Desde el inicio de las inmunizaciones al final del siglo XVIII, la mayoría de las vacunas se ha administrado mediante jeringa y aguja. El Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones (CAV) ha analizado las nuevas formas y dispositivos para la administración sin inyecciones, cuyo objetivo es impulsar la extensión de los programas de vacunación mediante tres logros clave: evitar el material de inyección caro y la gestión de sus residuos, facilitar la autoadministración o el empleo por personal sin formación especial, y reducir el estrés asociado a la aversión a las agujas.
El organismo recordó que diversas entidades internacionales como la Organización Mundial de la Salud, Unicef, PATH, la Fundación Bill y Melinda Gates y Gavi analizaron 91 objetivos vacunales e identificaron 21 con especial interés para países de ingresos bajos o medios. Entre las prioridades seleccionadas destacan las vacunas contra la hepatitis B, sarampión y rubeola, virus del papiloma humano, rabia, fiebre amarilla, gripe estacional y pandémica, covid-19, estreptococo B, meningococos, Salmonella typhi y neumococo.
La piel representa un entorno inmunológicamente rico y accesible para estos desarrollos. Entre las opciones cutáneas destacan los parches de micromatrices con microagujas solubles o de hidrogel, que depositan el producto seco de forma indolora en las capas superficiales. Al utilizar formulaciones secas, estos dispositivos muestran menor sensibilidad a la temperatura. Sin embargo, las investigaciones progresan a ritmo pausado; el CAV citó un ensayo clínico de fase 1 y 2 en Gambia con 45 adultos y 240 niños que demostró la seguridad e inmunogenicidad de un parche frente a sarampión y rubeola, aunque no se prevé disponer de estos productos hasta 2030.
Estrategias cutáneas, nasales y orales
Los inyectores a presión impulsan un fino chorro de líquido a través de la piel sin requerir perforación metálica. Aunque reducen la ansiedad y el riesgo de pinchazos en sanitarios, su uso humano sigue siendo limitado. La tecnología afronta el reto de mantener la estabilidad de las formulaciones proteicas y de ARNm ante las altas presiones, además de controlar con precisión la profundidad de penetración en pieles de diferente grosor.
Por su parte, la electroporación emplea pulsos eléctricos breves para abrir poros en las membranas celulares y facilitar la entrada de productos. Esta técnica se investiga junto a las vacunas de ADN contra patógenos como el virus de la inmunodeficiencia humana, la gripe, el zika o la malaria, tras la aprobación de un primer producto contra la covid-19 en India en 2021.
Barreras económicas y perspectivas futuras
Las vacunas nasales, inhaladas y orales persiguen estimular la inmunidad mucosal mediante la producción de inmunoglobulina A directamente en las vías respiratorias o en el revestimiento intestinal. En su análisis, el CAV destacó que actualmente existen opciones intranasales frente a la gripe y se investigan formulaciones en cápsulas, comprimidos o cultivos modificados genéticamente como lechuga, tomate o arroz. El obstáculo principal de la vía digestiva radica en proteger los componentes del medio gástrico y las enzimas antes de alcanzar las células inmunitarias del intestino.
El progreso real de todas estas plataformas se produce a un ritmo lento, según concluyó el CAV. Las limitaciones principales derivan del elevado coste de producción de los dispositivos con desarrollo tecnológico avanzado y de la dificultad de los ensayos clínicos necesarios para demostrar la no inferioridad y seguridad frente a las vacunas inyectadas tradicionales, que resultan asequibles y están ampliamente asentadas en la práctica médica.


Lilisbeth Perestelo: