La leucemia mieloide crónica (LMC), también conocida como leucemia mielógena crónica, es un tipo de cáncer que se origina en las células productoras de sangre de la médula ósea. En esta enfermedad se produce una alteración genética en una forma temprana (inmadura) de las células mieloides, las encargadas de generar glóbulos rojos, plaquetas y la mayoría de los glóbulos blancos, salvo linfocitos. Este cambio da lugar al gen anormal BCR-ABL, que transforma la célula en una célula leucémica. Estas células crecen y se dividen sin control, se acumulan en la médula ósea, pasan a la sangre y pueden llegar a invadir otros órganos, como el bazo.
Aunque la LMC suele tener un crecimiento relativamente lento, puede evolucionar a una leucemia aguda de progresión rápida y difícil tratamiento. Según la American Cancer Society y el National Cancer Institute, representa entre el 15% y el 20% de los casos de leucemia en adultos. En España, datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) estiman entre uno y dos nuevos diagnósticos al año por cada 100.000 habitantes.
Pese a su incidencia baja, su agresividad y complejidad biológica la convierten en uno de los grandes retos actuales de la hematología.
Por ello, cada 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Leucemia Mieloide Crónica, una fecha clave para visibilizar la enfermedad y destacar la importancia de la investigación, la detección precoz y los avances terapéuticos que están cambiando la vida de quienes la padecen.
La secuenciación genómica revoluciona la hematología En este escenario, la secuenciación genómica se ha convertido en una herramienta clave. Rosa Ayala, cofundadora de Altum Sequencing, empresa socia de AseBio, y médica especialista en leucemia, explica que esta tecnología “ha cambiado la forma de tratar la enfermedad porque permite conocer de manera detallada las mutaciones que la impulsan”. Gracias a ello, añade, los médicos pueden clasificar mejor a los pacientes, predecir qué terapias funcionarán mejor y, sobre todo, detectar recaídas mucho antes de que aparezcan síntomas clínicos.
No obstante, aún existen retos para trasladar este potencial a la práctica diaria. “El principal desafío es integrar estas tecnologías de forma estandarizada en todos los hospitales”, señala Ayala. Para conseguirlo, resulta necesario definir umbrales claros de sensibilidad, es decir, cuánta enfermedad mínima debe detectarse para que un hallazgo tenga implicaciones médicas, y garantizar que los análisis sean rápidos, sequibles y fáciles de interpretar.
Biopsia líquida: un cambio de paradigma
La biotecnología está jugando un papel decisivo en esta transformación, al convertir herramientas de investigación compleja en pruebas clínicas aplicables. Ejemplo de ello es la biopsia líquida, una técnica que permite detectar enfermedad residual a partir de una simple muestra de sangre, evitando procedimientos invasivos. “Gracias a estos avances hoy podemos hacer un seguimiento mucho más estrecho de cada paciente”, destaca la especialista.
De cara al futuro, Ayala lo tiene claro: “La medicina de precisión marcará la pauta en hematología. No todos los pacientes recibirán el mismo tratamiento, sino el que mejor se adapte a su perfil genético y a cómo evoluciona su enfermedad en tiempo real”. Y concluye con una idea central: “La biotecnología será la gran aliada para que estas herramientas sean cada vez más accesibles y rutinarias en la práctica clínica”.











César Hernández, director general de Cartera y Farmacia del Ministerio de Sanidad:
Kilian Sánchez, secretario de Sanidad del PSOE y portavoz de la Comisión de Sanidad del Senado.:
Rocío Hernández, consejera de Salud de Andalucía:
Nicolás González Casares, eurodiputado de Socialistas & Demócratas (S&D - PSOE):
Juan José Pedreño, consejero de Salud de Murcia: