La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) ha señalado el papel creciente de los anticuerpos conjugados (ADC) en el tratamiento de los tumores de ovario. Estos fármacos, dirigidos específicamente frente al receptor de folato-alfa, han demostrado un elevado potencial en pacientes pretratadas con platino. Este receptor aparece sobreexpresado en un alto porcentaje de los tumores y se consolida como una diana terapéutica estratégica. Según los datos aportados por la sociedad científica, en 2025 existieron más de 40 ADC en fase de desarrollo clínico para esta patología, que se sitúa como el octavo tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres en España.
El abordaje de la enfermedad ha experimentado una evolución notable gracias a la identificación de subtipos histológicos y moleculares. El informe 'Las cifras del cáncer en España 2025' estimó una incidencia de 3.748 nuevos casos para dicho ejercicio. La dificultad del diagnóstico precoz provoca que entre el 70% y el 80% de las pacientes recibiera el diagnóstico en estadios avanzados. Ante este escenario, la incorporación de los inhibidores de PARP (iPARP) supone una revolución previa, especialmente para aquellas mujeres con mutaciones en los genes BRCA o alteraciones genómicas vinculadas a la deficiencia de la recombinación homóloga.
Nuevas estrategias en tumores resistentes
La innovación terapéutica suma hitos recientes para los casos de cáncer de ovario resistente al platino. El avance más destacado del último año fue la aprobación de relacorilant, un modulador selectivo del receptor de glucocorticoides. Este fármaco actúa mediante el bloqueo de la vía del cortisol, mecanismo que las células tumorales emplean para evitar la acción de la quimioterapia. En combinación con nab-paclitaxel, este agente demostró una mejora significativa de la supervivencia libre de progresión en el estudio de fase III Rosella, lo que ofreció una alternativa eficaz para pacientes sin respuesta a tratamientos convencionales.
La inmunoterapia también ganó presencia en el arsenal terapéutico tras la decisión de la FDA en febrero de 2026. El organismo autorizó el uso de pembrolizumab junto a quimioterapia para pacientes con alta expresión de la proteína PD-L1. Esta aprobación se sustentó en los resultados del ensayo clínico Keynote-B96, realizado en casos avanzados y resistentes al platino. Estas estrategias se añadieron a tratamientos consolidados como el antiangiogénico bevacizumab, que dificulta el crecimiento tumoral mediante el bloqueo de la formación de nuevos vasos sanguíneos.
Personalización y prevención del tumor
El futuro del tratamiento se orienta hacia la personalización absoluta según el perfil genético de la paciente. Actualmente, existe indicación de realizar estudios genéticos en todos los diagnósticos de carcinoma epitelial no mucinoso. El uso de fármacos como olaparib, niraparib o rucaparib en mantenimiento de primera línea o en recaídas ha demostrado un impacto claro en la supervivencia global. La combinación de estos inhibidores con inmunoterapia y antiangiogénicos representa una vía de investigación prioritaria para mejorar los resultados en pacientes que no presentan déficit de recombinación homóloga.
En el ámbito de la prevención, la comunidad científica siguió de cerca la evolución de OvarianVax. Esta vacuna, desarrollada por investigadores de la Universidad de Oxford, se presentó en 2024 como la primera opción preventiva dirigida específicamente a mujeres con mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2. Aunque el tratamiento estándar continúa basándose en la cirugía de máximo esfuerzo citorreductor y la quimioterapia con carboplatino, la acumulación de estos nuevos agentes biológicos y dirigidos modifica sustancialmente la calidad de vida de las pacientes afectadas por esta neoplasia heterogénea.



Lilisbeth Perestelo: