Terapéutica

El sector sanitario sitúa reformas, IA y evaluación como ejes del futuro del SNS

Expertos del ámbito sanitario señalaron que el futuro del SNS pasa por combinar reformas estructurales, digitalización e inteligencia artificial con nuevos modelos de medición del valor centrados en resultados y experiencia del paciente.
Mesa institucional del encuentro.

La necesidad de adaptar el sistema sanitario a la irrupción de la inteligencia artificial y el uso del dato, junto a la persistencia de ineficiencias en acceso, evaluación y organización, sitúa al sector ante una etapa de reformas de calado. Este fue el contexto en el que se desarrolló el IX Forbes Healthcare Summit, celebrado en Madrid.

A lo largo de la jornada, responsables públicos, directivos y expertos coincidieron en que la incorporación de la innovación terapéutica y tecnológica no puede desligarse de cambios estructurales en la financiación, la evaluación y la gobernanza del sistema. La equidad territorial, la medición de resultados y la capacidad de integrar nuevas herramientas en la práctica asistencial aparecieron como condiciones necesarias para que la innovación tenga impacto real.

En paralelo, el debate puso el foco en el papel de la administración como elemento decisivo para trasladar estas transformaciones a la práctica, así como en la necesidad de avanzar en modelos que permitan medir el valor social de la innovación en términos de acceso, calidad de vida y experiencia del paciente. La digitalización, el Big Data y la inteligencia artificial se situaron así no solo como oportunidades de futuro, sino como palancas cuya efectividad dependerá de su integración en el sistema.

El encuentro, que reunió a representantes institucionales y a directivos de compañías del ámbito sanitario, se estructuró en torno a varios ejes que, más allá de las diferencias de enfoque, apuntaron a un diagnóstico compartido: el sistema necesita adaptarse para incorporar innovación de forma ordenada, sostenible y equitativa.

Un sistema "inquietante"

A lo largo de la jornada se celebró un carrusel institucional donde seis voces con responsabilidad directa sobre la gestión sanitaria pública en España expusieron, con matices pero sin discrepancias de fondo, un diagnóstico compartido y una frustración común: el sistema funciona, pero pierde capacidad de mejora a cada año que pasa sin reformas.

César Pascual, consejero de Salud de Cantabria, fue quien utilizó el término más expresivo para definir la situación. "No diría que es un momento de crisis ni de colapso, pero sí un momento inquietante", afirmó, antes de apuntar a lo que consideró el problema de fondo: "Nos hemos acostumbrado a que la lista de espera vaya creciendo, a que la variabilidad sea enorme, a la normalización de la ineficiencia. Y cuando algo se normaliza, nos olvidamos de la necesidad de reformarlo". Su propuesta concreta pasó por cambiar la política de incentivos y vincular la financiación a resultados en salud. "Es una palanca brutalmente sencilla: pocos indicadores, medirlos, compararlos e impulsar la financiación con los resultados", resumió.

Manel del Castillo, director gerente del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona y presidente de CAIROS, el comité para la reforma del sistema de salud de Cataluña, fue más contundente en el diagnóstico organizativo. "El sistema está sobrediagnosticado. Si fuera un paciente, lo han visto todos los especialistas; es verdad que hay que ir a operar", afirmó. Del Castillo identificó el modelo de gestión como el nudo a deshacer: "No podemos seguir gestionando hospitales con mil millones de presupuesto como si fueran negociados de un ayuntamiento, sin autonomía, sin personalidad jurídica propia, sin política de personal real". Para él, la palanca es reformar la mesogestión, dar autonomía a los centros y asignar recursos en base a valor.

La consejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Fátima Matute, calificó el sistema actual de "rígido, obsoleto y hospitalocentrista", diseñado para tratar pacientes agudos cuando la realidad demográfica y epidemiológica ya es otra. Por eso, y en consonancia con el resto de miembros del panel abogó por las reformas aunque matizó que "no se puede legislar sin reformar y, desde luego, sin tener un rigor técnico necesario". Además, citó el dato como el "mayor tesoro" del sistema sanitario, que debe ser esencial en la búsqueda de eficiencia en el SNS. De cara al futuro afirmó que ya están "diseñando cómo vamos a ser dentro de diez años, porque es nuestra obligación", afirmó. Su propuesta pivotó sobre la continuidad asistencial y sobre un cambio de mentalidad con el objetivo de " hablar más de salud que de enfermedad, ser predictivos y no reactivos".

Desde La Rioja, la consejera de Salud y Políticas Sociales, María Martín, aportó un contrapunto menos sombrío y se mostró moderadamente optimista. A su juicio, la diferencia con el pasado del momento en que se aprobó la Ley General de Sanidad, de la que ahora se cumplen 40 años, son las herramientas disponibles: nuevas tecnologías que convierten datos en información útil para la gestión y las nuevas categorías profesionales. Además, identificó en la hiperregulación un lastre compartido por todas las comunidades. "Es absurdo que la ley de contratos sea la misma para sanidad que para el resto de los sectores", aseguró.

José Ignacio Echániz, ex consejero de Sanidad tanto en Madrid como en Castilla-La Mancha, reclamó antes que nada recuperar un clima de consenso político, y lanzó una crítica directa: "En 49 años hemos tenido 26 ministros de sanidad y tres cuartas partes de ellos sin ninguna formación sanitaria. ¿Cómo se pueden implementar reformas si los responsables de liderarlas no tienen ni idea?".

Javier Elola, director de la Fundación IMAS, cerró la ronda con una reflexión autocrítica dirigida al conjunto del sector. "Los políticos de izquierda y de derecha se han puesto de acuerdo en no hacer nada", dijo, y acuñó el concepto de "disociación cognitiva" para describir la distancia entre lo que el sistema dice que necesita y lo que realmente acomete. Elola lleva más de 35 años reclamando reformas estructurales, y reivindicó que el debate salga del terreno político para anclarse en la evidencia y en la coherencia entre el discurso y la acción.

La IA como palanca transversal

Si el carrusel institucional retrató las carencias del modelo, las mesas dedicadas a la innovación terapéutica y a la transformación digital mostraron la otra cara: las oportunidades que la inteligencia artificial abre en toda la cadena sanitaria, desde el descubrimiento de fármacos hasta el diagnóstico clínico diario.

En la mesa de innovación terapéutica, moderada por Boi Ruiz, ex consejero de Salud de la Generalitat de Catalunya, los directivos de seis compañías farmacéuticas y biotecnológicas describieron un momento de aceleración sin precedentes en el desarrollo de nuevos tratamientos. Luis Nudelman, director médico de AbbVie, situó la reducción de tiempos de desarrollo gracias a la IA en torno al 50% y destacó el trabajo de la compañía en terapias CAR-T in vivo y en terapia génica orientada a corregir los genes causantes de las enfermedades, no solo a tratar síntomas. Marta Moreno, vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Acceso al Mercado de AstraZeneca España, señaló que el 90% de las nuevas moléculas de la compañía ya se desarrollan con apoyo de inteligencia artificial, y recordó la inversión de 1.300 millones de euros en su centro de datos de Barcelona, que ya cuenta con 1.700 empleados y prevé alcanzar los 2.000 en 2027. Fernando Valpuesta, director general de Oncología de Takeda, cifró entre un 20% y un 30% la aceleración del desarrollo clínico que permite la IA y puso como ejemplo un fármaco para psoriasis cuyo proceso ha incorporado esta tecnología desde la fase de descubrimiento.

Ana Zubeldia, directora general y Head de Oncología en España de Daiichi Sankyo, centró su intervención en los anticuerpos conjugados (ADC), una tecnología que, según explicó, ha permitido multiplicar por cuatro la supervivencia en determinados tipos de cáncer de mama, y reclamó universalizar el uso de biomarcadores para evitar que el acceso a la oncología de precisión dependa del hospital. "No podemos acostumbrarnos a que las innovaciones lleguen en función de nuestro código postal", afirmó. Guido Senatore, director médico de Bayer Iberia, centró su intervención en la terapia génica, con la planta de vectores virales de AskBio en San Sebastián como referencia, y planteó la necesidad de pensar en valor y no solo en gasto cuando se trata de terapias capaces de cambiar la trayectoria de enfermedades como el Parkinson o la insuficiencia cardíaca.Por su parte, Vanessa Vergara, directora médica de Clínicas IVI España y Portugal, aportó la perspectiva de la reproducción asistida y presentó POSIS, una herramienta de IA con marcado CE que permite predecir y monitorizar todo el tratamiento reproductivo, pendiente de aprobación por la FDA.

El valor social, en busca de método

Precisamente cómo medir lo que la innovación aporta más allá del beneficio clínico inmediato fue el eje del diálogo entre César Hernández, director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia del Gobierno de España; Federico Plaza, director de Relaciones Corporativas de Roche Farma España; y Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP).

Hernández fue el más explícito al señalar la tensión de fondo. El valor social de la innovación sanitaria, argumentó, no puede recaer exclusivamente sobre los presupuestos de sanidad por lo que hay que ir más allá de los silos presupuestarios. "Si valoramos aspectos que están fuera de los sistemas sanitarios y el coste recae exclusivamente en ellos, es injusto", afirmó, reclamando una visión integrada que implique a todo el Gobierno, desde economía hasta políticas sociales. En cuanto a la forma de medir, Hernández se mostró escéptico con los grandes marcos de evaluación a priori y abogó por un enfoque más dinámico, vinculado a casos de uso concretos que demuestren su utilidad antes de generalizarse. También quiso dejar constancia de que el Ministerio ya publica desde hace más de un año y medio un informe para cada autorización de financiación, explicando las razones de la decisión, y que el proyecto de Ley de los Medicamentos contempla la publicación de información agregada por mandato legal.

Federico Plaza calificó el real decreto de evaluación de tecnología sanitaria como "un paso histórico en un momento oportuno" y propuso empezar por áreas terapéuticas donde el impacto social es más fácilmente medible, como aquellas en que un tratamiento reduce sustancialmente la discapacidad y permite al paciente reincorporarse a la vida laboral. Presentó además el documento ReValore, elaborado por un grupo de expertos independientes, como una propuesta de estandarización de criterios para definir y medir el valor social de las intervenciones en salud. Carina Escobar reclamó que la experiencia del paciente se convierta en evidencia con peso real en la evaluación, y recordó que, según los datos de la POP, los pacientes siguen tardando de media dos años en obtener un diagnóstico de su enfermedad. "Sabemos que hay una innovación, pero solo creemos en ella cuando somos capaces de acceder a ella y que tenga efecto real", afirmó.

En la mesa de transformación digital, moderada por Jaime del Barrio, senior Advisor en Healthcare&Life Sciences de EY, David Labajo, director de Innovación Southern Europe en Siemens Healthineers, ofreció quizá el dato más gráfico de la jornada sobre el potencial de la IA clínica. Un cáncer de pulmón diagnosticado en estadio 1 tiene una supervivencia superior al 85%; en estadio 4, inferior al 6%. La inteligencia artificial ha demostrado que puede acelerar el diagnóstico temprano entre un 25% y un 35%. Labajo reveló que Siemens ya acumula más de dos millones de patient touch points con IA solo en el sur de Europa, pero admitió que la adopción clínica real sigue siendo el eslabón débil. Enrique de Porres, consejero delegado de ASISA, describió un cambio de paradigma inminente: "El modelo tradicional del paciente que busca acceso a un médico va a pasar a la situación en que el médico, con la información disponible en tiempo real, se va a dirigir a la persona para decirle que va a poder tener un problema.

Interoperabilidad y ciberseguridad

La mesa de transformación digital dejó también un par de apuntes relevantes sobre las condiciones necesarias para que la digitalización escale. Teo Sardà, CEO de Top Health Tech en Top Doctors Group, identificó la interoperabilidad de datos como el principal cuello de botella y propuso como KPI a 12 meses el porcentaje de datos clínicos estandarizados y disponibles para ser compartidos entre centros. Enrique de Porres, por su parte, señaló la ciberseguridad como "línea roja" sin la cual no es posible escalar ningún proyecto digital en un sector que maneja simultáneamente datos financieros y clínicos. La encuesta de Sigma Dos reflejó esa brecha entre entusiasmo y realidad: el 78,2% de los ciudadanos valora positivamente el impacto de la digitalización y la IA, pero solo el 52,8% cree que estas tecnologías ya se utilizan de forma efectiva.

Desde el ámbito internacional, Alan Milburn, ex ministro de Sanidad del Reino Unido y actual asesor del primer ministro británico para la reforma del NHS, mantuvo una conversación con Ignacio Riesgo, curator del Forbes Summit. Milburn advirtió de que aproximadamente uno de cada cuatro pacientes hospitalizados no debería estarlo si hubiera existido un diagnóstico más temprano. El ex ministro británico describió un modelo sanitario "desfasado", diseñado para la atención episódica y hospitalaria cuando la realidad exige cuidados continuos, y presentó el plan británico a diez años como un intento de revertir esa inercia. Su mensaje conectó con el diagnóstico interno expresado por los gestores españoles a lo largo de toda la mañana: el consenso sobre qué hay que cambiar es amplio y transversal, pero transformarlo en acción sigue siendo la gran deuda pendiente del sistema.

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