Terapéutica

España necesita incrementar las donaciones para avanzar en autosuficiencia en plasma

El Encuentro de Expertos sobre ‘El reto de la dependencia estructural del plasma importado’ abordó las dificultades de España para cubrir sus necesidades con plasma nacional, en un contexto de aumento del consumo de inmunoglobulinas y de debate sobre posibles fórmulas de reconocimiento al donante.
Participantes en el Encuentro de Expertos ‘El reto de la dependencia estructural del plasma importado’.

España se enfrenta a una pregunta que ya no puede aplazarse mucho más tiempo: si el modelo actual de donación de plasma, basado en el altruismo, la captación y retención de donantes y el esfuerzo de los centros de transfusión, es suficiente para avanzar hacia la autosuficiencia o si llegó el momento de abrir de forma real el debate sobre nuevas fórmulas de reconocimiento, compensación y colaboración para reducir la dependencia del plasma importado.

Los datos explican la urgencia. En 2024 se alcanzaron 427.000 litros de plasma enviados a fraccionamiento, equivalentes a 8,83 litros por mil habitantes, todavía lejos de la media europea de 17,12 litros. Al mismo tiempo, el consumo hospitalario de inmunoglobulinas creció un 9,05 por ciento, una evolución que agranda la distancia entre la disponibilidad nacional y una demanda que no deja de aumentar.

Esa fue la cuestión de fondo planteada en el Encuentro de Expertos ‘El reto de la dependencia estructural del plasma importado’, organizado por Diariofarma dentro del ciclo ‘Medicamentos derivados del plasma: avances y retos estratégicos’. La sesión reunió a un panel multidisciplinar para analizar por qué España sigue lejos de cubrir con plasma nacional las necesidades de los pacientes y qué cambios deberían activarse para acercarse a la autosuficiencia.

Participaron Aranzazu de Celis, directora de la División de Sangre, Componentes Sanguíneos y Células y Tejidos Reproductores del Ministerio de Sanidad; Luisa María Barea, directora gerente del Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid; José Antonio Romero, portavoz del Grupo de Trabajo de Hemoderivados de la Asociación Española de Farmacia Hospitalaria; Isabel Rodrigo, jefa del Área de Hemoderivados de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios; Alejandra Pérez del Real, presidenta de GBS Polineuropatías Inmunomediadas; y Eduardo Herrero, responsable Industrial y de Innovación de Biopharma, Grifols. El debate fue moderado por José María López Alemany, director de Diariofarma, y contó con la colaboración de Grifols.

El análisis compartido por los expertos mostró un consenso amplio sobre la necesidad de actuar, aunque también evidenció diferencias sobre hasta dónde debe transformarse el modelo. España necesita más plasma, más donantes recurrentes, más información y una organización que haga más fácil donar. La compensación al donante, el papel de los sistemas públicos, la posible colaboración público-privada y el uso adecuado de las inmunoglobulinas aparecieron como los principales puntos de fricción de un debate que ya no se limita a pedir más campañas de donación.

Una brecha que no se cierra solo con más donantes

Aranzazu de Celis situó el problema en una tensión conocida, pero cada vez más difícil de gestionar. “Es el binomio de la oferta y la demanda”, afirmó. España, como el conjunto de Europa, sigue lejos de la autosuficiencia y necesita obtener más plasma, pero la solución no puede limitarse a aumentar la recogida si la demanda de derivados plasmáticos sigue creciendo sin control. “Hay mucho uso fuera de indicación y mucho uso, que es más importante, fuera de evidencia clínica”, señaló. A su juicio, si esa demanda sigue aumentando en usos sin suficiente respaldo, “va a ser muy difícil poder llegar a cualquier grado de autosuficiencia”.

Eduardo Herrero, Luisa María Barea y Aranzazu de Celis

En cualquier caso, De Celis recordó que el Ministerio impulsó medidas para ayudar a las comunidades autónomas a mejorar sus programas de plasmaféresis con la financiación de unidades móviles o a ponerlos en marcha allí donde no existían.

Por su parte, Luisa Barea puso el acento en otra limitación estructural. El problema no es solo atraer nuevos donantes, sino conseguir que repitan. De acuerdo con sus datos, en Madrid, el 75 por ciento de los donantes dona una única vez al año y solo el 25 por ciento lo hace dos o más veces. “Si todos los donantes donaran dos veces al año, tendríamos sangre y tendríamos plasma”, defendió. Esa recurrencia, más que la donación puntual, aparece como uno de los objetivos estratégicos del sistema.

La insuficiencia también se observa desde los hospitales, como explicó José Antonio Romero. El farmacéutico señaló que la baja frecuencia de donación y el escaso desarrollo de la aféresis siguen siendo obstáculos importantes. Incluso con una guía de uso que clasifique las indicaciones según su evidencia, la autosuficiencia queda lejos de la necesidad real. Puso los datos de su propio hospital y planteó que con el plasma que se obtiene de las donaciones en su centro, “ni mucho menos” llegan a cubrir la demanda de inmunoglobulinas.

Isabel Rodrigo coincidió en que priorizar mejor puede ayudar a utilizar bien las inmunoglobulinas y otros productos derivados del plasma, pero dejó claro que no resolvería el problema de fondo. Aunque se reservaran para aquellas indicaciones con utilidad demostrada, España seguiría lejos de la autosuficiencia. “Hay que conseguir más plasma”, resumió. También apuntó a una barrera poco visible, pero decisiva, ya que muchos ciudadanos aún desconocen qué es la plasmaféresis y que el plasma sirve para fabricar medicamentos esenciales.

Alejandra Pérez del Real se mostró en desacuerdo con una priorización rígida por patologías en situaciones de escasez, al considerar que puede dejar fuera situaciones clínicas en las que las inmunoglobulinas resultan eficaces aunque el encaje regulatorio o la evidencia disponible sean más complejos. “Se trata de pacientes, se trata de casos, no de patologías”, defendió. Tras la pandemia, explicó, cualquier señal de tensión en el suministro despierta alarma. “Hay auténtico pánico a que vuelva a ocurrir”, resumió. Ante esta situación, se preguntó por qué España, referente en donación y trasplante de órganos, no logró trasladar esa cultura al plasma y a la aféresis.

Desde la industria se añadió una perspectiva distinta, pero conectada con la misma idea de regularidad. Eduardo Herrero recordó que para fabricar medicamentos hemoderivados el plasma es una materia prima biológica que debe llegar de forma estable, con criterios estrictos de calidad y seguridad. “Necesitamos donantes conocidos, con un estado de salud conocido”, explicó. Esa estabilidad es imprescindible para una producción que no puede activarse de forma inmediata ante un problema de suministro. Más allá, consideró que se realizó un buen trabajo en el incremento de plasmaféresis, “pero no es suficiente”.

La compensación entra en el debate del cambio de modelo

La compensación al donante se situó como una de las cuestiones más sensibles del debate. Mientras que la mayoría de los participantes, al igual que en otros encuentros de este ciclo, se mostraron abiertos a determinar su utilidad, la posición del Ministerio fue crítica. Aranzazu de Celis defendió que el Reglamento SOHO permite hablar de compensación, pero en un marco amplio y no necesariamente trasladable sin matices a la donación de sangre o plasma. A su juicio, debe entenderse como cobertura de gastos cuando sea necesario, por ejemplo, un desplazamiento o una estancia vinculada a la donación de otras sustancias de origen humano.

José Antonio Romero, Isabel Rodrigo y Alejandra Pérez del Real

De Celis advirtió además de que la compensación no garantiza por sí sola la autosuficiencia, ya que hay experiencias internacionales en las que se redujeron las donaciones, ni que el plasma recogido permanezca en el país. Por eso, defendió reforzar los sistemas públicos de donación, ampliar horarios, acercar la plasmaféresis al ciudadano y hacer más visible el valor estratégico del plasma. El objetivo, sostuvo, debe ser facilitar la donación sin convertirla en una transacción. “Estamos hablando de una donación voluntaria y altruista. Cuando tú donas algo, pierdes algo, pierdes sangre y pierdes tiempo. Eso es el concepto de la donación”, afirmó.

