Terapéutica

Prescripción sostenible de inhaladores: qué cambia y cómo pretende aplicarlo Sanidad

El Ministerio de Sanidad ha publicado un documento de recomendaciones para introducir la variable ambiental en la prescripción de inhaladores sin alterar el principio rector de la práctica clínica: el control de la enfermedad y la seguridad del paciente, con decisiones individualizadas y consensuadas.

El Documento de recomendaciones para una prescripción sostenible de inhaladores del Ministerio de Sanidad nace con una ambición muy concreta: introducir la variable ambiental en una decisión cotidiana de la práctica clínica, como es la elección del dispositivo inhalador, sin desplazar el principio rector de cualquier prescripción: el control óptimo de la enfermedad y la seguridad del paciente. No es una norma, ni una guía terapéutica al uso, ni una instrucción de sustitución. Es, en palabras del propio Ministerio, un marco de recomendaciones para avanzar hacia inhaladores de menor huella de carbono “de forma individualizada y consensuada con el paciente, priorizando siempre el criterio clínico y el óptimo control de la enfermedad por encima de la huella de carbono individual del inhalador”.

La clave está en ese orden jerárquico. Sanidad no plantea que el objetivo ambiental “gane” al objetivo clínico, sino que, cuando existen alternativas terapéuticas comparables y el paciente puede utilizarlas correctamente, se dé preferencia a dispositivos con menor impacto ambiental. Esta aproximación pretende situar a España en una transición que ya está marcada por el contexto regulatorio europeo y por un debate sanitario creciente en torno a la huella climática del medicamento.

Qué es exactamente el documento y a quién se dirige

Sanidad presentó el texto como un documento de recomendaciones orientado a profesionales sanitarios y al Sistema Nacional de Salud (SNS), con el foco puesto en patologías respiratorias prevalentes como el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), y en los dispositivos habitualmente utilizados para su tratamiento. El Ministerio remarca que la prescripción sostenible debe desplegarse en escenarios clínicos concretos: nuevos diagnósticos, cambios por razones clínicas y situaciones en las que las preferencias y capacidades del paciente permiten elegir entre alternativas de menor huella.

El documento, además, no se limita a un mensaje ambiental. Vincula sostenibilidad con calidad asistencial, educación terapéutica, técnica inhalatoria, seguimiento y uso racional del medicamento; es decir, con elementos de la práctica clínica que determinan control de la enfermedad, exacerbaciones y utilización de recursos sanitarios.

Los inhaladores, en el debate climático

Sanidad y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) coinciden en el punto de partida: ciertos inhaladores presurizados de dosis medida (pMDI) emplean propelentes hidrofluorocarbonados (HFC), gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. La Aemps dispone, además, de un documento de preguntas y respuestas que explica el papel de esos HFC en la huella climática y aporta magnitudes comparativas para contextualizar el problema, insistiendo en que cualquier actuación debe ser prudente y no comprometer el control del paciente.

A partir de ese diagnóstico, el documento del Ministerio subraya que inhaladores de polvo seco (DPI) y de niebla fina (SMI), al no usar propelentes HFC del mismo modo que los pMDI, presentan una huella de carbono menor, y por eso son candidatos naturales cuando la situación clínica lo permite.

El elemento más relevante del documento no es la comparación ambiental en sí, sino el modo en que traduce esa comparación a criterios de decisión clínica. El Ministerio formula una prescripción sostenible que exige, antes de hablar de huella de carbono, un recorrido clínico: confirmar diagnóstico, asegurar control, revisar la adecuación del dispositivo y evaluar la capacidad del paciente para utilizarlo correctamente, con decisión individualizada y consensuada

Es aquí donde Sanidad fija la línea roja: el documento insiste en que el cambio de inhalador no debe impulsarse por razones exclusivamente ambientales si existe riesgo de pérdida de control clínico o si el paciente no puede usar adecuadamente el dispositivo alternativo. Esta cautela está en plena consonancia con el enfoque de la AEMPS, que en su nota informativa sobre propelentes y huella de carbono remarca que las acciones para reducir emisiones “deben realizarse de manera pausada, meditada, y sin poner en peligro” a los pacientes que necesitan determinados dispositivos para el control de su enfermedad.

En la práctica, el documento identifica tres escenarios en los que la sostenibilidad puede incorporarse de forma más natural. El primero es el del nuevo diagnóstico, donde la elección inicial permite priorizar un dispositivo de menor huella de carbono (polvo seco, SMI) si es clínicamente adecuado. El segundo es el del cambio por motivos clínicos, mal control, problemas de técnica, efectos adversos, preferencia informada, en el que, al replantear el dispositivo, se puede introducir el criterio ambiental como una variable adicional. El tercero es el de la reevaluación periódica del paciente, donde técnica inhalatoria, adherencia y necesidades reales de medicación pueden justificar ajustes sin desestabilizar el control.

Implicaciones para la práctica clínica: más conversación, más seguimiento y menos automatismos

Llevado a la práctica clínica, el documento propone un cambio de enfoque: pasar de preguntarse “qué inhalador contamina más” a plantear “qué inhalador necesita este paciente, cómo lo utiliza y en qué aspectos puede optimizarse su tratamiento”. Esta perspectiva, coherente con las conclusiones del estudio Aire, tiene una implicación clínica relevante: la prescripción sostenible no se basa en la sustitución indiscriminada de dispositivos, sino en la mejora de la calidad de la prescripción mediante la revisión sistemática de la técnica inhalatoria, el entrenamiento del paciente y la toma de decisiones compartidas.

En esta línea, Sanidad insiste en que la elección del inhalador debe ser individualizada y consensuada. En términos prácticos, ello obliga a ampliar la anamnesis para incorporar variables que a menudo quedan en segundo plano, como la destreza manual, la coordinación, la capacidad inspiratoria, cuando el dispositivo la exige, la adherencia, los hábitos de uso de la medicación de rescate y la comprensión del plan terapéutico. Desde este enfoque, la sostenibilidad se sustenta en una prescripción personalizada y de calidad, más que en cambios masivos de dispositivos.

Los datos del estudio Aire refuerzan esta visión. En la EPOC, uno de cada cinco pacientes reingresa en el hospital dentro de los 30 días posteriores al alta tras una exacerbación, y se estima que aproximadamente el 50% de estos reingresos serían evitables. En este contexto, los inhaladores de polvo seco suelen asociarse a un menor número de errores críticos y, además, por su menor huella de carbono, se consideran dispositivos más “ecoconscientes”.

No obstante, el beneficio clínico depende también de la coherencia del tratamiento. El uso de varios tipos de inhaladores se asocia a un mayor riesgo de errores y de nuevas exacerbaciones, mientras que los esquemas terapéuticos basados en un único dispositivo, sencillo y bien conocido por el paciente se consolidan como la mejor opción para asegurar la correcta administración del fármaco. De hecho, casi el 90% de los pacientes con buena adherencia al tratamiento utilizaban un solo dispositivo, lo que subraya la importancia de la simplicidad como elemento clave de una prescripción eficaz y sostenible.

Traducido al día a día, el documento desplaza el foco de “qué inhalador contamina más” hacia “qué inhalador necesita este paciente, cómo lo usa y qué margen tengo para optimizar”. Esa es una implicación clínica de gran calado: la prescripción sostenible obliga a reforzar la revisión de técnica, el entrenamiento en uso del dispositivo y la decisión compartida.

Sanidad recalca que la elección debe ser individualizada y consensuada, lo que, en términos prácticos, significa incorporar a la anamnesis aspectos que a veces quedan fuera: destreza manual, coordinación, capacidad inspiratoria (en dispositivos que la requieren), adherencia, hábitos de rescate y comprensión del plan terapéutico. La sostenibilidad, en este enfoque, se apoya en la calidad de la prescripción, no en la sustitución masiva.

Sostenibilidad sanitaria con anclaje regulatorio

Aunque el documento se presenta como recomendación clínica, su publicación no ocurre en el vacío. La propia Aemps ha contextualizado este debate en el marco de la normativa europea sobre gases fluorados. En septiembre de 2024, la Agencia difundió una nota para recordar la entrada en vigor del reglamento europeo aplicable a inhaladores dosificadores con gases fluorados de efecto invernadero, con impacto a partir de 2025. El texto sitúa el cambio en un marco de transición que afectará a la disponibilidad y gestión de estos gases, reforzando la idea de que el sistema sanitario debe prepararse sin precipitación.

Ese anclaje normativo se puede rastrear en el propio Reglamento (UE) 2024/573 sobre gases fluorados, que articula el marco comunitario de reducción progresiva de HFC. El documento del Ministerio, desde esta perspectiva, funciona como instrumento sanitario para ordenar la transición en el terreno clínico y evitar que la adaptación se produzca de manera descoordinada o a golpe de decisiones locales no armonizadas.

Uno de los aportes más relevantes del documento es que desplaza la conversación de la elección puntual del inhalador a un proceso asistencial más amplio. Sanidad no plantea la sostenibilidad como una propiedad del aparato, sino como la suma de decisiones clínicas y organizativas que mejoran el control y reducen el impacto: seleccionar bien el dispositivo, formar al paciente, revisar técnica, ajustar tratamiento de mantenimiento para evitar rescates excesivos, y promover el uso correcto durante el seguimiento.

El fin de vida del inhalador y el papel de SIGRE

El documento del Ministerio incorpora una lógica de sostenibilidad que va más allá del acto de prescripción: qué ocurre con el inhalador cuando se termina. En España, este es un punto con un circuito ya establecido. Sigre recuerda que un inhalador es un envase farmacéutico y que, cuando está vacío o deja de usarse, debe depositarse en el Punto Sigre de la farmacia para recibir el tratamiento ambiental adecuado. Esta recomendación permite conectar el mensaje institucional de sostenibilidad con una práctica concreta que puede integrarse en la consulta, en la farmacia y en la educación sanitaria.

Además, Sigre subraya que los inhaladores pueden contener materiales y, en algunos casos, restos de medicación y gas que requieren tratamiento específico, lo que refuerza el argumento de que la sostenibilidad no se juega solo en qué se prescribe, sino en cómo se gestiona el ciclo completo del medicamento.

Comentarios

Noticias relacionadas

Actividades destacadas