Terapéutica

Visión reivindica medir por su impacto social y económico la innovación farmacéutica

La colección Visión, impulsada por J&J, defiende ampliar la mirada sobre el medicamento hacia su valor social. Ocho autores abordan dimensiones como la equidad, la sostenibilidad o el bienestar para sostener que la innovación farmacéutica es una inversión y no un gasto
David Beas, Santiago Cervera, Begoña Barragán y Luis Quevedo.

El medicamento se analiza casi siempre desde dos ángulos, su capacidad clínica para incidir en la enfermedad y su coste para los sistemas sanitarios. La colección de reflexiones Visión, impulsada por Johnson & Johnson Innovative Medicine España con la consultora Healthy Numbers, propone ensanchar ese marco y reivindica que la innovación farmacéutica se mida también por su aportación social, económica y de bienestar.

La iniciativa reúne ocho cuadernos sobre el valor social del medicamento, cada uno firmado por un autor de referencia en su materia, y llega en un momento de especial oportunidad regulatoria, con el Consejo de Ministros aprobando este mismo martes el Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, que incorpora dimensiones no clínicas a esa valoración.

La presentación corrió a cargo de David Beas, director de Asuntos Corporativos y Acceso al Mercado de J&J Innovative Medicine España, que situó la innovación biomédica como una inversión para el país y no como un gasto. Beas estructuró esa idea en tres planos. El primero, los resultados en salud, en una etapa que describió como “una época dorada” del desarrollo biomédico gracias a nuevas moléculas y mecanismos de acción como la inmunoterapia, la medicina de precisión o las terapias avanzadas, capaces de cronificar enfermedades antes mortales y mejorar la calidad de vida en patologías incapacitantes. Lo que consideró más relevante desde una perspectiva tangencial es la contribución de esa innovación al aumento de la esperanza de vida: recordó que en España ha pasado en cinco décadas de unos 73 a unos 83 años y atribuyó a la innovación biomédica un peso aproximado del 73% en ese avance, según los estudios que citó.

El segundo plano que abordó fue la eficiencia de los sistemas sanitarios, con la reducción de recaídas y hospitalizaciones y la generación de ahorros indirectos gracias también a nuevas formas de administración. En este punto sostuvo que cada euro invertido en innovación biomédica puede generar ahorros de entre dos y siete veces, en función del grado de innovación. El tercero, el beneficio para el conjunto de la sociedad en términos de productividad: cifró en 1,5 millones las personas que cada día no acuden a su puesto de trabajo por una baja médica, con un impacto en pérdida de productividad que situó en 45.000 millones de euros, cerca de 3,5 puntos porcentuales del producto interior bruto (PIB). Con esos tres elementos enmarcó el propósito del proyecto, observar la relevancia de incorporar innovación biomédica entendida como inversión.

¿Y si no se financiara?

Santiago Cervera, socio director de Healthy Numbers, explicó por qué la colección quiso ir más allá del análisis clínico y económico habitual. Planteó que sobre el medicamento suele haber dos ámbitos de análisis, el de sus capacidades clínicas y el de su economía, ambos abordados con rigor en numerosos informes y estudios. El proyecto quiso dar un paso más y atender a cómo el medicamento se inserta en un sistema sanitario que se sustenta en valores y consensos sociales. De ahí que los cuadernos lo relacionen con la salud, la sanidad, la ética, la sostenibilidad, la equidad, la innovación, el bienestar y el país, dimensiones sobre las que, señaló, es habitual conversar en el ámbito sanitario pero que rara vez se unifican en un mismo hilo de reflexión.

Cervera detalló que el medicamento incide en cuatro dimensiones evaluables (la clínica, la epidemiológica, la económica y la calidad de vida), pero advirtió de que hay aportaciones que no siempre se evalúan pudiendo hacerse y otras que escapan a una cifra, como la esperanza que permite a un paciente oncológico desarrollar una vida social y familiar. “El horizonte de lo que vale un medicamento desde ese punto de vista social no es lo que podemos meter en una tabla, en una hoja de cálculo, sino que hay muchas más cosas”, afirmó. El socio director de Healthy Numbers condensó el planteamiento del proyecto en un giro de la pregunta habitual sobre el precio de la innovación. “Muchas veces, cuando pensamos cuánto cuesta un medicamento, la pregunta que hay que hacerse no es tanto cuánto cuesta, sino cuánto nos costaría no tener ese medicamento”, sostuvo.

Vinculó esa reflexión con el concepto de “resolutividad”, que definió como el punto de convergencia entre lo que pide el paciente y lo que busca el sistema. Cuando un paciente acude al sistema sanitario por una patología leve o grave, recordó, lo que quiere es que se le resuelva, y esa es también la razón de ser del propio sistema. A su juicio, sostenibilidad no significa que algo no se pueda pagar, sino el riesgo de que “el sistema sanitario no haga lo que debe hacer”, que es alcanzar esa resolutividad y poner a disposición de los pacientes lo que genera la investigación. Lo planteó, en sus palabras, como una apelación a la “esperanza de integrar en el sistema todo lo que la investigación biomédica está generando”.

Incorporar la dimensión sociosanitaria

Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac) y autora del cuaderno dedicado al bienestar, reivindicó abrir el debate a la sociedad y no solo al paciente ya que “todos en algún momento de nuestra vida vamos a ser pacientes o vamos a tener a alguien cercano que lo sea”, planteó. A partir de su propia experiencia con la enfermedad, ilustró qué espera realmente una persona enferma: que la curen o que le den una calidad de vida suficiente para seguir trabajando, mantener su capacidad económica y acompañar a su familia.