Frente a esa cautela, otros participantes defendieron que el debate no debería cerrarse antes de explorar fórmulas intermedias. Alejandra Pérez del Real fue la más explícita al pedir su estudio. Eso sí, consideró necesario no reducir la compensación al pago directo, sino pensar también en cuestiones como desgravaciones fiscales, créditos académicos para estudiantes, bonos, ampliación de horarios o medidas que eviten que donar suponga un coste excesivo de tiempo y desplazamiento.

Isabel Rodrigo apuntó, en relación con lo planteado por De Celis, que podrían diseñarse reglas para que el plasma recogido se destinara prioritariamente a cubrir las necesidades nacionales. Además, señaló que hay situaciones, como las donaciones de plasma hiperinmune, que requerirían un abordaje diferenciado. Sin apoyar decididamente la compensación, sí instó a evaluar medidas que sirvan para afianzar y hacer recurrentes las donaciones.

Por su parte, José Antonio Romero habló de estímulo o reconocimiento para convertir al donante ocasional en recurrente y planteó la conveniencia de mirar qué hacen otros países para aumentar su autosuficiencia.

Para Luisa Barea, que rechazó un pago económico directo, el cambio debe empezar por hacer más eficaz el modelo actual, con más puntos de donación, mejores sistemas de cita y donantes más regulares. Desde su experiencia, el margen principal está en convertir al donante ocasional en un “donante 360”, capaz de donar sangre, plasma e incluso médula en función de las necesidades. No planteó una ruptura del modelo altruista, pero sí se mostró abierta a fórmulas que faciliten y reconozcan la donación.

Eduardo Herrero situó el cambio de modelo en la colaboración público-privada y en la necesidad de planificar a largo plazo. Defendió que España debe apoyarse en la experiencia de otros países y acercar la recogida al donante, con centros más accesibles y modelos más eficientes de plasmaféresis. A su juicio, la industria puede aportar conocimiento sobre logística, calidad, infraestructuras y fabricación, mientras que el sistema público conoce mejor a los donantes y la realidad territorial.

El desacuerdo, por tanto, no estuvo en la necesidad de cambiar cosas, sino en la profundidad de ese cambio. Para unos, la prioridad es reforzar el sistema y hacerlo más accesible. Para otros, la dependencia exterior exige abrir un abanico más amplio de incentivos, reconocimientos y colaboraciones. La mesa dejó planteada una evidencia: la autosuficiencia no dependerá solo de captar nuevos donantes, sino de conseguir que vuelvan de forma regular. Ahora, la clave está en cómo lograr esa recurrencia.

Fidelizar al donante y hacerle más fácil volver

Esta cuestión fue planteada por Luisa Barea, quien puso números a esa dificultad desde la experiencia de Madrid. Para conseguir mil donantes, explicó, es necesario llamar a 2.200 personas. De ellas, se logran agendar 1.200 citas, pero después un 20 por ciento no acude. La solución, señaló, pasa por utilizar y mejorar la cita previa, permitir la autocita del donante y acercar los puntos de donación a sus lugares de vida cotidiana. En Madrid, explicó, ya se trabaja con puntos fijos en hospitales, rondas periódicas y una futura unidad móvil financiada con fondos del Ministerio para desplazarse por municipios, universidades y lugares de fácil acceso.

La idea de acercar la donación al ciudadano fue compartida también por De Celis, que recordó la transferencia de fondos a las comunidades autónomas para mejorar la accesibilidad, visibilizar la plasmaféresis y facilitar la captación. El objetivo es doble, hacer más fácil la donación de plasma y que el ciudadano vea que existe esa posibilidad.

Barea insistió, además, en informar, concienciar y trabajar desde edades tempranas para construir una cultura de donación más sólida. La fidelización apareció así como el punto de encuentro entre las distintas posiciones. Quienes defienden reforzar el sistema público y quienes plantean explorar incentivos coinciden en que la autosuficiencia exige donantes recurrentes, no campañas puntuales. La diferencia está en qué herramientas deben emplearse para conseguirlo. El reto compartido es que donar plasma tiene que ser conocido, cercano, sencillo y compatible con la vida diaria.

Uso clínico y acceso de los pacientes

El otro gran punto de divergencia fue el uso de las inmunoglobulinas. Si España necesita más plasma, también necesita asegurar que los medicamentos derivados se utilizan allí donde aportan valor clínico. Pero ese objetivo abrió un debate delicado sobre indicaciones, evidencia, priorización y acceso de los pacientes.

Aranzazu de Celis insistió en que revisar la demanda no significa negar tratamientos necesarios, sino ordenar el uso en un contexto de escasez. Desde el Ministerio, señaló que preocupa especialmente el uso fuera de evidencia clínica. También recordó que, según les trasladó la Comisión Europea, “el 50 por ciento de las inmunoglobulinas se usa fuera de indicación”. De Celis matizó que fuera de indicación no equivale necesariamente a ausencia de evidencia, pero defendió que una cifra de ese nivel obliga a analizar mejor la utilización real de estos medicamentos.

José Antonio Romero coincidió en la necesidad de protocolizar y hacer un uso racional, pero advirtió de que el problema no se resolverá solo restringiendo indicaciones. Defendió normalizar dosis, establecer protocolos clínicos y registrar resultados. En su opinión, disponer de una plataforma que permitiera conocer qué pacientes reciben inmunoglobulinas y con qué resultados sería “una base potencial de información muy buena”.

También amplió el foco al conjunto de la gestión clínica de la sangre, con medidas para preservar la sangre del propio paciente, prevenir la anemia, minimizar el sangrado en cirugía y transfundir con criterios estructurados. Programas como el Patient Blood Management (PBM) pueden ayudar a reducir consumos innecesarios y ordenar mejor el uso de recursos limitados.

Alejandra Pérez del Real rechazó que la escasez pueda abordarse mediante categorías rígidas por patologías, porque en la práctica cada paciente puede responder de forma distinta y, para algunos, las inmunoglobulinas no tienen una alternativa real. “Las inmunoglobulinas son únicas”, afirmó al explicar cómo viven los pacientes la posibilidad de que falte tratamiento.

SOHO, comunidades y colaboración público-privada

El Reglamento SOHO se planteó como una oportunidad para mejorar la planificación, no como una solución inmediata. Isabel Rodrigo subrayó que el plasma encaja dentro de las sustancias de origen humano críticas y que el texto europeo impulsa planes nacionales para evitar desabastecimientos, mejorar la disponibilidad, reforzar la transparencia y aprender de otros países.

También recordó que la calidad y seguridad de los medicamentos ya están garantizadas por los criterios actuales de evaluación, independientemente de que el plasma proceda de España, Europa o Estados Unidos. Por su parte, Aranzazu de Celis destacó que el reglamento refuerza el papel central de los sistemas públicos de donación, cuya resiliencia quedó demostrada durante la pandemia, y reclamó una mayor implicación de las comunidades autónomas y sus consejerías de Sanidad.

El responsable de Grifols defendió que España puede aprender de modelos como Alemania y Canadá, donde se acercó la donación al ciudadano. A su juicio, avanzar hacia la autosuficiencia exige planificación, coordinación territorial, capacidad industrial, reglas claras y definir el papel de cada actor en una posible colaboración público-privada.

Herrero consideró que España progresó, pero no lo suficiente para reducir su dependencia exterior ni responder con garantías a una demanda creciente. Más allá de las diferencias sobre compensación, participación privada o uso fuera de indicación, reclamó tratar el plasma como un recurso estratégico y actuar con “sentido de urgencia”, sentando a todos los actores para acordar soluciones.

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