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La FH entra en quirófano: La consulta prequirúrgica mejora la seguridad y la experiencia del paciente

Un proyecto del Hospital Gregorio Marañón muestra como la intervención farmacéutica estructurada antes, durante y después de la cirugía puede marcar la diferencia.

La conciliación de la medicación sigue siendo uno de los principales puntos críticos en la seguridad del paciente quirúrgico. Anticoagulantes, profilaxis antibiótica, manejo de la medicación crónica o del dolor al alta concentran buena parte de los errores evitables en el proceso perioperatorio. En el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, un proyecto liderado desde el Servicio de Farmacia Hospitalaria ha demostrado que la intervención farmacéutica estructurada antes, durante y después de la cirugía puede marcar la diferencia. Álvaro Jiménez y Yeray Rioja, farmacéuticos del Servicio de Farmacia
del Hospital Gregorio Marañón, explican los pormenores del proyecto.

El origen de esta iniciativa se remonta a 2020, cuando el centro constituyó un grupo de trabajo multidisciplinar —con farmacéuticos, cirujanos, anestesistas, enfermeras y técnicos de sistemas de información— coordinado por la dirección del hospital. El punto de partida fue un estudio interno realizado en 2019 que analizaba los problemas relacionados con la medicación en pacientes quirúrgicos. Los resultados fueron claros: más de la mitad de los errores estaban vinculados a la profilaxis antibiótica (52,9%), seguidos de fallos en la conciliación al ingreso (41,2%), el manejo del dolor al alta (41,2%) y el tratamiento crónico preoperatorio (39,7%).

Con estos datos sobre la mesa, el grupo realizó un análisis modal de fallos y efectos (AMFE) del proceso farmacoterapéutico del paciente quirúrgico y propuso un cambio de enfoque: implantar un programa de atención farmacéutica basado en la conciliación del tratamiento en todas las transiciones asistenciales y en la protocolización del manejo perioperatorio de la medicación crónica, la anticoagulación, la diabetes y la profilaxis antibiótica.

Álvaro Jiménez y Yeray Rioja, farmacéuticos del Servicio de Farmacia
del Hospital Gregorio Marañón.

De la teoría a la práctica: nace la consulta farmacéutica prequirúrgica

La Farmacia Hospitalaria del Gregorio Marañón ya contaba con experiencia previa. Desde 2016, los farmacéuticos estaban integrados en programas de recuperación intensificada (RICA) en cirugía abdominal, prótesis de rodilla y cirugía cardíaca. Sin embargo, a partir de 2022 el servicio dio un paso más y abrió una nueva línea de trabajo centrada en identificar a los pacientes con mayor riesgo de errores de medicación.

Así nació la Consulta de Atención Farmacéutica prequirúrgica, dirigida especialmente a pacientes en tratamiento crónico con anticoagulantes o antiagregantes, con elevada comorbilidad o considerados pacientes crónicos complejos. Se trata de pacientes clasificados como de alto riesgo, que además son objeto de seguimiento farmacéutico durante la hospitalización y en el momento del alta.

En esta consulta, el farmacéutico es el último profesional que atiende al paciente antes de la cirugía. Su papel es clave: registra el listado farmacoterapéutico completo —incluidos medicamentos, plantas medicinales y complementos nutricionales—, realiza las recomendaciones de conciliación (suspensiones, sustituciones o ajustes) y comprueba que el paciente las ha comprendido correctamente, un aspecto esencial para garantizar la adherencia.

Acompañamiento continuo antes y después de la cirugía

La intervención no termina en el quirófano. Durante la hospitalización tras la cirugía, el farmacéutico concilia de nuevo la medicación crónica y realiza las intervenciones necesarias para su ajuste y optimización. Y una vez que el paciente recibe el alta, el seguimiento continúa.

En las primeras 72 horas tras abandonar el hospital, los pacientes reciben una llamada telefónica desde Farmacia. En ella se verifica la correcta conciliación al alta, se comprueba que el paciente ha entendido las nuevas pautas —especialmente en el caso de la anticoagulación— y que dispone de toda la medicación prescrita en la receta electrónica. Además, en esa misma llamada se realiza un seguimiento específico del manejo del dolor.

Resultados: más seguridad, menos incertidumbre y alta satisfacción

Los datos avalan el impacto del modelo. En la consulta prequirúrgica se detectó que hasta un 26% de los pacientes no habían comprendido o habían olvidado las recomendaciones sobre su tratamiento habitual facilitadas previamente en la consulta de Anestesia. En todos estos casos, la intervención farmacéutica permitió asegurar la correcta adherencia antes de la cirugía.

Además, en los 1.141 pacientes atendidos se reforzó la adherencia a hábitos saludables clave para una mejor preparación quirúrgica, como el ejercicio físico, la dieta equilibrada o el abandono del tabaco y del consumo de alcohol.

Pero el beneficio no es solo clínico. Para los pacientes, la consulta ha supuesto una reducción notable de la incertidumbre, al recibir instrucciones comprensibles y contar con un canal directo de soporte para resolver dudas. Esto se refleja en una satisfacción media de 9,84 sobre 10 y en la detección, al alta, de lagunas de comprensión que permiten intervenir y mejorar la continuidad asistencial.

Un modelo exportable más allá del quirófano

Hasta la fecha, cerca de 2.000 pacientes con perfiles especialmente complejos —edad avanzada, polimedicación y anticoagulación— han pasado por la consulta de atención farmacéutica prequirúrgica. En paralelo, el servicio ha desarrollado un 'Farmacenter quirúrgico', que ha resuelto dudas sobre la medicación antes de la cirugía a 692 pacientes, evidenciando la necesidad real de acompañamiento en el manejo perioperatorio del tratamiento.

El equipo considera que el modelo es claramente trasladable a otros ámbitos. La experiencia demuestra que la conciliación y verificación proactiva del tratamiento funciona especialmente bien en pacientes crónicos complejos, por lo que este enfoque podría extenderse a pacientes no quirúrgicos en “momentos críticos” como altas hospitalarias, transiciones asistenciales o cambios terapéuticos, una lógica que ya se aplica en el Servicio de Urgencias del hospital.

Eso sí, para que sea replicable en otros centros es necesario cumplir ciertas condiciones: liderazgo clínico, protocolos consensuados, integración o estandarización documental y un sistema de indicadores. Aunque el tamaño del hospital influye en los recursos disponibles, la lógica del proceso es adaptable a distintos contextos.

La dimensión clínica de la Farmacia Hospitalaria

Iniciativas como esta ponen de relieve el papel transversal de la Farmacia Hospitalaria como servicio central de apoyo a los equipos médicos y quirúrgicos. Más allá de la dispensación, el farmacéutico clínico anticipa riesgos, protocoliza procesos, coordina profesionales y mide resultados con impacto directo en la seguridad del paciente y en la eficiencia del sistema sanitario.

La acogida por parte del resto de profesionales ha sido muy positiva. El modelo resuelve un problema cotidiano, mejora la adherencia de los pacientes a las recomendaciones y reduce la incertidumbre en todo el proceso perioperatorio. Los buenos resultados han llevado a que prácticamente todos los servicios quirúrgicos del hospital soliciten la incorporación del farmacéutico en las vías clínicas RICA y a que el Servicio de Anestesia impulse la difusión del “Farmacenter quirúrgico” incluyendo el contacto con Farmacia en los informes de anestesia.

Con varias publicaciones ya realizadas y nuevos resultados en camino, el proyecto del Gregorio Marañón consolida una idea cada vez más evidente: integrar al farmacéutico en el proceso quirúrgico no solo mejora la seguridad del medicamento, sino que transforma la experiencia del paciente.

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