Ante esta situación, el reto actual radica en cómo detectar dichas mutaciones para seleccionar el tratamiento idóneo.
Las directrices internacionales recomiendan realizar una caracterización molecular mediante técnicas de secuenciación genómica a todos los pacientes con cáncer avanzado del tracto biliar. Este proceso permite identificar las alteraciones sensibles a fármacos específicos. No obstante, en este tipo de tumores la obtención de una muestra de tejido adecuada resulta dificultosa por su localización en el hígado o en los conductos biliares. En un volumen elevado de casos, la cantidad o la calidad del tejido tumoral extraído no alcanza los mínimos requeridos para completar el análisis genómico. En este escenario, un trabajo liderado por investigadores del Instituto de Investigación del Hospital del Mar (HMRIB) demuestra que la biopsia líquida, ejecutada a través de un análisis de sangre, funciona como una alternativa fiable para caracterizar genómicamente estos tumores y ampliar el acceso de los pacientes a la medicina de precisión. La investigación se publicó en la revista 'Clinical Cancer Research'.
Laura Visa, médica adjunta en el Servicio de Oncología Médica del Hospital del Mar e investigadora en el Grupo de Investigación en Carcinogénesis Gastroesofágica del HMRIB, explica que los datos obtenidos sostienen que "la biopsia líquida es una alternativa muy útil cuando no hay suficiente tejido tumoral disponible para realizar un estudio molecular completo. Esto permite identificar alteraciones accionables y facilitar el acceso de los pacientes a tratamientos dirigidos".
Cohorte internacional de análisis
Para llevar a cabo la investigación, el equipo analizó los datos moleculares procedentes de 10.937 pacientes diagnosticados de cáncer de conducto biliar. Clara Montagut, jefa de la Sección de Oncología Médica en el Hospital del Mar y subdirectora del HMRIB, destacó que "uno de los puntos clave del estudio es que es la cohorte internacional más grande estudiada hasta la fecha, lo que le otorga una validez clínica indiscutible. Esto ha sido posible gracias a la colaboración con Guardant Health, una empresa líder en biotecnología en California." El análisis masivo sirvió para describir el perfil molecular de esta neoplasia y la frecuencia de aparición de las principales mutaciones que cuentan con terapias disponibles.
Los hallazgos se confirmaron posteriormente al analizar una cohorte de 126 pacientes aquejados de colangiocarcinoma metastásico o inoperable en nueve centros hospitalarios de España. Para este grupo reducido se disponía de datos genómicos pareados provenientes tanto de muestras de tejido como de sangre. La comparación entre ambas metodologías arrojó una concordancia del 83 % en la detección de las alteraciones moleculares con mayor relevancia en la práctica clínica.
Paralelamente, el estudio reveló diferencias sustanciales en la disponibilidad de la prueba. La biopsia líquida pudo ejecutarse en el 90 % de los pacientes, mientras que la secuenciación de tejido únicamente logró completarse en la mitad de la muestra analizada. Estos datos refuerzan la capacidad de la prueba en sangre para superar los cuellos de botella diagnósticos y extender el uso de la medicina personalizada. Laura Visa subraya en este sentido que la biopsia líquida "es una alternativa fiable, accesible, rápida y mínimamente invasiva para la caracterización molecular de pacientes con cáncer de conducto biliar, facilitando así el acceso a terapias dirigidas".
Capacidad pronóstica del ADN tumoral
Además de identificar dianas terapéuticas, el trabajo indica que una presencia superior de ADN tumoral circulante en el torrente sanguíneo guarda relación con un peor pronóstico de la patología. Los resultados sugieren que la acumulación de mutaciones en el tumor se traduce en una evolución clínica más desfavorable para el paciente.
Beatriz Bellosillo, directora de la Unidad de Innovación y Medicina de Precisión de la red dibi y de la Unidad de Biopsias Líquidas del Hospital del Mar, detalla que "tanto la carga tumoral detectada en la sangre como la heterogeneidad molecular del tumor están asociadas con la supervivencia del paciente, lo que sugiere su potencial como biomarcadores pronósticos". Asimismo, la especialista enfatiza que "la biopsia líquida ahorra tiempo a la hora de disponer de la información molecular necesaria para tomar las decisiones clínicas más adecuadas, y lo hace de una manera tan sencilla como una extracción de sangre".
En el proyecto colaboraron investigadores integrados en el área de investigación oncológica del CIBER (CIBERONC). La representación de centros españoles abarcó el Hospital del Mar, el Hospital Vall d'Hebron y el Hospital Clínic de Barcelona, junto al Hospital Universitario 12 de Octubre, HM Sanchinarro, la Fundación Jiménez Díaz y el Hospital Sanitas-Zarzuela localizados en Madrid, además de la Clínica Universidad de Navarra y el Hospital Universitario de Burgos. Los trabajos colaborativos de análisis genómico se desarrollaron conjuntamente con la firma biotecnológica Guardant Health, radicada en Palo Alto, California.



Lilisbeth Perestelo: