Terapéutica

El papel del farmacéutico ayuda a reducir el riesgo cardiovascular con fármacos GLP-1

La Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria pone en valor los resultados de una investigación gallega que confirma el beneficio de los GLP-1 en pacientes con diabetes y obesidad antes de sufrir su primer evento cardiovascular.

Un estudio liderado por la Unidad de Ensayos Clínicos en Cardiología del Hospital Universitario de Santiago, que contó con la colaboración de farmacéuticos de atención primaria de 13 centros de salud gallegos, ha demostrado por primera vez en la práctica clínica real que los fármacos agonistas del receptor del péptido similar al glucagón-1 (GLP-1) poseen un impacto determinante en la prevención primaria cardiovascular. Los resultados de este trabajo indicaron que estos medicamentos reducen en un 13,45 por ciento el riesgo relativo a diez años de que los pacientes con diabetes tipo dos y obesidad sufran un accidente cardiovascular.

Hasta la fecha, fármacos como Ozempic habían demostrado beneficios significativos en prevención secundaria, orientada a pacientes que ya sufrieron un evento previo. Sin embargo, no existían ensayos clínicos específicamente diseñados para evaluar este impacto antes de que tuviera lugar el primer evento cardiovascular. El autor principal del estudio, José Seijas Amigo, explicó que esta investigación constituye la primera evidencia prospectiva de esta magnitud en el mundo real y apoya el uso temprano de estos fármacos en individuos de alto riesgo.

Papel de AP

Tal y como señala el autor principal, el papel de los farmacéuticos de atención primaria ha sido “absolutamente clave” en la elaboración y ejecución del mismo. Los FAP han aportado el acceso longitudinal a los pacientes y al uso real del medicamento en el día a día.
“Desde primaria se conoce la adherencia, la evolución del tratamiento, los ajustes y el contexto clínico global del paciente, algo fundamental en estudios de vida real”, subraya José Seijas Amigo.
Su opinión la comparte José Manuel Paredero, presidente de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (SEFAP), para quien este estudio ejemplifica “el enorme potencial investigador” de los farmacéuticos de atención primaria cuando se trabaja con datos poblacionales de vida real. “Nuestro acceso continuado a la historia farmacoterapéutica, a la evolución longitudinal del paciente y a los patrones de utilización de medicamentos permite generar evidencia con un valor añadido único para comprender el impacto clínico de los tratamientos en condiciones reales”, sostiene.

Evidencia en vida real

El estudio realizó un seguimiento durante 44 semanas a 105 pacientes que iniciaron el tratamiento. Más allá del control glucémico, los investigadores observaron una mejora general en múltiples parámetros de salud. Entre los datos obtenidos, destacó una reducción media del peso de 6,5 kilogramos y una disminución de la hemoglobina glicosilada del 1,5 por ciento. Estas cifras reforzaron la tesis de que los GLP-1 actúan sobre diversas piezas que construyen el riesgo cardiovascular, no solo sobre el azúcar.

Desde el punto de vista clínico, los resultados sugirieron que los agonistas del GLP-1 deben valorarse por su potencial impacto en el riesgo estimado desde fases tempranas de la enfermedad. Esto permitió una toma de decisiones más integral en pacientes con diabetes tipo dos que presentan un perfil de alto riesgo, incluso antes de desarrollar una patología establecida. Además, el estudio abrió la puerta a la incorporación de herramientas de estimación de riesgo en la monitorización rutinaria del tratamiento.

Estratificación y sostenibilidad

La investigación puso de manifiesto el papel estratégico de los FAP en la prevención cardiovascular. Estos facultativos no solo participaron en la optimización terapéutica y en la revisión de tratamientos, sino que integraron herramientas de estratificación de riesgo en la evaluación del paciente. Esta capacidad permitió identificar a los individuos que podrían obtener un mayor beneficio de los GLP-1, colaborando activamente en la adecuación de la terapia.

Asimismo, el farmacéutico de atención primaria ejerció como puente entre las guías clínicas y la sostenibilidad del sistema sanitario. Su labor resultó especialmente relevante al realizar evaluaciones que permitieron valorar no solo el beneficio clínico individual, sino también el impacto global en la atención sanitaria. En este sentido, el estudio confirmó que la prevención cardiovascular comenzó en la atención primaria y se impulsó a través de la investigación colaborativa entre diferentes niveles asistenciales.

Resultados metabólicos adicionales

El análisis detallado de los pacientes mostró mejoras constantes en otros indicadores críticos. Los niveles de colesterol LDL se redujeron en 21 mg/DL, mientras que los triglicéridos experimentaron un descenso de 54 mg/DL. A nivel tensional, se registró una caída de la presión arterial sistólica de ocho milímetros de mercurio. Estos cambios reafirmaron que los beneficios de los agonistas del GLP-1 trascendieron la pérdida de peso y el control de la glucosa.

Aunque Seijas Amigo matizó que estos resultados no sustituyeron a los ensayos clínicos aleatorizados, sí aportaron una evidencia complementaria muy relevante sobre la efectividad de los tratamientos en condiciones reales. La capacidad de los FAP para monitorizar estos parámetros de forma constante permitió un seguimiento más estrecho de la efectividad terapéutica y de la seguridad del paciente.

La conclusión de los expertos fue unánime respecto a la necesidad de valorar estos fármacos desde una perspectiva de salud pública y prevención temprana. La integración de la farmacia de primaria en la estructura de investigación clínica de los hospitales universitarios demostró ser una fórmula eficaz para obtener datos que, de otro modo, quedarían fuera del alcance de los ensayos convencionales realizados en entornos controlados.

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