La presidenta de Gepac defendió incorporar la dimensión sociosanitaria al análisis del coste de un medicamento, porque la economía forma parte de la sociedad y no puede desligarse del todo. “No podemos tener totalmente separado esa parte sanitaria”, afirmó, antes de defender que habría que incorporar lo sociosanitario para conocer realmente todo lo que aporta la innovación a la vida de las personas.

Además, consideró que el coste de un medicamento puede ser importante, pero lo que aporta de verdad es su valor, y ese valor se extiende más allá de la mejora individual. Planteó que una persona sana produce y tiene unos ingresos que se reducen en caso de enfermedad y, además, requiere de inversión por parte del sistema. Por ello, poner el foco en la importancia de que una persona pueda volver a incorporarse al ámbito productivo, trabaja, paga de nuevo sus impuestos y genera riqueza para todo su entorno. También reclamó abrir el melón de la equidad y el porqué del acceso desigual a tratamientos y pruebas diagnósticas según el territorio.

Ante la dificultad de aplicar una evaluación que compute todos los beneficios indirectos en un sistema con presupuestos organizados en silos y competencias repartidas entre Estado y comunidades autónomas, Barragán fue directa al reconocer su dificultad. “Está muy bonito, el papel aguanta todo y está bien escrito y bien pensado. Otra cosa es cómo lo vayamos a aterrizar”. En cualquier caso, insistió en la necesidad de abordar esta cuestión.

Curiosidad y cultura científica

Luis Quevedo, biotecnólogo y divulgador científico, autor del cuaderno sobre innovación, planteó dos miradas complementarias. Por un lado, una económica, ligada a las profesiones de alto valor añadido, las infraestructuras y la independencia estratégica que la pandemia puso a prueba, y, por otro, una social y personal, ligada a la productividad, el tiempo y la libertad. Ofreció una progresión que, dijo, se ha ido actualizando, de la esperanza de vida se ha pasado a hablar de esperanza de salud y ahora empieza a incorporarse la esperanza de “alegría o de disfrute”. Reivindicó además la comunicación científica frente a la desinformación y pidió a instituciones y empresas que expliquen la innovación y la abran al debate, porque ese impulso curioso, si no se alimenta, “fenece, se atrofia”. “Más y mejor comunicación sería bueno”, resumió.

Con esta colección, Johnson & Johnson busca reivindicar que el medicamento no es únicamente una herramienta terapéutica, sino también un elemento con impacto en la vida común. Como resumió Beas al cierre de la presentación, el propósito de la compañía es desarrollar innovación capaz de cambiar el paradigma de tratamiento de patologías complejas, pero también poner en valor que esa innovación “va más allá de resultados en salud” y puede tener “un impacto muy significativo en el desarrollo de un país, de un continente y de la humanidad en su conjunto”.

Una colección sobre ocho dimensiones del valor del medicamento

Visión se presenta como una colección de materiales divulgativos dirigida a quienes quieran comprender “qué es lo que hay en un medicamento” y cómo este participa en el desarrollo de mejoras sociales, económicas y sanitarias.

Los cuadernos son los siguientes:

  • Salud, de Pedro Gargantilla, jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial de Madrid y profesor de Historia de la Medicina. El cuaderno aborda cómo el medicamento ha contribuido históricamente a mejorar la salud de las personas y las comunidades.
  • Sanidad, de Juan Bigorra, doctor en Medicina, especialista en Farmacología Clínica y director de Innovación del Instituto de Salud Global de Barcelona. Analiza la utilidad sanitaria del medicamento, su capacidad resolutiva y su integración en la atención médica.
  • Equidad, de José Luis Puerta, médico y doctor en Filosofía, editor y traductor de publicaciones sobre antropología y humanidades médicas. El cuaderno aborda el medicamento como expresión de solidaridad, igualdad social y cohesión.
  • Sostenibilidad, de Paloma Lanza, doctora en Economía y especialista en economía de la salud y gestión de servicios sanitarios. Su aportación se centra en la vertiente económica de la utilidad social de los medicamentos y en cómo maximizar sus beneficios de forma sostenible.
  • Innovación, de Luis Quevedo, divulgador científico, licenciado en Biotecnología y máster en Comunicación. El cuaderno explica cómo se descubren y desarrollan los tratamientos, cómo se garantiza su eficacia y seguridad, y por qué la sociedad debe promover que la innovación llegue a los pacientes.
  • Ética, de Carlos Fuertes, doctor en Derecho, especialista universitario y máster en Ciencias Forenses y Derecho Sanitario. El texto aborda el medicamento como representación de los valores sociales y del sistema sanitario, así como los criterios para priorizar justamente su disponibilidad.
  • Bienestar, de Begoña Barragán, licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación y presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer. El cuaderno sitúa el medicamento en la perspectiva del paciente y en su capacidad para preservar capacidades sociales, familiares y laborales.
  • País, de Boi Ruiz, doctor en Medicina y Cirugía y director del Instituto Universitario de Pacientes. El cuaderno analiza la relación entre salud, bienestar, crecimiento económico, reducción de desigualdades y progreso colectivo.

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