La Federación Internacional Farmacéutica (FIP) ha lanzado un nuevo documento técnico de cara al próximo Día Mundial de los Farmacéuticos de 2026, que se celebra el 25 de septiembre. El documento, publicado bajo el lema 'Empoderando a los farmacéuticos para futuros más saludables', busca funcionar como una herramienta de defensa global para las organizaciones miembros y socios del sector sanitario. El recurso fundamenta la necesidad de fortalecer el rol de estos profesionales para mejorar el acceso a la atención sanitaria, optimizar el uso de los medicamentos y consolidar la estructura de los sistemas sanitarios.
La organización identificó cinco factores esenciales que permiten a los farmacéuticos ejercer con su máximo alcance competencial. Estos pilares regulatorios y estructurales contemplan el desarrollo de legislaciones de apoyo, la implantación de modelos de financiación y remuneración sostenibles, la integración directa en las redes sanitarias, la promoción de una educación basada en competencias y la mejora de la concienciación pública sobre sus capacidades asistenciales.
El papel de las administraciones
La hoja de llamada a la acción detalla medidas específicas dirigidas a los distintos agentes del sector. A los gobiernos se les pide la creación de un entorno propicio para generar impacto, mediante la financiación pública de servicios como la vacunación, los programas de dolencias menores, la revisión de la medicación y el control de enfermedades crónicas. Asimismo, la federación insta a integrar de forma efectiva a estos profesionales en la atención primaria, los hospitales y los programas de salud pública, además de expandir su autoridad de prescripción, una práctica ya implementada en países como Australia, Canadá, el Reino Unido, Estados Unidos, Sudáfrica y diversos Estados europeos.
Por su parte, los responsables políticos y los reguladores deben establecer marcos legales claros que definan la autoridad para prescribir, administrar vacunas y gestionar terapias. Esta planificación requiere fijar estándares de calidad basados en competencias para asegurar un servicio seguro y dotar de flexibilidad normativa a la profesión durante las emergencias sanitarias, facilitando la telefarmacia y la dispensación excepcional.
Confianza y colaboración sectorial
El documento resalta el papel del público y de otros profesionales sanitarios en esta transformación. Los ciudadanos, que mostraron una alta dependencia de las farmacias durante las crisis sanitarias para asegurar la continuidad de los tratamientos, demandan cada vez más servicios de prevención, cribado y autocuidado en estos establecimientos.
Finalmente, la FIP aboga por reforzar la colaboración interprofesional con médicos y enfermeros para mejorar los resultados clínicos de los pacientes, integrando a los farmacéuticos en equipos multidisciplinares de atención primaria y comunitaria.



Lilisbeth Perestelo: