Política

Ifpma: “Invertir en prevención inmunológica ante enfermedades crónicas salva fondos en la UE”

El organismo internacional pide Europa una mayor inversión en prevención inmunológica como cave para convertir la longevidad en un motor de crecimiento

La esperanza de vida en la Unión Europea ha aumentado, de media, más de dos años por década desde los años 60, situando al continente al frente de una transición demográfica global. Este logro sitúa a la región ante la necesidad imperiosa de transformar sus sistemas de salud para pasar de la planificación basada en la dependencia a la inversión en envejecimiento saludable, cuidados preventivos e innovación. En una sola generación, casi un tercio de la población trabajadora superará los 60 años. Si este fenómeno demográfico se convierte en un activo competitivo o en un lastre para el desarrollo dependerá de las decisiones políticas actuales, sobre todo ante el impacto de las patologías no transmisibles e infecciones prevenibles por vacunación que siguen generando gastos evitables y caídas de productividad.

Se proyecta que casi dos tercios de los avances de salud futuros procederán de las medidas de salud pública y la atención preventiva. Sin embargo, la mayor parte de las naciones destina menos del 2% de sus partidas sanitarias a la prevención y, en la mayoría de los Estados miembros, menos del 0,5% de los presupuestos se dirige a programas de inmunización. Este reparto amenaza la viabilidad de los sistemas de asistencia y debilita la resiliencia financiera a largo plazo. Para revertir esta situación, Laetitia Bigger, directora de Política de Vacunas, Sibilia Quilici, directora ejecutiva de Vacunas Europa, y Michael Hodin, director general de la Coalición Global sobre el Envejecimiento, plantean, en un artículo publicado por la Federación Internacional de Industria Farmacéutica (Ifpma) avanzar hacia un esquema integral que abarque la promoción de la salud, la detección precoz, el control de dolencias crónicas y la vacunación.

Inmunización en adultos y respuesta crónica

El abordaje de las patologías no transmisibles constituye un eje central. Cáncer, dolencias cardiovasculares, patologías respiratorias crónicas y diabetes ocasionan cerca de dos tercios de los fallecimientos en el entorno comunitario y conllevan un coste económico cercano a los 700.000 millones de euros anuales. En este contexto, la inmunización de la población adulta representa una de las herramientas de prevención menos aprovechadas. La vacunación contra el virus del papiloma humano y la hepatitis B resulta fundamental dentro de la estrategia europea para erradicar el cáncer de cuello uterino.

Asimismo, las evidencias confirman que prevenir infecciones mitiga la inflamación y las secuelas a largo plazo. La vacunación antigripal se asocia con un descenso de hasta un 34% en episodios cardiovasculares graves. A su vez, aproximadamente un 25% de los adultos de 65 años o más que sufren una hospitalización por gripe u otras afecciones respiratorias agudas registra un deterioro duradero de su autonomía. Este patrón se repite en otras infecciones como la neumonía, el virus respiratorio sincitial o el herpes zóster, las cuales agravan la vulnerabilidad de quienes padecen patologías crónicas. Por ejemplo, las personas con enfermedades cardiovasculares presentan casi cuatro veces más riesgo de desarrollar enfermedad neumocócica. La inmunización frente al neumococo puede recortar la mortalidad de origen cardiovascular en un 8% y reducir los eventos relacionados en un 14%.

Desde la perspectiva presupuestaria, los programas vacunales en adultos pueden aportar retornos de hasta 19 veces el importe invertido al evitar ingresos hospitalarios, recortar costes de tratamiento y mantener la productividad laboral. Estimaciones de la OCDE indican que incrementar el gasto preventivo un 10% respecto al gasto hospitalario total permitiría reducir el gasto sanitario global en casi un 1%.

Coordinación comunitaria e integración del riesgo

Pese a estos datos, la aplicación regional de estas políticas continúa siendo heterogénea debido a la falta de homogeneidad en recomendaciones y acceso. Aunque diversos países recomiendan vacunar contra infecciones respiratorias a partir de los 65 años, Estados como Alemania e Italia han situado ese umbral en los 60 años. Para paliar estas disparidades, iniciativas como el Plan de Corazones Seguros reconocen formalmente la vacunación frente a infecciones respiratorias y herpes zóster como medida de prevención cardiovascular a escala europea. Paralelamente, el Grupo Directivo para la Prevención de Infecciones Respiratorias plantea fijar metas de cobertura anuales en la UE para gripe, COVID-19, VRS y neumococo.

Los expertos señalan la necesidad de desligar progresivamente las recomendaciones de los límites rígidos de edad, puesto que los riesgos para la salud se incrementan a partir de los 50 años, afectando a estratos de población clave para la productividad. Se estima que la fuerza laboral comunitaria caerá un 12% para 2070, mientras que el gasto sanitario ascendería al 8,1% del PIB si se envejece con mala salud. Además, el empleo entre adultos de 50 a 64 años cae un 20% en presencia de una enfermedad crónica y hasta un 40% cuando convergen dos o más condiciones.

Para facilitar el acceso, las farmacias comunitarias y los entornos de trabajo se configuran como vías idóneas. La implantación de programas de salud en centros laborales ha demostrado capacidad para disminuir el absentismo por baja médica en un 25%.

Finalmente, el marco regulatorio abre una oportunidad económica. Aunque los programas de inmunización representan menos del 0,5% del gasto sanitario en la Unión Europea, el Nuevo Marco de Gobernanza Económica permite categorizar la atención preventiva como inversión impulsora del crecimiento. Esta fórmula excluye dichas partidas de los límites de gasto neto computables para las penalizaciones por déficit, protegiendo los presupuestos preventivos y favoreciendo la sostenibilidad fiscal de los Estados miembros a largo plazo.

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